|
POLITICA
Permiso para ser artista
Tania Díaz Castro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Hace más
de tres meses que Ilei de Jesús Urrutia
Álvarez le envió una carta al ministro
de cultura, señor Abel Prieto, pidiéndole
permiso para ser un artista de la plástica
y todavía no ha recibido respuesta.
Es posible, señala el joven escultor, pintor
y dibujante que jamás le responda. Aún
así él ha decidido esperar. En primer
lugar porque es martiano y confía en el
mejoramiento del hombre; en segundo lugar, porque
no concibe que una misiva que reclame humildemente
un permiso para hacer arte, sea pasada por alto
a un funcionario estatal que presume de preocuparse
por la cultura cubana y porque llegue a las masas.
Algo así como "un edificio habitado
por todos".
Ilei de Jesús es un joven sencillo, muy
sensible e independiente. Vive con sus ancianos
padres en el municipio habanero San Miguel del
Padrón. Desde muy niño, en Ciego
de Ávila, donde nació en 1966, se
pasaba las horas pintando en vez de ir a la educación
física o estudiar matemática.
Luego, cuando la familia se trasladó a
la capital, Ilei comenzó a pensar en la
pintura más seriamente. Trató de
matricular en una escuela que le enseñara
la técnica, pero fue atrapado por el Servicio
Militar Obligatorio y allí, me dice, la
pasó muy mal. Tan mal que una noche se
escapó del campamento. Su mundo no era
las armas, las trincheras, las órdenes
a gritos y aquél afán belicista
que poseían sus jefes superiores.
Ilei es un desertor del Servicio Militar como
tantos miles de jóvenes cubanos que prefieren
estar encerrados en una celda, que aprender a
matar. Porque es, ante todo, un ser humano que
ama el amor. Me dice que pertenece a esa raza
de hombres que se enamora profundamente, que mira
la guerra con horror y por nada de la vida participaría
en ella.
Hace diez años ingresó al Movimiento
de Derechos Humanos a través del Círculo
de Veteranos que dirige el opositor pacífico
Humberto Monés Lafita.
Cuando le pregunto por qué dio ese paso
tan arriesgado en la Cuba de hoy, de inmediato
dice que en el seno de su hogar fue educado bajo
el principio de la libertad. Sus padres dejaron
que se guiara por sus gustos, sus criterios y
sus deseos. Eso le ha valido en la vida para oponerse
al régimen totalitario que se sufre en
su país, para mirarse al espejo y decirse
que el comunismo nada tiene que ver con la naturaleza
humana.
Se ha enfrentado a la represión de los
agentes de la policía política con
valor e integridad. Su hobby es hacer caricaturas
que envía a distintas publicaciones del
exilio, como por ejemplo, al boletín del
Grupo de Apoyo a la Democracia -GAD- que dirige
el opositor Frank Hernández Trujillo. Me
hace saber el joven que comenzó ese trabajo
con Israel Picallo, periodista independiente que
fundó en La Habana la Agencia de Prensa
Libre Cubana, muy apreciado y admirado por todos
y que, fatalmente falleció hace poco.
Es que Ilei nació libre y libre quiere
trabajar. Sin embargo, por hacer artesanía,
esculturas y cuadros preferiblemente en acuarela,
porque buenos materiales para pintar no tiene,
los agentes del Ministerio del Interior lo llevaron
a un juicio en julio pasado acusándolo
de trabajar sin licencia, licencia que ha solicitado
y que le niegan los organismos estatales.
El juicio, con una duración de minutos,
terminó condenándolo a dos años
de trabajo correccional sin internamiento, bajo
la obligación de trabajar para el Estado.
Ilei comenzó de mensajero en un punto de
leche de su barrio, pero como le pidió
a gritos su corazón, hizo una carta al
ministro de Cultura porque su propósito
en la vida es continuar haciendo arte.
Está conciente de que no vive en un país
libre, algo que repite a los policías políticos
cuando lo citan esporádicamente con el
fin de que este joven, orgulloso, rebelde y valiente,
abandone el movimiento de derechos humanos.
Eso nunca, aclara, porque su novia más
querida es la libertad. Por ella vive y padece
todo tipo de represión. Por ella continúa
haciendo arte, aunque no tenga permiso.
|