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LABORALES
El trabajo, represión y terror
Luis Esteban Espinosa, Jóvenes sin
Censura
CIEGO DE AVILA, Cuba - Enero (www.cubanet.org)
- El trabajo es uno de los derechos inalienables
y elementales del ser humano. Así está
reconocido en los más importantes pactos,
convenios y declaraciones internacionales, también
en las constituciones y legislaciones laborales
de la inmensa mayoría de los estados, incluyendo
los regímenes totalitarios.
En algunos países como el nuestro, el
trabajo es obligatorio. Aquí más
de mil jóvenes se encuentran encarcelados,
sancionados hasta 4 años de prisión,
acusados de peligrosidad social, por "el
hecho de no encontrarse vinculado a un trabajo"
como elemento principal de acusación de la fiscalía.
Sin embargo, la función laboral en estos
tiempos en Cuba es dúctil y subordinada
absolutamente a la política gubernamental.
Por un lado, la Seguridad del Estado expulsa
a los disidentes de sus centros de trabajo y los
declara "no confiables", aún
cuando estos sólo sean el barbero de un
pequeño poblado. Tal es el caso de Juan
Alberto de la Nuez Ramírez, quien fue expulsado
de la barbería de Aguada de Pasajeros,
en la provincia de Cienfuegos, por ser bibliotecario
independiente y activista de la Fundación
Cubana de Derechos Humanos, y a quien el director
de esta entidad le alegó que había
visitado la Sección de Intereses de Estados
Unidos en La Habana para extraer algunos libros
de "propaganda enemiga".
Así, pudiéramos citar una larga
lista de opositores que en los últimos
meses han sido expulsados de sus centros de trabajo.
Casos como Manuel Antonio Moré Borrero,
profesor del municipio de Baracoa, en la provincia
de Guantánamo, y miembro del movimiento
pacifista Juan Pablo Segundo. O Yoel Izquierdo
López, del municipio Bolivia en Ciego de
Ávila y activista de la Fundación
Cubana de Derechos Humanos, expulsado del hospital
de esa localidad del que era administrador.
La represión alcanza también a
los familiares de los disidentes y periodistas
independientes. A Cenia Echevarria Prieto, sobrina
del periodista independiente y prisionero de conciencia
del grupo de los 75 Fabio Prieto Llorente, se
le cerró el contrato laboral por visitar
a su tío en la prisión. Ello, a
pesar de que impartía clases a 18 grupos
en la escuela de arte en Isla de Pinos, lugar
donde reside junto a su mamá Clara Lourdes
Prieto Llorente, quien semanas antes había
sido también separada como empleada de
una empresa estatal.
Los contestatarios no pueden soñar siquiera
con un puesto de trabajo en los sectores privilegiados
de la sociedad cubana tales como el turismo, la
administración y otros.
Por otro lado, algunos disidentes son obligados
a trabajar, so pena de ser llevados a la cárcel
y extinguir largas condenas.
El pasado 26 de julio, Guillermo Llanos Ricardo,
Vicepresidente Nacional de la Fundación
Cubana de Derechos Humanos, fue advertido de que
si en 15 días no comenzaba a trabajar en
una empresa estatal sería llevado a prisión.
Otro caso es el del profesor y periodista independiente
Reinaldo Cosano Alén, a quien la Seguridad
del Estado trata de mantener en jaque con una
sanción de seis meses de trabajo sin internamiento,
impuesta hace 10 años por el Tribunal Municipal
de Guanabo en La Habana. Cosano Alén, de
63 años de edad, recibe constantes citaciones
supuestamente del Tribunal Municipal, cada vez
que intenta participar en alguna actividad importante
de la disidencia.
A los que reclaman sus derechos y aman la independencia
del gobierno, se les despoja de sus tierras y
bienes, como le ocurrió al campesino independiente
Idael Pérez Díaz, residente en el
Central Violeta de Ciego de Ávila.
En determinados sectores laborales, el estado
convierte a sus empleados y profesionales en una
especie de medio básico, obligándolos
a permanecer laborando en contra de su voluntad
por períodos de hasta siete años.
La dirección del gobierno piensa que los
profesionales lo son solamente gracias a la revolución
y que siempre estarán en deuda con ella.
Esto les está ocurriendo, sobre todo, a
centenares de médicos y técnicos
de salud. El ciego Arquímedes Quintana,
presidente de la Fraternidad de Ciegos Independientes
de Cuba, lleva 25 años desempeñándose
como fisioterapeuta. Desde hace 18 meses tiene
visa para viajar a los Estados Unidos, la cual
le ha sido negada.
La deficiente legislación laboral cubana,
la forma despectiva en que se le trata y la falta
de sindicatos independientes, hacen que en Cuba
ninguna persona tenga garantizada la permanencia
en su puesto de trabajo y esto incluye desde el
limpia pisos hasta un ministro.
Por otra parte, el panorama del miedo es aprovechado
sustanciosamente para brindar una imagen dentro
y fuera de Cuba de gran fortaleza popular y de
consenso general. Esto lo logra llevando a los
obreros en masa a los desfiles bajo la presión
de que si no acuden quedaran cesantes, o "se
les tendrá en cuenta en forma acumulativa".
El miedo está tan arraigado, que muchos
de estos trabajadores -como rueda de carretera-
son autores directos de los violentos actos de
repudio organizados por el gobierno.
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