PRENSA INDEPENDIENTE
Enero 2, 2007

SOCIEDAD
Zapatos Amadeus

Yosvani Anzardo Hernández, Jóvenes sin Censura

HOLGUIN, Cuba / Enero (www.cubanet.org) - Juan Hernández es tan cubano como las palmas. Tal vez él no sabe que en otros países también hay palmas. Pero las cubanas son las mejores. Los cerdos que comen palmiche dan una grasa mejor que el aceite de oliva. Los pollos tienen un sabor envidiable porque se alimentan de cucarachas y de cuanto bicho existe. Juan no come esos del extranjero, grandes y grasosos, comedores de pienso, y que no saben a nada. Dice que en el Combinado Avícola de Yareyal pusieron un cartel que dice: pienso, luego existo.

Cuando triunfó la re-involución, los nuevos funcionarios sustituyeron los almendros del barrio por matas de coco, que son más cubanas. Ahora se arrepienten: el coco no da sombra y hay que caminar con miedo por las aceras. Con las de almendro no había que temer tanto.

Los ingleses, a las 5 de la tarde toman té y comen biscochos. Nosotros, dos horas antes, nos reímos de la vida recordando la muerte de Lola, una de nuestras más ilustres prostitutas. ¡Claro! ¡No necesitamos tomar ni carajo porque somos mejores!

A Shakira la naturaleza la esculpió con la lengua, como si fuera un helado; y hasta devolvió la costilla con que Dios la creó. Ya es un ser sobrenatural. Pero no hay mujer en el mundo que camine como la mujer de Antonio. Y de nuestros santos ni hablar. Son los mejores del mundo. Se han aplatanado y se sienten cubanos. Hacen lo que les da la gana. Si le pides lluvia te mandan huracanes.

Juan Hernández no acepta nada del extranjero. Cree que las alpargatas son autóctonas del país. Y se considera una autoridad en cubanía. Un hijo que él y su familia desterraron del corazón porque se fue en una balsa hace 15 años regresó de pronto, y por arte de magia todos olvidaron el agravio, incluyendo a Juan que, a pesar de todo, mantuvo su posición de no aceptar nada que no sea de su patria. No quería dólares, pero si los cambiaban en pesos convertibles, entonces sí.

El hijo le trajo un par de zapatos. Cuando Juan el cubano los vio, brotaron lágrimas de sus ojos. Los Amadeus son cubanos, y sólo se pueden comprar en el extranjero. Ahora Juan sabe todo lo que exporta su país: zapatos, jeans, confituras, rones, mulatas y mentiras. A los que sobrevivimos en la Isla sólo nos tocan las mentiras.


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