PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 26, 2007

POLITICA
Cuba y la hora europea

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - Las transiciones europeas marcaron para Cuba un compás de espera que aún cuenta para algunos. Si por un lado las esperanzas de desaparición del régimen apresuraron las conjeturas de cuantos tenían la vista fija en la situación cubana; por el lado opuesto, la supervivencia del gobierno de La Habana frente al naufragio del socialismo europeo y la apertura emergente a las inversiones extranjeras junto a otras medidas económicas inmediatas sirvieron para desplazar el intercambio cubano-europeo a un nuevo escenario.

Sin embargo, muchos puntos de vista contenidos en la visión europea sobre Cuba no sufrieron modificación alguba. Primeramente, continuaron alineando a la isla en la fila de los países del este europeo, a la espera de que al perder el sostén económico de estos sobreviniera el colapso natural del régimen. Poco después, llevados por una lógica propia de una tradición de compromisos políticos, pretendieron entablar un diálogo con el gobierno cubano, mientras este último trataba de ganar tiempo para instrumentar medidas emergentes como tabla de salvación ante el desastre de sus homólogos ex-socialistas.

El gobierno cubano dispuso sus cartas en un orden diferente, pues reemplazó el polo de su política exterior del antiguo campo socialista hacia la América Latina. Además, entreabrir las puertas a la inversión de capitales extranjeros en la economía cubana le ganó en influencias en círculos de poder europeo, que confiaron en un cambio estructural por parte de La Habana. Se trataba de acumular tiempo a la cuenta de supervivencia del gobierno cubano, y permitirle sobrellevar la situación de crisis profunda que caracterizó el período de los años 90. De este modo, las gestiones de ciertas personalidades europeas para establecer un diálogo permanente con las autoridades cubanas se han extendido en el tiempo sin tener el resultado esperado por quienes fomentaron la iniciativa.

La visión europea desde La habana

A diferencia de la visión estadounidense sobre Cuba, los europeos desestimaron desde un principio las relaciones de aproximación existente entre cubanos y estadounidenses a través de la historia, y menospreciaron cuánto hay de la influencia norteamericana en la manera de pensar y estructurar una respuesta opositora a las acciones del régimen cubano.

La oposición en Cuba prefirió una alineación de corte político tradicional desde mediados de los 80. Factores externos, sobre todo europeos, tuvieron mucho que ver en este alineamiento organizativo hacia derechas e izquierdas. Principalmente, los miembros de una nueva oposición en gestación surgieron de las filas de la izquierda. Por una razón u otra, desengañados de la política gubernamental, decidieron emprender un camino que los llevó a la disidencia. En los años 80, la influencia europea marcó el flujo de tendencias hacia un compromiso político que juntara a los grupos que más se destacaban en el panorama opositor en Cuba.

Del otro lado, la acción desestabilizadora del aparato represivo y la influencia predominante del exilio asentado en los Estados Unidos, al abrirse la comunicación más amplia con las comunidades de cubanos residentes en ese país, unido a la ambigüedad de una política exterior europea que buscaba un equilibrio capaz de promover el diálogo entre las partes en conflicto, tuvo como resultado que la oposición cubana reflejara ciertas contradicciones y escogiera vías que no se comprendieron bien ni en las capitales del viejo continente ni en Washington.

En cuanto a la visión europea sobre la oposición cubana particularmente, la falta de entendimiento sobre la situación de la isla difería notablemente de la visión estadounidense. La primera, al pretender mantener una imagen de Cuba muy apegada a la experiencia europea de los países del este. La segunda, por carecer de una información y puntos de vista actualizados transmitidos por los opositores del interior del país, y mantenerse alimentada por fuentes alejadas de los intereses inmediatos de los opositores internos.

Aún hoy, estas tendencias tiñen en buena medida ambas visiones. No obstante, la falta de resultados inmediatos ha empujado a variar ambas políticas, y de las dos orillas del Atlántico se toman medidas que las afinen a la hora cubana actual.
La naturaleza de la oposición cubana es diferente a la surgida en los países del este europeo. Así como fue diferente el proceso de instauración del socialismo en esos países y en Cuba, la oposición cubana ha transitado por un camino diferente.

Para alejarse de los mitos producidos por estereotipos funcionales es necesario dejar bien sentado que la oposición al régimen comenzó desde el inicio del proceso revolucionario.

En los años 60, la procedencia social de los integrantes de la oposición fueron personas provenientes de las clases sociales inicialmente afectadas por las medidas económicas y políticas del nuevo gobierno. En aquellos años, la emigración masiva de quienes nutrían esos sectores sociales, más el encarcelamiento de unos, la reconcentración de grupos poblacionales simpatizantes y el exterminio de focos de sublevados causó la desarticulación de lo que pudiera haber constituido un serio obstáculo al camino del comunismo que el gobierno cubano eligió seguir.

Por otra parte, el seguimiento represivo que sufrieron los que participaron abiertamente o mostraron simpatías posibles hacia esos grupos, contribuyó a la desarticulación de cualquier intento de organización opositora en una sociedad virtualmente cerrada a las influencia del exterior.

Por lo anterior, no fue hasta los años 80 que resurge un pequeño grupo de opositores, calificado como disidente, que trata de rearticular una oposición en la isla. Ellos, salidos de filas gubernamentales, tenían una procedencia social muy diferente a la de los primeros opositores, y generalmente, algunos mostraban tendencias políticas inclinadas hacia la izquierda.

Desde entonces, el movimiento opositor no deja de padecer de una represión organizada, personalizada y sistemática por parte de la Seguridad del Estado. Muy a pesar de esa campaña, una organización como la Asamblea para Promover la Sociedad Civil realiza acciones en pro de consolidar sus funciones en respuesta a la reacción gubernamental, y mantiene su estructura.

Hay que añadir que las condiciones socio políticas y culturales actuales también desfavorecen la consolidación de un sector opositor fuerte y bien encaminado a conseguir sus objetivos inmediatos. Evidentemente, la oposición europea en los países del este contó con un arsenal de ideas extraídas de una tradición democrática que a los opositores cubanos les falta.

Si en ocasiones ciertos opositores destacados tienden a repetir métodos y explorar posibilidades de vías de acción utilizados por la propia maquinaria gubernamental cubana, esto es resultado de una manera de pensar marcada por la adquisición de habilidades y hábitos de respuesta dentro de los parámetros de los objetivos del régimen cubano.

Mientras, el manejo de estereotipos negativos sobre la imagen de los opositores bombardea sin cesar por todos los medios de comunicación a una población cubana desvalorizada y desposeída de cualquier opción que no sea la brindada por el gobierno para sus propios fines.

Todo lo anterior, más la casi absoluta carencia de una infraestructura material que sostenga y apoye una gestión opositora más eficaz afecta a la consolidación de una oposición que muchas veces es calificada -a tenor de un juicio raras veces atinado- de paralización, de ausencia de métodos eficientes y de resultados concretos.

Dentro del triángulo Cuba-Europa- América Latina

Dadas las relaciones históricas tradicionales y el peso de la geopolítica, la influencia recibida de Estados Unidos por la oposición cubana es muy fuerte. Pero no sin razón, porque mucho debe la difícil supervivencia de la oposición cubana al sostén que los brazos y manos del exilio acarrean para los habitantes de la Isla. Menospreciarla, descalificarla, rechazarla, olvidarla, sería el suicidio una oposición más descalificada -hasta por voces del interior de la misma- que apoyada en mecanismos de compulsión social como los que despliega el gobierno cubano.

La falta de comunicación del mensaje opositor en general obedece primero a la imposibilidad de establecimiento de canales reales que permitan la transmisión de contenidos cuyos significados estimulen, luego, a la población cubana a identificarlos, incorporarlos y hacerlos suyos para finalmente actuar en consecuencia.

Esa misma falta de comunicación opera en contra del acercamiento a sectores latinoamericanos que no cooperan con los proyectos izquierdistas más radicales en desarrollo en América Latina. Un proyecto de comunicación entre oposición, organizaciones latinoamericanas de derechos humanos y europeas tendría que transitar por senderos que las últimas pudieran establecer.

La influencia que goza hoy la política exterior cubana en América Latina dificultaría la trascendencia de un proyecto encaminado a tender redes entre cubanos y organizaciones latinoamericanos que desarrollan acciones de supervivencia en sus propias comunidades, agotadas por necesidades diferentes a las nuestras.

Los cambios en el poder de algunos gobiernos latinoamericanos han posibilitado que, tendencias gestionadas por élites emergentes, sean privilegiadas por una corriente de apariencia que aprovechó el agotamiento de estructuras de gobierno, y soluciones no renovadas, y abre el camino a un mensaje reivindicativo movilizador por canales de comunicación a nivel de comunidades homogéneas étnicamente.

Si acciones como la del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, Premio Nobel de la Paz, desatan las airadas respuestas del gobierno cubano, el restablecimiento del sandinismo en Nicaragua refleja la jugada que el gobierno cubano realiza para neutralizar un tanto la vinculación de oposición interna con organizaciones y gobiernos latinoamericanos.

La estructura de la red de cooperación ibero americana podría resultar beneficiosa para el objetivo de este análisis, pero no dejaría de tener obstáculos causados por parte del gobierno cubano, y por la falta de eficacia comunicativa de la oposición interna de trasladar un mensaje convincente y atractivo.

La vía más expedita obedecería al trazado que pase por el reconocimiento firme de los gobiernos de la UE de una oposición en Cuba que ha logrado (más que alcanzar sus objetivos) sobrevivir a la más encarnizada y prolongada represión y a la desarticulación de sus intentos de estructurarse a la subversión de su posible imagen contestataria, por estereotipos funcionales negativos que reviertan la visión de la misma con el fin de paralizarla.


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