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HISTORIA
De la biografía de Ché Guevara
Tania Díaz Castro
LA HABANA, enero (www.cubanet.org) - Dicen que
detrás de un gran hombre hay una gran mujer;
que el amor de una mujer hace grande a un hombre,
y que no hay hombre en la tierra que no deje retratada
su alma entre sus cartas de amor.
Ernesto Guevara es el personaje que inspiró
la biografía "La vida en rojo",
del escritor mexicano Jorge G. Castañeda,
quien nos hace saber que el pasado que puebla
esas páginas nos pertenece a todos, para
bien o para mal. Y nos da a conocer, a través
de entrevistas y documentos, lo que otros biógrafos
han ocultado con tanto esmero sobre el legendario
guerrillero, del que Castañeda ofrece un
retrato más verdadero que polémico
y fascinante.
Entre las entrevistas que realizó Jorge
G. Castañeda para componer su libro está
la de María del Carmen Chichina Ferreyra,
novia de Guevara entre 1950 y 1951. La entrevista
llama la atención, no sólo porque
revela la personalidad de Ché Guevara a
través de las misivas entregadas por ella,
sino además, porque es a través
de ese epistolario donde el argentino confiesa
sus más ocultos deseos.
Chichina y Ernesto Guevara fueron amigos durante
el bachillerato. Cuando él cursaba estudios
de Medicina se enamora de la joven, a quien llega
a decirle con franqueza en carta de febrero de
1952 que no pensaba "engayolarse (encerrarse)
en la ridícula profesión médica".
No ocultaba Guevara que no era hombre de matrimonio.
Chichina lo sabía y años después
sus palabras lo confirman: "Yo creo que él
me veía como una persona que iba a ser
un escollo en su vida. Como si yo fuera un impedimento
para la vida que él quería hacer:
la vida de aventurero. Sentía que estaba
como atrapado y quería liberarse de esto
quizás: estar libre, irse, y yo debo haber
sido el escollo en ese momento. No sé a
dónde querría ir. Quería
salir por el mundo, andar por el mundo, dar la
vuelta".
A pesar de que el hermano de Guevara y su primo
Fernando expresaran que no le faltaban aventuras
amorosas con frecuencia, pues "siempre tenía
una chica de turno, y además, se quería
coger al mundo entero", mantuvo una relación
estable con Chichina.
Durante un largo viaje que hizo con su amigo Alberto
Granados por varios países, le escribe
a la novia:
"Todo fue una miel continua con ese pequeño
sabor amargo de la próxima despedida que
se estiraba día a día hasta llegar
a ocho. Cada día me gusta más o
la quiero más a mi cara mitad. La despedida
fue larga ya que duró dos días y
bastante cerca de lo ideal".
En Miami vivió sin un centavo durante un
mes, y gracias a un primo de Chichina permanecieron
en un balneario de Florida tomando cerveza y comiendo
papas fritas, porque no había para más.
Fueron, según Ché, los días
más duros y amargos de su vida.
El 31 de agosto de 1952 regresa a su país.
En una de sus cartas le escribe a su novia:
"Sé lo que te quiero y cuánto
te quiero, pero no puedo sacrificar mi libertad
interior por vos; sería sacrificarme a
mí, y yo soy lo más importante que
hay en el mundo, ya te lo he dicho".
Seguramente le dijo lo mismo a la esposa cubana
antes de partir a Bolivia, donde cayó para
siempre; o a la peruana, cuando zarpó en
el yate Granma hacia Cuba.
Pero no fue María del Carmen Chichina quien
se suicidó por amor a Ché, ni tampoco
la peruana Hilda Gadea o la cubana Aleida March,
sino Tita Infante, otra joven argentina que también
lo amó en sus años mozos y quien
sabía, según confesiones de Guevara
a través de una larga relación epistolar
que sostuvieron hasta los años sesenta,
que él no quería convertirse en
un padre de familia aburrido, que prefería
seguir una vida bohemia.
Se dice que Tita Infante, desconsolada ante la
trágica desaparición física
de su amigo, decidió hacerle compañía
en la muerte, una muerte tal y como él
la había deseado siempre, como la predijo
mientras conversaba un día con su padre:
"Yo mismo no sé dónde dejaré
los huesos".
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