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ECOLOGIA
Nuestra
ave capital
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Enero (www.cubanet.org) -
Hubo una época en que La Habana se parecía
a la capital del totí. Miles de aves se
daban cita todas las tardes, antes de ocultarse
el sol, en el Parque Central y el Paseo del Prado
para entonar su canto de una sola nota. Era una
algarabía tremenda. Pero se trataba de
nuestros totíes, y disfrutábamos
del espectáculo.
Un día, sin que nos diéramos cuenta,
desaparecieron las aves cantoras. Fue tan radical
el cambio que se podía ofrecer un premio
a quien encontrara un totí en La Habana,
con la seguridad de que no habría ganador.
Se dijo que el totí también se había
ido de Cuba, que para ellos era fácil porque
no tenían que pagar pasaje, ni buscar visa,
ni sacar pasaporte. Otros aseguraron que la gente
se los había comido, lo que no era extraño
que ocurriera, porque si los gatos se perdían,
¿por qué no podían los pájaros
formar parte de la cadena alimentaria de los habaneros?
Algunos trataron de buscar una explicación
a través del color del asunto, y afirmaron
que desaparecieron por problemas raciales. Esa
hipótesis no tenía fuerza, porque,
ciertamente, la xenofobia del régimen siempre
ha sido contra sus adversarios políticos,
y no contra las aves. Eso es tan verídico,
que ha creado su propio Ku Klux Klan: las brigadas
de respuesta rápida.
La opinión más lógica por
aquel entonces, y que hoy sigue teniendo prioridad,
es que los totíes desaparecieron debido
a las continuadas fumigaciones que realizaban
los aviones para controlar diversas plagas en
zonas agrícolas de La Habana.
Las aves negras, que no representan el infortunio,
están regresando desde hace un tiempo;
aunque no en grandes cantidades, como cuando poblaban
los árboles de los parques y avenidas.
Sus cantos pueden escucharse también en
la Calzada de Carlos III, donde acuden en bandadas.
Es bueno que estén nuevamente entre nosotros.
Sin ellas La Habana no está completa.
Las cosas que de alguna manera nos identifican
es importante que regresen. Si Gaspar, Melchor
y Baltasar volvieron a recorrer el país
en sus camellos, una pequeña cuota de felicidad
alcanzamos nuevamente. La fantasía de la
noche del 5 de enero le dio vitalidad al país,
y el estrépito que orquestaron los niños
al día siguiente con los juguetes que dejaron
los reyes magos fue el escándalo más
agradable del mundo.
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