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SOCIEDAD
Una singular forma de protesta
Amarilis C. Rey, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- La rastra, llamada camello, se deslizaba veloz
por la calzada de 10 de octubre. La aglomeración
de personas en su interior es común en
todos los viajes, debido al colapso del transporte
público, más crítico en Ciudad
de La Habana.
De pronto, una voz grave empequeñeció
el bullicio reinante. Un hombre entonaba una canción
desde su asiento, en la parte derecha del vehículo.
Terminaba una canción y empezaba otra,
recibidas con beneplácito por algunos,
y rechazadas por otros, que vociferaban:
-¡Cállate, viejo!
Al hombre no parecía importarle el rechazo
a su espontánea actuación, y entre
un número y otro comenzó a intercalar
un discurso reiterado y cansón, pero que
no incitaba a hacer nuevos comentarios.
-Y al que no le guste vivir con la libreta de
racionamiento, que se vaya. Yo no. Yo me quedo
aquí. Y que venga la fiera, que la estoy
esperando. El cubano es el mejor sistema que existe
en el mundo, y yo de aquí no me voy. Allá
los que no sean capaces de decir estas cosas como
las digo yo.
A la charla del hombre, intercalada con los
estribillos de las canciones, se sumaban los empujones,
frenazos y las expresiones: "Un pasito más,
por favor, todos queremos irnos", de quienes
colgaban como racimos de las puertas del camello.
Así continuó aquel viaje que estaba
por concluir en el reparto Eléctrico. Muy
pocos pasajeros, ya todos sentados, escucharon
sorprendidos la pregunta que dejó en el
aire el improvisado cantor.
-¿Me creyeron? Seguro que pensaron que
estaba borracho o loco.
El silencio fue la respuesta de los pasajeros,
mientras el hombre pronunciaba estas palabras.
-Pues no, esa es mi forma de decir ante el público
numeroso que esto es una mierda, que nada sirve,
que aquí sólo viven bien el comandante
y su grupo. Yo vivo bien, sí, pero porque
mi familia manda dinerode España. Quien
no tenga un familiar afuera, se muere de necesidad.
El silencio se convirtió en sonrisas
cómplices. El hombre, vestido de blanco,
abandonó con precisión cronométrica
el transporte. Desapareció confundido entre
el público, los edificios y la vegetación.
Era el día de San Valentín. Muchos
tenían motivos para celebrar. Aquel hombre
también los tendría. |