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SOCIEDAD
No es justo
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- El actor francés Pierre Richard declaró
en París que Fidel Castro "es un mito
viviente". Es una pena que "El rubio
alto de zapto negro" esté tan equivocado.
Castro no es un mito, ha sido la peor de las realidades
durante 48 años para el pueblo de Cuba.
Con sólo mencionar los miles de fusilamientos
por oposición política, los miles
que han desaparecido tratando de escapar de la
Isla, y lo más de dos millones de compatriotas
que han tenido que salir de país para vivir
como personas, es posible percatarse que lo mitológico
no es lo que ha rodeado al ex gobernante vitalicio
de Cuba.
Richard parece que es tan cándido como
los personajes que a veces interpreta, pues en
la entrevista que concedió al periodista
colombiano Hernando Calvo, reproducida por el
periódico Granma, rememorando una visita
que hizo a La Habana en 1988, cuando le plantearon
que Castro quería verlo, dice:
"Expliqué que yo salía para
Francia al día siguiente en la mañana,
y que después no habían vuelos de
aviones que me permitieran llegar a tiempo. Con
mucha tranquilidad me dijeron una frase que me
sonó irreal, pero que acepté: "Quédese
que algo haremos. Y no sé cómo,
pero algo hicieron".
Hace un tiempo, el ex miembro de la Inteligencia
cubana, Camilo Pérez Villanueva, quien
cumplió diez años en prisión
por cuestiones políticas, me contó
que en más de una ocasión hubo que
detener la salida de aviones para esperar gallos
de lidia, propiedad del Comandante de la Revolución
Guillermo García Frías, que él,
Camilo, llevaba a Colombia para ser vendidos.
Si los aviones de pasajeros pueden ser demorados
para esperar aves de García Frías,
¿qué tiene de extraño que
se preparara un nuevo vuelo a Francia para que
Pierre Richard llegara a tiempo a su país,
si Castro quería charlar con él
sobre "la comida cubana y el mar"?
Richard confiesa en la entrevista, refiriéndose
a Castro: "Yo lo miraba fascinado, pues es
fascinante, muy grande, y hace muchos gestos al
hablar".
Se afirma que está comprobado científicamente
que la testosterona es determinante en los hombres
para lograr rendimientos deportivos, pero seguramente
su importancia va mucho más allá
de esas cuestiones.
En 1964 Fidel Castro realizó una visita
a un cebadero de toros para la exportación
radicado en la zona sur de Pinar del Río,
en un sitio conocido como Varo. El director de
ese lugar era un recio vaquero de tez negra que
se pasaba la mayor parte del tiempo encima de
su caballo. Castro le preguntó qué
cantidad de terreno había sembrado para
pastos, y el hombre contestó: "Un
poco ahí". Entonces el gobernante
indagó por la cantidad de tierra en preparación
para próximas siembras, y el vaquero respondió:
"Un cacho". El comandante, muy molesto,
se quitó el tabaco de la boca, lo partió
en dos, y blandiendo una de las partes, le dijo:
"¡Un cacho es esto, cojo!".
Inmediatamente removieron de su puesto al vaquero.
Aunque un tiempo después lo repusieron
porque era él quién conocía
de ganadería. Nunca escuché a este
hombre comentar que había quedado fascinado
por Castro. Al parecer era todo lo contrario.
El pasado mes de noviembre, durante un maratón
público de opiniones de funcionarios gubernamentales
sobre Fidel Castro, el poeta y presidente de Casa
de las Américas, Roberto Fernández
Retamar, calificó a Castro como "un
encantador de serpientes".
No es justo que el actor francés quede
entre las serpientes, pero, en definitiva, él
mismo se situó dentro de ese grupo de ovíparos
con sangre fría.
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