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SOCIEDAD
Palabras al vacío
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- Exponer una irregularidad, criticarla, proponer
soluciones, son vías que deberían
fomentar las esperanzas de los agraviados y elevar
la autoestima del exponente, en este caso algunos
de los "periodistas" al servicio del
monopolio informativo gubernamental.
Sin lugar a dudas se cumple a medias la fórmula
que va del planteamiento a la reflexión,
de la toma de conciencia ciudadana a la obtención
de un paliativo lo suficientemente eficaz para
minimizar los problemas o evitar que se repitan.
Me da la impresión que se quieren salvar
las apariencias ofreciendo un guiño de
sensibilidad unido a un acercamiento al rol del
periodista, comprometido en brindar la mayor dosis
de objetividad, transparencia y realismo a su
trabajo.
Al margen del esfuerzo, lo que queda son los tonos
insípidos, muy distantes de una proyección
donde la profundidad y el rigor profesional tomen
el relieve necesario.
No pretendo ser un inquisidor o un crítico
que abraza el odio. Simplemente pongo en perspectiva
la impecable salud de la burocracia, el pavoneo
de la corrupción, el gigantismo de la indisciplina
y el pillaje, entre otros cíclopes que
han llevado al país a la ruina moral y
material.
Por mucho que se aborden algunas de estas problemáticas,
nada o muy poco puede cambiar, mientras se continúe
insistiendo en un modelo de gobierno que estimula
el desorden, la apatía, la doble moral,
la falta de urbanidad y todo lo inherente al resquebrajamiento
psíquico y sociológico del ser humano.
No abordo el asunto con ligereza, pues de los
ejemplos nefastos hay material para una facturación
enciclopédica.
Sólo de pensar que en Cuba casi nadie puede
vivir decentemente con su trabajo, sino de las
ilegalidades o de las remesas recibidas de algún
amigo o familiar desde el exterior, basta para
deducir que el parasitismo social es un fenómeno
que impide cualquier evolución hacia un
desarrollo integral del país.
Las ventas de títulos profesionales y de
medicamentos a domicilio, a tenor de la meteórica
expansión del mercado negro, la necesidad
de pagar en dinero o en especie para acceder a
una mejor atención médica, el amplio
claustro de profesores sobornables dado su frágil
nivel de vida, las alteraciones del precio y las
manipulaciones en el pesaje en la mayor parte
de las entidades comerciales.
Esto es un breve repaso de cuanto acontece en
la isla desde hace más de 40 años.
Lo peor es que no son hechos aislados, sino comportamientos
donde se implican millones de ciudadanos ajenos
a leyes y códigos de conducta derivados
del socialismo que se proclama desde las tribunas.
A menos que haya un cambio estructural del sistema
vigente hacia otro que legitime la racionalidad
y el pragmatismo, la situación de crisis
permanecerá estacionaria con peligros de
enturbiarse y derivar en una anarquía que
sobrepase los límites actuales. Podría
pensarse en reparar las averías a martillazos,
pero la violencia es la peor de las soluciones.
Hacen falta voluntad, buen tino, espíritu
previsor, y por supuesto, deseos de darle un adiós
definitivo al teque y a la confrontación,
una oportunidad a la tolerancia y la bienvenida
a formas de producción que persigan la
eficiencia y el ahorro. Seguiré leyendo
las contadas voces críticas que aparecen
en la prensa oficial, con la certeza de estar
delante de un ejercicio retórico sin consecuencias.
Ellos, se empeñan en un vuelo por las ramas.
Lo que se necesita es un viaje a las raíces.
Sólo así podrían salvar las
palabras de la intrascendencia.
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