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POLITICA
Cuba y la hora europea
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- Las transiciones europeas marcaron para Cuba
un compás de espera que aún cuenta
para algunos. Si por un lado las esperanzas de
desaparición del régimen apresuraron
las conjeturas de cuantos tenían la vista
fija en la situación cubana; por el lado
opuesto, la supervivencia del gobierno de La Habana
frente al naufragio del socialismo europeo y la
apertura emergente a las inversiones extranjeras
junto a otras medidas económicas inmediatas
sirvieron para desplazar el intercambio cubano-europeo
a un nuevo escenario.
Sin embargo, muchos puntos de vista contenidos
en la visión europea sobre Cuba no sufrieron
modificación alguba. Primeramente, continuaron
alineando a la isla en la fila de los países
del este europeo, a la espera de que al perder
el sostén económico de estos sobreviniera
el colapso natural del régimen. Poco después,
llevados por una lógica propia de una tradición
de compromisos políticos, pretendieron
entablar un diálogo con el gobierno cubano,
mientras este último trataba de ganar tiempo
para instrumentar medidas emergentes como tabla
de salvación ante el desastre de sus homólogos
ex-socialistas.
El gobierno cubano dispuso sus cartas en un orden
diferente, pues reemplazó el polo de su
política exterior del antiguo campo socialista
hacia la América Latina. Además,
entreabrir las puertas a la inversión de
capitales extranjeros en la economía cubana
le ganó en influencias en círculos
de poder europeo, que confiaron en un cambio estructural
por parte de La Habana. Se trataba de acumular
tiempo a la cuenta de supervivencia del gobierno
cubano, y permitirle sobrellevar la situación
de crisis profunda que caracterizó el período
de los años 90. De este modo, las gestiones
de ciertas personalidades europeas para establecer
un diálogo permanente con las autoridades
cubanas se han extendido en el tiempo sin tener
el resultado esperado por quienes fomentaron la
iniciativa.
La visión europea desde La habana
A diferencia de la visión estadounidense
sobre Cuba, los europeos desestimaron desde un
principio las relaciones de aproximación
existente entre cubanos y estadounidenses a través
de la historia, y menospreciaron cuánto
hay de la influencia norteamericana en la manera
de pensar y estructurar una respuesta opositora
a las acciones del régimen cubano.
La oposición en Cuba prefirió una
alineación de corte político tradicional
desde mediados de los 80. Factores externos, sobre
todo europeos, tuvieron mucho que ver en este
alineamiento organizativo hacia derechas e izquierdas.
Principalmente, los miembros de una nueva oposición
en gestación surgieron de las filas de
la izquierda. Por una razón u otra, desengañados
de la política gubernamental, decidieron
emprender un camino que los llevó a la
disidencia. En los años 80, la influencia
europea marcó el flujo de tendencias hacia
un compromiso político que juntara a los
grupos que más se destacaban en el panorama
opositor en Cuba.
Del otro lado, la acción desestabilizadora
del aparato represivo y la influencia predominante
del exilio asentado en los Estados Unidos, al
abrirse la comunicación más amplia
con las comunidades de cubanos residentes en ese
país, unido a la ambigüedad de una
política exterior europea que buscaba un
equilibrio capaz de promover el diálogo
entre las partes en conflicto, tuvo como resultado
que la oposición cubana reflejara ciertas
contradicciones y escogiera vías que no
se comprendieron bien ni en las capitales del
viejo continente ni en Washington.
En cuanto a la visión europea sobre la
oposición cubana particularmente, la falta
de entendimiento sobre la situación de
la isla difería notablemente de la visión
estadounidense. La primera, al pretender mantener
una imagen de Cuba muy apegada a la experiencia
europea de los países del este. La segunda,
por carecer de una información y puntos
de vista actualizados transmitidos por los opositores
del interior del país, y mantenerse alimentada
por fuentes alejadas de los intereses inmediatos
de los opositores internos.
Aún hoy, estas tendencias tiñen
en buena medida ambas visiones. No obstante, la
falta de resultados inmediatos ha empujado a variar
ambas políticas, y de las dos orillas del
Atlántico se toman medidas que las afinen
a la hora cubana actual.
La naturaleza de la oposición cubana es
diferente a la surgida en los países del
este europeo. Así como fue diferente el
proceso de instauración del socialismo
en esos países y en Cuba, la oposición
cubana ha transitado por un camino diferente.
Para alejarse de los mitos producidos por estereotipos
funcionales es necesario dejar bien sentado que
la oposición al régimen comenzó
desde el inicio del proceso revolucionario.
En los años 60, la procedencia social de
los integrantes de la oposición fueron
personas provenientes de las clases sociales inicialmente
afectadas por las medidas económicas y
políticas del nuevo gobierno. En aquellos
años, la emigración masiva de quienes
nutrían esos sectores sociales, más
el encarcelamiento de unos, la reconcentración
de grupos poblacionales simpatizantes y el exterminio
de focos de sublevados causó la desarticulación
de lo que pudiera haber constituido un serio obstáculo
al camino del comunismo que el gobierno cubano
eligió seguir.
Por otra parte, el seguimiento represivo que sufrieron
los que participaron abiertamente o mostraron
simpatías posibles hacia esos grupos, contribuyó
a la desarticulación de cualquier intento
de organización opositora en una sociedad
virtualmente cerrada a las influencia del exterior.
Por lo anterior, no fue hasta los años
80 que resurge un pequeño grupo de opositores,
calificado como disidente, que trata de rearticular
una oposición en la isla. Ellos, salidos
de filas gubernamentales, tenían una procedencia
social muy diferente a la de los primeros opositores,
y generalmente, algunos mostraban tendencias políticas
inclinadas hacia la izquierda.
Desde entonces, el movimiento opositor no deja
de padecer de una represión organizada,
personalizada y sistemática por parte de
la Seguridad del Estado. Muy a pesar de esa campaña,
una organización como la Asamblea para
Promover la Sociedad Civil realiza acciones en
pro de consolidar sus funciones en respuesta a
la reacción gubernamental, y mantiene su
estructura.
Hay que añadir que las condiciones socio
políticas y culturales actuales también
desfavorecen la consolidación de un sector
opositor fuerte y bien encaminado a conseguir
sus objetivos inmediatos. Evidentemente, la oposición
europea en los países del este contó
con un arsenal de ideas extraídas de una
tradición democrática que a los
opositores cubanos les falta.
Si en ocasiones ciertos opositores destacados
tienden a repetir métodos y explorar posibilidades
de vías de acción utilizados por
la propia maquinaria gubernamental cubana, esto
es resultado de una manera de pensar marcada por
la adquisición de habilidades y hábitos
de respuesta dentro de los parámetros de
los objetivos del régimen cubano.
Mientras, el manejo de estereotipos negativos
sobre la imagen de los opositores bombardea sin
cesar por todos los medios de comunicación
a una población cubana desvalorizada y
desposeída de cualquier opción que
no sea la brindada por el gobierno para sus propios
fines.
Todo lo anterior, más la casi absoluta
carencia de una infraestructura material que sostenga
y apoye una gestión opositora más
eficaz afecta a la consolidación de una
oposición que muchas veces es calificada
-a tenor de un juicio raras veces atinado- de
paralización, de ausencia de métodos
eficientes y de resultados concretos.
Dentro del triángulo Cuba-Europa-
América Latina
Dadas las relaciones históricas tradicionales
y el peso de la geopolítica, la influencia
recibida de Estados Unidos por la oposición
cubana es muy fuerte. Pero no sin razón,
porque mucho debe la difícil supervivencia
de la oposición cubana al sostén
que los brazos y manos del exilio acarrean para
los habitantes de la Isla. Menospreciarla, descalificarla,
rechazarla, olvidarla, sería el suicidio
una oposición más descalificada
-hasta por voces del interior de la misma- que
apoyada en mecanismos de compulsión social
como los que despliega el gobierno cubano.
La falta de comunicación del mensaje opositor
en general obedece primero a la imposibilidad
de establecimiento de canales reales que permitan
la transmisión de contenidos cuyos significados
estimulen, luego, a la población cubana
a identificarlos, incorporarlos y hacerlos suyos
para finalmente actuar en consecuencia.
Esa misma falta de comunicación opera en
contra del acercamiento a sectores latinoamericanos
que no cooperan con los proyectos izquierdistas
más radicales en desarrollo en América
Latina. Un proyecto de comunicación entre
oposición, organizaciones latinoamericanas
de derechos humanos y europeas tendría
que transitar por senderos que las últimas
pudieran establecer.
La influencia que goza hoy la política
exterior cubana en América Latina dificultaría
la trascendencia de un proyecto encaminado a tender
redes entre cubanos y organizaciones latinoamericanos
que desarrollan acciones de supervivencia en sus
propias comunidades, agotadas por necesidades
diferentes a las nuestras.
Los cambios en el poder de algunos gobiernos latinoamericanos
han posibilitado que, tendencias gestionadas por
élites emergentes, sean privilegiadas por
una corriente de apariencia que aprovechó
el agotamiento de estructuras de gobierno, y soluciones
no renovadas, y abre el camino a un mensaje reivindicativo
movilizador por canales de comunicación
a nivel de comunidades homogéneas étnicamente.
Si acciones como la del presidente de Costa Rica,
Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz, desatan las
airadas respuestas del gobierno cubano, el restablecimiento
del sandinismo en Nicaragua refleja la jugada
que el gobierno cubano realiza para neutralizar
un tanto la vinculación de oposición
interna con organizaciones y gobiernos latinoamericanos.
La estructura de la red de cooperación
ibero americana podría resultar beneficiosa
para el objetivo de este análisis, pero
no dejaría de tener obstáculos causados
por parte del gobierno cubano, y por la falta
de eficacia comunicativa de la oposición
interna de trasladar un mensaje convincente y
atractivo.
La vía más expedita obedecería
al trazado que pase por el reconocimiento firme
de los gobiernos de la UE de una oposición
en Cuba que ha logrado (más que alcanzar
sus objetivos) sobrevivir a la más encarnizada
y prolongada represión y a la desarticulación
de sus intentos de estructurarse a la subversión
de su posible imagen contestataria, por estereotipos
funcionales negativos que reviertan la visión
de la misma con el fin de paralizarla.
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