PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 26, 2007

AGRICULTURA
El futuro del café cubano (II parte)

Antonio Alonso, PDCR

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - En el trabajo anterior tratamos someramente las condiciones pre-existentes en las plantaciones cafetaleras en Cuba, sobre todo desde el punto de vista de las plagas y enfermedades como la broca (Hypothenemus hampei Ferr) y el hongo producto de la roya (Hemileia vastatrix), pero, y a pesar de las malas condiciones, incluso estructurales de los cafetales cubanos, la recuperación de ese cultivo tiene un futuro prominente en un mundo de libre empresa, no sólo por su consumo tradicional, sino por nuevas aplicaciones en la gastronomía y la industria del perfume.

Una apertura política que libere las restricciones económicas en Cuba devolvería al cultivo del café la posibilidad de encontrar nuevas estrategias de desarrollo y comerciales. Ello implica la búsqueda de infraestructuras más convenientes, desde la creación de grandes empresas y cooperativas cafetaleras, hasta la industrialización del grano.

La calidad del café depende mucho de la altura sobre el nivel del mar en el que se cultiva, por lo que las zonas montañosas son las más idóneas, pero su acceso e infraestructura son más deficientes. Este inconveniente debe tenerse en cuenta a la hora de reestructurar la industria cafetalera cubana, en la que los productores no dependan de una economía de subsidencia, vinculada socialmente a las áreas de cultivo, carentes muchas veces de infraestructuras y servicios básicos, acorde a las necesidades de un desarrollo integral.

El consumo tradicional del café lo mantiene con gran demanda, pero el uso combinado con otras disciplinas comerciales los hace muy prometedor en cuanto a la elevación de su precio en el mercado internacional. En los años 60 compañías francesas se interesaron por el café cubano, por su alto contenido de aceite esencial como fijador en perfumería. Eso hace suponer que en una economía de libre empresa, el desarrollo de la tecnología y nuevas motivaciones y condiciones para la inversión extranjera, despertará el interés por esta peculiar característica del café cubano.

Dentro de las proyecciones futuras de nuestro café hay que tener en cuenta desde su cultivo hasta una óptima utilización de todos sus beneficios. La utilización de la pulpa siempre ha constituido un problema tanto en el procesado en seco como en el húmedo, puesto que los granos secos constituyen sólo la tercera o cuarta parte del peso de los frutos frescos. En los sitios donde las plantas de procesado se hallan cerca de la plantación, se ha hecho uso del desperdicio en algunas ocasiones como fertilizante orgánico. En ciertas regiones se ha utilizado muy limitadamente como un suplemento alimenticio para el ganado. Sin embargo, en ningún caso se ha utilizado más que una pequeña fracción de las miles de toneladas producidas cada año, quedando la mayor proporción de este desperdicio para ser simplemente podrido en pilas o para ser arrojado a las corrientes cercanas, contribuyendo a la continua contaminación de los ríos. En el futuro se necesitará encontrar algún uso económico para estos desperdicios.

También hay criterios de que el cultivo tradicional del café puede dañar el ecosistema. Se debe desarrollar un método que ayude a mantener la biodiversidad. El cultivo de café a la sombra parece ser una buena respuesta a esta gran necesidad medio ambiental. Este tipo de cultivo de café no sólo es beneficioso para el medioambiente, sino que también puede resultar una buena fuente de ingresos para los pequeños y medianos productores.

La producción de café orgánico ha logrado establecer su propio mercado gracias a la paulatina modificación de los gustos a favor de alimentos que no han sido producidos mediante fertilizantes químicos. A este tipo de café se le incorporan labores culturales con un mayor sentido ecológico, lo que permitirá a los productores enfrentar con mejores posibilidades un mercado deprimido, al lograr cotizaciones que, en promedio, en ocasiones fueron superiores en 40% a las del grano más comúnmente negociado (el prima lavado).

Aunque la forma de cultivo de este tipo de café presenta numerosas similitudes con la forma tradicional, la diferencia principal radica en el cuidado que se tiene para evitar el uso de fertilizantes, insecticidas y fungicidas, pues ellos dejan residuos que el cafeto no puede desechar y se conservan en la semilla, por lo que pueden llegar a ser nocivos para la salud. Junto a lo anterior, se debe mantener la biodiversidad en las zonas cafetaleras, fomentar la conservación de los suelos, evitar la contaminación con residuos del procesamiento del café y proteger las costumbres de quienes cultivan el grano.

Todo lo anterior está condicionado a una serie de atribuciones y prerrogativas implícitas en los derechos de propiedad, que aseguren el libre mercado y la responsabilidad corporativa de las entidades cafeteras cubanas, que son las que determinarán el futuro del café cubano.

El futuro del café cubano (I parte)


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