PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 23, 2007

POLITICA
Muros, voces, panfletos y tangos

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - Diciéndolo quien lo dijo, no queda más remedio que creerlo. "El Poder Soviético es una mierda". "Los médicos bolcheviques son un culo". Lo dijo Lenin.

Lo primero, lo anotó al margen de uno de sus cuadernos, en un raro rapto de franqueza. Lo invadía el desencanto con su proyecto, luego de instaurar la dictadura del proletariado, ensayar varias políticas económicas y matar a media Rusia y territorios asiáticos y bálticos adyacentes.

Su opinión sobre los galenos soviéticos la plasmó en una carta al escritor Máximo Gorki, en la que le recomendaba cambiar de clima y acudir a los médicos extranjeros.

No creo que opiniones tan descarnadas como las del camarada Vladimir Ilich den cabida en el espacio al pensamiento crítico que algunos ilusoriamente estiman se está abriendo en la sociedad cubana. No lo digo por lo de la calidad de los médicos -que sería injusto en el caso de Cuba- sino porque las invitaciones oficiales al debate son de mentiritas.

No es la primera vez que el régimen cubano, en momentos de crisis, invita a hablar "a camisa quitada" y luego ordena el uso de camiseta, chaleco, cuello, corbata… y mordaza.

Lo hizo con los intelectuales en 1961, y con la población en vísperas del Cuarto Congreso del Partido Comunista. En todas las ocasiones dejó a los convidados convertidos en piedra y con ganas de hablar.

A propósito de Máximo Gorki, sería saludable que los escritores cubanos que hoy posan de contestatarios -"dentro de la revolución, todo"- recordaran la sospechosa muerte del escritor soviético luego de su ingenuidad de hacer caso a Stalin y regresar de su villa italiana a Moscú.

No hay que hacerse ilusiones con los estalinistas, pero no hay que exagerar. En Cuba, con los sucesores, las cosas se resuelven de otros modos.

Nunca fue tan oportuna una Feria del Libro en La Habana. Unas semanas después de la declaración del secretariado de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el abrazo de Raúl Castro al poeta César López, luego de mencionar en el discurso inaugural a escritores exilados -todos convenientemente muertos- como parte de la cultura cubana de siempre, trata de poner fin a la tormenta intelectual contra las represiones del Decenio Gris.

Si el asunto no estaba también bien atado, el General en Jefe debe haberse sentido incómodo y nervioso al oír pronunciar en el ceceo de César López los nombres de Guillermo Cabrera Infante, Reinaldo Arenas, Jesús Díaz y Severo Sarduy. Pero abrazó fuerte, fuerte -como Marta Estrada- al ayer reprimido y hoy Premio Nacional de Literatura y homenajeado central de la Feria del Libro.

Hay una mala noticia para las decenas de escritores jóvenes que hace varias semanas en las afueras de la Casa de las Américas vocearon infructuosamente por Desiderio Navarro en demanda de que se escuchara su criterio.

A Desiderio, que inició la tormenta de los e-mails, los comisarios culturales "le dieron tratamiento". Luego de la publicación presurosa de su libro La causa de las cosas, estuvo muy ocupado teorizando en la Feria. Tan ocupado que se apartó de sus herejías troskistas y aceptó las satisfacciones por el "pavonado". Es poco probable que haga algo porque se escuchen criterios inoportunos.

Ahora que César López pronunció los hasta ayer nombres execrados, los comisarios culturales tienen nuevas tumbas que saquear para el tesoro de la revolución. Sus libros no estuvieron en los estantes de La Cabaña. Menos aún los de los escritores exilados vivos. En su lugar, hubo literatura o alguna cosa similar más conveniente.

El libro 100 horas con Fidel fue el más vendido. Le siguió a distancia Tinísima, una novela de la mexicana Elena Poniatowska, inspirada por la polémica Tina Modotti. La Poniatowska olvidó que alguna vez reclamó libertades para los cubanos y vino a posar de solidaria, junto a Wole Soyinka, a la sombra de los muros de la vetusta fortaleza habanera. Mumia Abu Jamal lo hizo a distancia, desde el corredor de la muerte de una prisión norteamericana.

En la Feria del Libro de La Habana, ahora itinerante por las provincias, fueron tantas las voces que se quisieron escuchar, que en definitiva no se escuchó ninguna. Las apagó el tango de Argentina, el país invitado.

A muchos, La Cabaña nos sigue pareciendo un mal lugar para una feria de libros. Sus siniestros muros presenciaron los fusilamientos de Juan Clemente Zenea en la época colonial y del escritor Nelson Rodríguez en 1971. Son sólo dos de sus pecados contra la cultura. El más reciente pudiera ser convertirse en el escenario del punto final al atisbo de deshielo que algunos escritores cubanos soñaron en sus e-mails.


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