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AGRICULTURA
El
fracaso del Plan Turquino
Antonio Alonso
SANTIAGO DE CUBA, Cuba - Julio (www.cubanet.org)
- Veinte años después de su creación,
"El Plan Turquino", una iniciativa de
desarrollo rural que el gobierno cubano implementó
en los inicios del año 1987, la cual consistía
en una serie de infraestructuras económicas
y sociales cuyo objetivo era rehabilitar las zonas
montañosas del país, se puede catalogar
de un rotundo fracaso.
La recuperación del cultivo del café,
el mejoramiento de las condiciones de vida y la
repoblación demográfica de estratégicas
zonas rurales, eran las premisas de este proyecto.
Debido a su aparente importancia se nombró
una comisión nacional presidida por el
ministro de Agricultura y otros funcionarios que
se encargarían de su implementación
y control a nivel nacional.
Con tal fin se movilizaron centenares de técnicos
agrícolas, de nivel medio y superior, e
integrantes del Ejército Juvenil del Trabajo,
institución de carácter militar
cuya principal misión era servir como mano
de obra bajo una rígida disciplina militar.
En el municipio Segundo Frente, se movilizaron
50 técnicos y 500 reclutas, distribuidos
en diferentes áreas como Valerio, Soledad
de Mayarí, La Luisa, Tio Felipe, Rosario
Arriba y Polilla.
Los técnicos eran situados por parejas
de hembras y varones en estos campamentos, con
el propósito de que constituyeran familias
y se establecieran en aquellas zonas rurales.
Los jóvenes reclutas que contrajeran matrimonios
con residentes del lugar, recibirían cierto
apoyo para construir viviendas y un modulo pecuario,
que incluía algunos animales, como cerdos
y aves de corral.
Lo que se veía como un intento del gobierno
cubano de revertir los traumáticos resultados
de una errónea y negativa política
agraria, no demoró mucho en convertirse
en otro fracaso. Las promesas dejaron de cumplirse,
los técnicos empezaron a retirarse de la
zona, regresando a sus lugares de origen o involucrándose
en otra actividad laboral. La reanimación
del sector turístico fue una gran oportunidad
para muchos de ellos, y la deserción sistemática
de los reclutas terminó con la suspensión
de las movilizaciones de jóvenes como fuerza
de trabajo. Al final todo quedó como al
inicio, sumido en el más absoluto abandono.
Del Plan Turquino sólo quedan aquellas
personas a quienes se les entregaron tierras en
usufructo, lo que demuestra que el interés
individual sobre los mecanismos económicos
y de producción, está por encima
de cualquier voluntad política. Resulta
triste ver en lugares como Valerio las ruinas
de grandes secaderos, despulpadoras, casas de
vivienda y albergues para recogedores de café,
totalmente abandonados. Infraestructura que ya
existía desde antes de 1959.
El panorama sería distinto, después
de 50 años, de no haberse decretado las
confiscaciones y la colectivización agraria
forzosa, que mataron el sentido de pertenencia
y la relación entre los resultados del
trabajo y la mejora de las condiciones de vida
de la población rural.
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