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OLA
REPRESIVA
¿Cómo es posible?
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
Nelson Aguiar Ramírez, presidente del Partido
Liberal Ortodoxo, se encuentra delicado de salud
en el Hospital Nacional de Reclusos, adjunto a
la prisión capitalina Combinado del Este.
Su esposa, la señora Dolia Leal Francisco
continúa pidiendo al gobierno cubano le
conceda una licencia extrapenal por motivos de
salud.
Nelson padece de artrosis degenerativa avanzada,
hernia discal, hipertensión arterial, insuficiencia
venosa, paredes finas de la vesícula, hiperplasia
prostática grado I y calcificación,
esteatósis hepática y hernia epigástrica.
Esta última enfermedad ha requerido de
2 intervenciones quirúrgicas que no han
tenido el éxito esperado. La salud de Nelson
Aguiar es incompatible con el régimen penitenciario.
En mayo de 2006 fue trasladado del Hospital
Militar Carlos Juan Finlay de Marianao hacia la
cárcel capitalina Combinado del Este. Antes,
desde noviembre de 2004, había permanecido
ingresado en el mencionado Hospital Nacional de
Reclusos en el Combinado, luego de ser trasladado
de la prisión de Bayamo, en la oriental
provincia Granma.
En una carta dirigida por Nelson al general
de División Alberto Fernández Gondín,
vice ministro primero del Interior, sacada subrepticiamente
de la prisión, el preso de conciencia reconoce
la atención médica que recibió
en los meses que permaneció ingresado en
el hospital militar, en contraste con la que confrontó,
sin la debida atención, hasta el martes
23 de enero pasado, cuando le trasladaron desde
el destacamento de la prisión al Hospital
Nacional de Reclusos.
"En los estudios realizados se confirmaron
padecimientos que he arrastrado a través
de los años y otros adquiridos o acrecentados
en el período del severo régimen
penitenciario que se me impuso a sabiendas de
los padecimientos que me aquejaban en aquel momento",
dice Nelson en la misiva.
En la carta, el preso de conciencia denunció
la campaña sistemática de intimidación,
chantajes y amenazas a que está siendo
sometida su esposa por parte de oficiales de la
sección 21 de la dirección de contrainteligencia
del Ministerio del Interior, quienes fueron categóricos
al "advertirle" a Dolia que de no abandonar
su participación en las actividades desarrolladas
por las Damas de Blanco, pro libertad de los 75,
su esposo pagaría las consecuencias.
"La represalia se manifestó rápidamente
con mi traslado", dice Nelson y añade
que en el traslado no fue incluido el resumen
de la historia clínica ni el dictamen médico,
en el que participaron los médicos que
le atendieron en el hospital Finlay.
Su respuesta ante la barbarie siempre ha sido
la misma: "Como desde el inicio de este gobierno
se le enseño al pueblo que los principios
no son negociables, mi esposa y yo no los negociamos",
asegura Nelson en la misiva al general Gondín.
Hasta el 23 de enero, desde mayo de 2005, Nelson
se encontraba en un destacamento junto a otros
160 reos, algunos de alta peligrosidad, sin poder
tomar el sol y sin la dieta especial que le indicó
el cirujano que lo operó, denunció
su esposa. Su delito, haberse atrevido a pensar,
hablar y actuar de forma diferente al oficialismo.
¿Cómo es posible que se mantenga
encarcelado a un hombre que no puede, de por vida,
levantar pesos de ningún tipo ni inclinarse
hacia delante para abrochar sus zapatos o tomar
un objeto, porque este gesto provocaría
que sus vísceras se le salgan de lugar,
ahora sostenidas apenas por una malla?
Lamentablemente esto está ocurriendo
ahora mismo en Cuba. Cientos de hombres encarcelados
en la Isla por motivos políticos en las
peores condiciones de reclusión. Esta es
una verdad que no deja de asombrar y sobrecoger,
en pleno siglo XXI, en contraste con el desarrollo
y avance alcanzados en todos los campos por la
civilización.
Nelson no es el único. Otros cubanos,
Normando, Paneque, Chaviano, Omar Pernet, Linares,
Guido Sigler Amaya (la lista sería interminable)
se encuentran en iguales o peores condiciones
en las cárceles cubanas. Sus delitos: pensar,
expresar otras ideas, actuar de otra manera, según
le dicten sus conciencias, sentirse libres.
Nelson, de 61 años, condenado a 13 de
cárcel en 2003, es un hombre sencillo,
humilde, de pocas palabras, graduado de Geodesia,
Cartografía y Electrónica. Languidece
en la prisión Combinado del Este en constante
peligro para su vida, pero orgulloso y firme de
sus ideas.
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