PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 21, 2007

SALUD PUBLICA
Por suerte no era de muerte

Amarilis C. Rey, Cuba-Verdad

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - "Asistir a un hospital en Cuba es correr el riesgo de perder la vida" -expresó José a esta reportera. Su experiencia la califica de desagradable. En días pasados recorrió varios hospitales de Ciudad de La Habana aquejado de un presunto infarto.

Luego de sentir un fuerte dolor en el pecho fue trasladado a la policlínica donde le realizaron un electrocardiograma y le aplicaron un suero anticoagulante. José fue remitido al Hospital Nacional donde, según afirma, existe una sala recién remodelada de cardiología.

-No, aquí no se puede quedar -le dijo el médico mientras observaba cómo José, acostado en una camilla, su familia sujetando el suero, y el chofer de la ambulancia lo miraban alarmados.- La sala está cerrada, así que será remitido al Hospital Julio Trigo.

De nuevo la ambulancia, los baches de las calles, y el cuerpo de guardia del Julio Trigo, tenebroso, en penumbras por la falta de lámparas eléctricas. Sin higiene, debido a la falta de agua.

"Allí tuve que esperar más tiempo -recuerda José-; no había especialista. Un enfermero me quitó el suero al bajarme de la ambulancia, y otro me lo volvió a poner después. Luego de esperar un tiempo llegó el médico, pero sus palabras no fueron muy alentadoras".

-Aquí no hay condiciones, vamos a remitirlo al hospital Clínico Quirúrgico de 10 de Octubre.

Después de varias horas de haber salido de su casa con el dolor de pecho, un electro y un suero, José logra que lo atiendan en una sala de terapia intermedia, donde le pusieron un suero de glicerina, que le causó un fuerte dolor de cabeza.

"El enfermero tenía aliento etílico. Mareaba. Me dio muchos pinchazos para cogerme la vena".

Por fin llegó el médico. Parecía un profesor, por la edad. Con soltura tomó el electro que había originado todo el periplo hospitalario. Lo leyó.

-Señor mío, el que dijo que usted está infartado no es médico, ni técnico ni sabe leer un electro. Además, si hubiese tenido un infarto con todo el trajín a que lo han sometido, se hubiera muerto hace rato. Lo voy a mandar a la sala para que un clínico lo valore. Pero trate de que no lo mantengan allí mucho tiempo, pues aquello parece un sitio para puercos. Y si no se muere de un infarto se morirá de una infección.

Intercambiaron sonrisas. La mano del médico en el hombro de José selló la historia.

José, campesino de 64 años, residente en el municipio Arroyo Naranjo, Ciudad de La Habana, no estaba infartado, y por suerte, su dolor no fue de muerte.


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