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CORRUPCION
La isla de las fieras
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
Hay quien dice que aquí nadie vino de payaso
porque todos somos fieras. Eso pensé la
otra noche cuando escuché la narración
del desconocido que ocupaba el asiento delantero
del Moskvich, junto al chofer. Dos jóvenes
se apretaron para hacerme un espacio en el asiento
trasero del auto, que rodaba hacia los barrios
del sur de la capital.
Se hablaba de la inamovilidad laboral del narrador,
a pesar de los hurtos continuados de productos
cárnicos del comedor donde trabaja. Detalló
la impunidad de que goza para repartir los productos
hurtados en su trabajo antes de la llegada de
los demás trabajadores.
"Llegué a ser el mejor trabajador,
porque llegaba temprano todos los días
y no faltaba nunca, pero sí sabía
hacer las cosas. Sacaba los embutidos por la mañana
a las seis, antes de que llegaran los otros El
sereno se largaba en cuanto me veía llegar,
muerto de sueño. Imagínate, una
noche sin dormir, una tras otra, no es fácil.
Aunque descanses algo por el día, no es
igual que descansar la noche. Nunca me cogieron,
y lo que faltaba no se veía, pues lo iba
reponiendo de un lado y del otro. Unas onzas menos
de aquí y otras de allá. Una librita
menos para aquél y otra media librita menos
para el otro. No hay que desesperarse".
Tuve que esforzarme para no hablar. Tamaña
desfachatez no tiene perdón de nadie. La
corrupción más ramplona está
en el orden del día en un país en
que tantos roban en sus centros de trabajo para
sobrevivir. La razón primera es que los
salarios no cubren las necesidades de una familia.
La otra es que nadie es dueño de nada.
Es el estado el verdadero propietario de bienes
muebles, inmuebles y vidas.
El tema cotidiano en la Isla es la ineficacia
del transporte. Muchos ciudadanos viajan en vehículos
pertenecientes a empresas del estado, cuyos chóferes
cobran por transportarlos la suma de diez pesos
que van a parar a sus bolsillos.
Obtener una plaza de chofer en una empresa cuesta
mucho dinero, y el consentimiento del jefe. Y
no dude un segundo en que este último recibe
una parte de la suma que recauda el chofer.
La justificación para meterse el dinero
en el bolsillo es que el chofer tiene que pagar
al mecánico del taller cualquier reparación
del vehículo porque, en caso contrario,
la salida del taller de reparación se verá
demorada más allá de lo normal.
La solución a esta situación es
simple. Despojar a los burócratas de los
carros asignados, situarlos en un parque automóvil
y servirse de cada uno según la necesidad.
Cuando los burócratas se vean obligados
a usar el transporte público colectivo,
el transporte que comenzará a mejorar.
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