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CULTURA
Cómico entre dioses
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
Se requiere de mucha habilidad y talento para
ser un humorista bajo un régimen totalitario,
para provocar la risa a un público propio
de una sociedad dirigida por hombres que se consideran
casi dioses, los que no se pueden tocar ni con
el pétalo de una rosa a los efectos de
hacer reír.
Aquellos cómicos cubanos del siglo pasado
que hacían humor en medio de una feroz
dictadura, como Guillermo Álvarez Guedes,
Tito Hernández, Leopoldo Fernández,
Aníbal de Mar y muchos otros, se vieron
obligados a marcharse al exilio en fecha bien
temprana, porque sabían que bajo el castrismo
no podían seguir produciendo risa.
Pero como los cubanos saben ingeniársela
hasta en las situaciones más difíciles,
hoy tenemos en nuestros teatros, y sobre todo
en los cabarets y clubs nocturnos a Roberto Riverón
Rojas, más conocido profesionalmente como
Robertico.
Y se llama así no porque sea de mediana
estatura y de semblante algo infantil, sino porque
así ha querido llamarlo su gran público,
compuesto de músicos, artistas de la televisión,
gente de la farándula que posee los medios
económicos en chavitos, moneda convertible
en dólares, para asistir a estos centros
nocturnos donde este joven dobla de la risa al
más circunspecto de los espectadores.
Robertico, a través de sus guiones algo
espontáneos, pero con mucho de picardía
y sentido del límite, refleja a grandes
rasgos las aristas más álgidas de
nuestra sociedad en crisis desde el punto de vista
moral. En un buen tono costumbrista y con mucha
originalidad hace reír valiéndose
de los negros cubanos, de los pinareños
provenientes de la provincia de Pinar del Río,
de la sexualidad, de los orientales, llamados
en el argot popular palestinos, de los gays, de
los extranjeros que visitan la Isla, del antiguo
cine soviético y de sus muñequitos
y hasta de los mismos soviéticos. Todo
cuanto dice y hace a través de gestos y
movimientos físicos tiene gracia y su show,
acompañado de efectos especiales técnicos
y algo de música, con una duración
de casi hora y media, no aburre a nadie.
Los chistes y cuentos de Robertico nunca están
relacionados con la política, mucho menos
con los políticos del régimen castrista.
Robertico tiene presente que estamos ante un gobierno
sagrado compuesto de dioses, de los cuales nada
ridículamente humano se puede decir.
El tema de la política, que siempre fue
utilizado a lo largo de los años de República
e incluso bajo la dictadura de Fulgencio Batista,
muy traído y llevado en el teatro bufo
habanero, hoy es un tema tabú para los
comediantes. Robertico se pondría las botas.
Pero ni aún así. Si se atreviera,
él sabe cuál sería su final.
De nada valdrían sus dotes histriónicas.
Es por eso que Robertico, hábil e inteligente,
jamás dice por lo claro lo que no puede
decir. Ni muerto, dirá el cómico.
Tiene, al parecer, patente de corzo para criticar
a los negros, a los pinareños, a los gays,
a los ex soviéticos, para hacer cuentos
de sexo subiditos de color. Pero nada de chistes
sobre política, ni hablar del peluquín.
Con Robertico, Guillermo Álvarez Guedes
ya tiene su fuerte rival. Los CD de ambos andan
por ahí de mano en mano disputándose
el lugar cimero.
La otra noche me prestaron un vídeo de
Robertico con una duración de hora y media
y estuve riendo de buena gana desde que empezó
hasta que terminó. Veremos cuánto
dura este cómico en la Isla, donde hacer
humor se hace cada vez más riesgoso.
Cuando despide su show él mismo aclara
que a los cubanos les hace mucha falta reír,
que deben sonreírle siempre a la vida,
aún en los momentos más difíciles.
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