PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 18, 2007

CORRUPCION
La isla de las fieras

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) - Hay quien dice que aquí nadie vino de payaso porque todos somos fieras. Eso pensé la otra noche cuando escuché la narración del desconocido que ocupaba el asiento delantero del Moskvich, junto al chofer. Dos jóvenes se apretaron para hacerme un espacio en el asiento trasero del auto, que rodaba hacia los barrios del sur de la capital.

Se hablaba de la inamovilidad laboral del narrador, a pesar de los hurtos continuados de productos cárnicos del comedor donde trabaja. Detalló la impunidad de que goza para repartir los productos hurtados en su trabajo antes de la llegada de los demás trabajadores.

"Llegué a ser el mejor trabajador, porque llegaba temprano todos los días y no faltaba nunca, pero sí sabía hacer las cosas. Sacaba los embutidos por la mañana a las seis, antes de que llegaran los otros El sereno se largaba en cuanto me veía llegar, muerto de sueño. Imagínate, una noche sin dormir, una tras otra, no es fácil. Aunque descanses algo por el día, no es igual que descansar la noche. Nunca me cogieron, y lo que faltaba no se veía, pues lo iba reponiendo de un lado y del otro. Unas onzas menos de aquí y otras de allá. Una librita menos para aquél y otra media librita menos para el otro. No hay que desesperarse".

Tuve que esforzarme para no hablar. Tamaña desfachatez no tiene perdón de nadie. La corrupción más ramplona está en el orden del día en un país en que tantos roban en sus centros de trabajo para sobrevivir. La razón primera es que los salarios no cubren las necesidades de una familia. La otra es que nadie es dueño de nada. Es el estado el verdadero propietario de bienes muebles, inmuebles y vidas.

El tema cotidiano en la Isla es la ineficacia del transporte. Muchos ciudadanos viajan en vehículos pertenecientes a empresas del estado, cuyos chóferes cobran por transportarlos la suma de diez pesos que van a parar a sus bolsillos.

Obtener una plaza de chofer en una empresa cuesta mucho dinero, y el consentimiento del jefe. Y no dude un segundo en que este último recibe una parte de la suma que recauda el chofer.

La justificación para meterse el dinero en el bolsillo es que el chofer tiene que pagar al mecánico del taller cualquier reparación del vehículo porque, en caso contrario, la salida del taller de reparación se verá demorada más allá de lo normal.

La solución a esta situación es simple. Despojar a los burócratas de los carros asignados, situarlos en un parque automóvil y servirse de cada uno según la necesidad. Cuando los burócratas se vean obligados a usar el transporte público colectivo, el transporte que comenzará a mejorar.

 


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