|
HISTORIA
La casa y la ciudad de Martí
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
En ocasiones una persona sella con su impronta
una calle. Esto ocurre con la de Paula, la Habana
Vieja, a unos pasos de los restos de la antigua
muralla que protegía la ciudad colonial.
En una casa humilde de dos plantas construida
en esa calle nació José Martí.
Hoy se llega hasta la casa caminando por la calle
Ejido. El monumental inmueble de la Estación
Central de trenes puede hacerle sombra, pero la
luz que aún irradia de la humildad del
inmueble opaca el cuerpo de varios pisos del vecino
inmueble.
La fachada de la casa de la familia Martí
y Pérez posee una simetría propia
de las construcciones coloniales. Cuatro accesos
dan luz y frescor al ambiente interior del inmueble
emplazado de sur a norte. El acceso principal
mira hacia el sur y encamina hacia el norte el
recorrido de los interiores. Una ventana cerrada
por el toque de una reja colonial acompaña
a la puerta por su izquierda. En el piso superior
dos balcones completan la modestia de la fachada.
La casa del Apóstol es un museo donde se
conservan fotos, documentos, objetos que pertenecieron
a la familia y a su hijo ilustre. Sus muros amarillos
parecen tomar su color del sol y las puertas de
las ventanas y balcones de color azul indican
cuánto de cielo cubano hay dentro de la
casa donde nació Martí.
La casa del Apóstol no es, sin embargo,
un lugar de peregrinaje, ni mucho menos un santuario,
como debiera serlo, pero sí es un elemento
importante del rostro de la Habana Vieja. ¿Podría
la parte más antigua de la capital poseer
inmueble más conocido por los cubanos que
la casita de José Martí?
La ciudad influyó seguramente en él.
Justamente cuando nació Martí falleció
Félix Varela en el exilio.
Los primeros dieciocho años de su vida
los vivió Martí en La Habana. Pero
los años entre 1853 y 1871, fecha de su
partida hacia España en calidad de desterrado,
no estuvieron exentos de acontecimientos.
En septiembre de 1852, apenas un trimestre antes
de su nacimiento, las autoridades coloniales ejecutaron
en La Habana a Eduardo Faccioso, quien inauguró
la prensa separatista en la isla. En 1855, dos
años después de su nacimiento, la
ejecución de Ramón Pintó
era el colofón de las conspiraciones encabezadas
por Narciso López, Cisneros Betancourt,
Joaquín de Agüero. En 1860, Martí
tenía siete años y en el Teatro
Tacón coronaron con laureles a la poetisa
Gertrudis Gómez de Avellaneda, y dos años
más tarde, en 1862, falleció en
la ciudad José de la Luz y Caballero.
El sistema escolar contaba en aquel entonces con
133 escuelas públicas y privadas de nivel
elemental. En marzo de 1865, José Martí
ingresó en la escuela de instrucción
primaria superior de varones, dirigida por Rafael
María de Mendive. Completaban el panorama
educacional algunos centros de nivel medio, el
Instituto de Segunda Enseñanza, por cuyas
aulas transitaría el Apóstol, la
Universidad y varias bibliotecas. La Habana albergaba
entonces a una población de 197 mil habitantes.
Fue en 1869, en el periódico manuscrito
El Siboney, donde el Apóstol publicó
el soneto ¡10 de Octubre! La contienda iniciada
en La Demajagua el año anterior recrudece
la represión colonial y los cuerpos de
voluntarios protagonizan un hecho de terror al
asaltar y tirotear el público asistente
a una función del teatro Villanueva. Los
grupos de voluntarios al servicio de la represión
política, amedrentan y acallan las voces
que se alzan para reclamar la independencia de
Cuba, y asaltan casas, golpean a los que expresan
sus ideas de liberación del yugo colonial.
En octubre de 1869, Martí va a la cárcel.
Es un adolescente. Fue condenado a seis años
de reclusión por escribir en una carta
a un condiscípulo, frases condenatorias
al régimen español. Allí,
en prisión, encontró las vivencias
que lo llevarían a escribir el folleto
El Presidio político en Cuba. Martí
realizó trabajo forzados en las canteras
de San Lázaro. En octubre del 1870, se
alejaría de su ciudad natal para cumplir
domicilio forzoso en Isla de Pinos. Meses después,
el Apóstol solamente puede ver La Habana
desde la fortaleza de La Cabaña donde estuvo
recluido hasta su partida al destierro en 1871.
Durante el resto de su existencia Martí
vivió más en el extranjero que en
su ciudad. El largo y doloroso peregrinar del
exiliado no le hizo olvidar La Habana ni a su
Patria. Sus amores más grandes fueron Cuba
y la noche.
|