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DISIDENCIA
Nadando en aguas poco profundas
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- En 1991, el Comité de Unidad Nacional
(CUN), una de las pocas organizaciones contestatarias
que en esa fecha existían en Cuba, dijo
públicamente a través de la Voz
de la Fundación -espacio radial que tenía
su sede en Miami-, que sus integrantes eran opositores
al régimen de La Habana.
A partir de la fecha, el término fue ganando
espacio y ya no se utiliza, o se usa muy poco,
el primero que por razones obvias y lógica
identificó a todos aquellos que planteaban
la necesidad de respeto a los derechos básicos
de los cubanos: disidentes.
El diccionario define a oposicionistas como algo
"perteneciente o relativo a la oposición.
Persona que pertenece a la oposición política".
Y opositor y opositora como "persona que
se opone a otra. Pretendiente a un cargo que se
ha de proveer por oposición".
Han pasado más de quince años de
aquella declaración, que en su momento
fue audaz, y la oposición interna en la
Isla continúa nadando en aguas poco profundas.
Tal vez es que no se sabe nadar.
No hay a la vista ningún programa alternativo
de gobierno, e incluso no hay nadie hasta este
momento dentro de las figuras conocidas como opositoras,
que haya declarado su intención de aspirar
a los altos cargos públicos del país.
Es cierto que por una afirmación de esa
índole puede ir a la cárcel, pero
de todas formas el régimen castrista siempre
ha tenido la fea costumbre de mandar a prisión
a quien ha estimado conveniente. Los 75 de marzo
de 2003 son una prueba elocuente de ello. Condenados
fueron los que estaban a favor del bloqueo (embargo)
como los que estaban en contra, y los reformistas,
así como los favorables a un cambio radical
de todas las estructuras gobernantes.
Y dentro de ese, nuestro contexto, ¿por
qué no poner sobre la mesa las intenciones
que puede haber de dedicarse al servicio público?
Los cubanos, aunque nos han calificado de "raza
única", no vamos a crear ninguna otra
alternativa política que las ya reconocidas
y aceptadas internacionalmente. Entonces, ¿por
qué no alistarse dentro de la tendencia
de preferencia poniendo a un lado el deseo de
ser cabeza de ratón si en definitiva lo
más importante es el futuro?
Que se conozca, nada de eso es inmoral. Estar
en el poder de manera vitalicia, y llegar a él
sin hacer elecciones libres y democráticas,
sí ha sido calificado en muchas partes
y en múltiples ocasiones como algo muy
inmoral.
Estar a tiempo completo inmerso en cuestiones
políticas, correr todos los riesgos que
en un país totalitario implica ese tipo
de actividad, y no ser político es algo
fácil de captar como un contra sentido.
En estos momentos proliferan los gobiernos de
izquierda en América Latina. Llegaron al
poder a través de las urnas. El régimen
de La Habana no puede utilizar más el argumento
de que "el multipartidismo es una multiporquería",
y que a través de las elecciones sólo
llegan al poder los oligarcas. Querer mantenerse
en el poder para siempre resulta, entre otras
cosas, antimoderno.
No existe la más mínima irregularidad
dentro del comportamiento humano en el deseo de
ocupar cargos políticos con una agenda
propia. Ese es un derecho, y derechos de ese típico
es lógico proclamarlos.
Los políticos de la oposición tienen
que ser políticos. Están obligados
a demostrar que son una opción válida
y posible. En esas lides tienen que atreverse
a nadar y llegar a tierra firme. En esa profesión
y en las circunstancias actuales, no parece haber
otra posibilidad que convencer que se tiene lo
necesario para formar parte de los creadores de
la nueva República.
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