| SALUD
PUBLICA Alimentos
contra la salud humana
Fabián D. Arcos LA HA BANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org)
- En los medios de comunicación cubanos se publican a veces algunas informaciones
referentes a intoxicaciones alimentarias masivas ocurridas en distintas localidades
del país, pero con mayor profusión en la capital. Los hechos se
conocen cuando resulta imposible silenciarlos. En ocasiones han aparecido
reportajes donde la policía ha detenido a negociantes inescrupulosos que
fabricaban productos alimenticios de mala calidad. Tales informaciones han estado
encaminadas a denigrar a los productores particulares, aunque los mayores problemas
se han detectado en el sector estatal. Las dificultades que tiene el
cubano para garantizar su alimentación diaria lo obliga a recurrir a establecimientos
de ofertas gastronómicas, tanto estatales como privados. Fiambres y alimentos
ligeros son producto de adulteraciones en su contenido, que en muchos casos atenta
contra la salud de los que los ingieren, aunque a veces los consumidores no se
percaten de ello. En Cuba, donde la salud pública es uno de los
éxitos más publicitados por el gobierno, existe un cuerpo de inspectores
encargado de velar por la calidad de los alimentos que se producen y venden a
la población, ya sean elaborados o naturales. Se trata del Instituto de
Nutrición e Higiene de los Alimentos, adjunto al Ministerio de Salud Pública.
Un grupo de investigadores de esa entidad realizó un estudio reflejado
en un informe no publicado que refleja una situación en extremo alarmante.
Alertan de que antiguos patógenos de transmisión alimentaria han
dado lugar a nuevas enfermedades. El estudio sobre control sanitario
de las frutas y vegetales demostró que los nuevos microorganismos que producen
desórdenes gastrointestinales han aumentado en los últimos 20 años.
En el informe, dedicado a los vegetales, se aclara que portan microorganismos
provenientes de su propia flora, además de absorber los que se hallan en
el suelo y en las aguas con que fueron regados. También se adicionan mohos
y levaduras dañinos al ser humano. Como se carece de fertilizantes
y el agua para el regadío no ha estado abundante en los últimos
años, se han utilizado aguas contaminadas con heces y, en forma de abonos
orgánicos las excretas de gallinas, bostas de vacunos y de todo tipo de
animales, que son inocuas cuando reciben un tratamiento adecuado, y muy dañinas
si se utilizan sin el mismo. El informe hace énfasis en la existencia
de quistes de giardias en las lechugas y de fascciola hepática en el berro,
las formas de infestación más común entre los consumidores
humanos. Y aunque es una medida generalizada lavar bien los vegetales con agua
potable antes de su ingestión, los especialistas plantean que ese tratamiento
sólo remueve una porción de las células microbianas, por
lo que se deben de enjuagar por lo menos dos veces, haciendo el segundo enjuague
con ácidos orgánicos como el acético o el vinagre. Productos
como la remolacha, la papa, col y el apio se pueden conservar durante un tiempo
limitado a temperatura de 15 grados centígrados. Pero sólo la papa
y algunos alimentos seleccionados son almacenados en frigoríficos. Si es
cierto que la congelación disminuye el número de microorganismos,
en un clima tropical como el nuestro la durabilidad de la mayoría de los
vegetales es limitada y las posibilidades de infección son elevadas.
En los agromercados actualmente se ofertan conservas de vegetales elaboradas
de forma artesanal, pero no siempre las materias primas son frutas y vegetales
sanos, sin insectos ni parásitos, libres de cuerpos extraños en
su superficie ni alteraciones físicas o mecánicas en los mismos.
Como norma no deben de pasar más de 48 horas entre la recogida de esos
productos y su elaboración. También se alerta sobre el
peligro que representa la adquisición de jamones y pollos ahumados elaborados
con productos químicos que en su mayoría resultan tóxicos,
y que no siempre se emplean en las proporciones adecuadas, lo que ha causado intoxicaciones
masivas. |
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