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POLITICA
Sin permiso de José Martí
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- Con el anuncio en nuestros medios de comunicación
de 19 profesionales de la prensa, nominados al
Premio José Martí, vienen a mi mente
viejos recuerdos que quizás algunos han
olvidado.
Entre los nominados, claro que no es sorpresa
alguna, se encuentra el periodista y escritor
Joaquín G. Santana, de Radio Habana Cuba.
Sí, el mismo que se prestó a llevar
a cabo un proceso de parametraje contra más
de cien miembros de la Unión Nacional de
Escritores y Artistas de Cuba en 1977.
Fue, hoy se lo agradezco, quien envió a
mi casa una carta firmada por él que aún
conservo, donde me comunica que mi libro de versos
Mientras giran las hojas del arce no estaba aprobado
para su publicación. ¡Pero el libro
estaba imprimiéndose!
Al parecer, sacó el original de la imprenta
para tener la satisfacción de devolvérmelo
y al mismo tiempo hacerme saber que yo era una
de las personas excluidas de la UNEAC.
En forma de plaquette se editó el libro
años después, cuando el señor
Santana no ejercía como dirigente-censor
y yo tuve entonces la satisfacción de renunciar
a la UNEAC en 1993, hasta tanto Cuba sea libre.
Aprovechar el nombre de nuestro Apóstol
para premiar u otorgar reconocimientos representa
a estas alturas un verdadero peligro.
Por ejemplo, recordemos que la Orden Nacional
José Martí, otorgada por el Consejo
de Estado de Cuba a los monarcas comunistas, hoy
ni se mencionan.
Cuando cayó el Muro de Berlín, el
9 de noviembre de 1989, algo que prefirió
callar el periódico Granma, Erich Honecker
se salvó de sufrir una cadena perpetua
gracias a una mortal enfermedad. Se le acusaba
de la muerte de cientos de alemanes que habían
intentado cruzar el Muro. Al morir en Santiago
de Chile en 1994, Honecker conservaba la Orden
Nacional José Martí recibida por
el Consejo de Estado de Cuba.
Wojciech Jaruzelski fue acusado oficialmente como
responsable del asesinato de cuarenta y cuatro
manifestantes del movimiento sindical Solidaridad,
en 1970. Era ministro de defensa. En 1989 se vio
obligado a abdicar cuando presenció a miles
de trabajadores polacos armados de una rosa cada
uno exigiendo elecciones libres y democracia.
También contaba con la Orden Nacional José
Martí.
El dirigente comunista Janos Kadar aprobó
la ocupación soviética contra Hungría
en 1956; las tropas y tanques rusos reprimieron
salvajemente a los manifestantes pacíficos
húngaros. Fueron ejecutados cientos de
ellos. Otros miles llevados a prisión y
cerca de 200 mil huyeron del país.
Años después el régimen castrista
concedió a Kadar la Orden Nacional José
Martí. En 1989, estando en prisión,
dijo que Dios lo había visitado en su celda
y confesó sus crímenes ante un sacerdote
católico.
El búlgaro Todor Zhivkov reunió
los más altos cargos políticos en
su persona. En 1992, cuando Bulgaria retornó
a la democracia, fue condenado a siete años
de cárcel, acusado de haber malversado
los fondos públicos.
Un poco antes había obtenido en Cuba la
Orden Nacional José Martí
Nicolae Ceausescu, presidente de Rumanía,
reconocido maníaco sexual que se caracterizó
por mantener bajo control a los opositores nacionales.
Impuso un programa de austeridad al pueblo a consecuencia
de la deuda externa. Reprimió cruelmente
una manifestación a favor de los Derechos
Humanos en la ciudad de Timisoara. Cuando intentaba
escapar junto a su esposa en 1989, fueron capturados
y ejecutados por el pueblo. También fue
merecedor, según el régimen de los
hermanos Castro, de la Orden Nacional José
Martí.
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