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CULTURA
Feriando entre imponentes murallas
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org)
- En la sede de la XVI Feria del Libro de La Habana,
la fortaleza de la Cabaña, no se siente
el ruido de los disparos, ni las palabras ¡preparen,
apunten, fuego!, pronunciadas por el jefe del
pelotón de fusilamiento. Tampoco se escucha
el eco del grito de los condenados a muerte: ¡Viva
Cristo rey!
Pero hay vestigios medievales allí, porque
los libros están encerrados en cubículos
de piedras donde es desagradable estar, porque
hay mucho calor; pero sobre todo, por los precios
de los libros que tienden a anular la imagen del
Renacentismo en Florencia.
Los medios de la Isla, siempre prestos a las loas
sobre cualquier actividad que organice o realicen
sus dueños, hablan a diario de lo maravilloso
de esa feria, pero ni una sola alusión
a los precios de los libros.
Dentro de ese recinto ferial escuché a
un niño comentar: "Para nosotros (se
refería a su familia), sólo están
los libros callejeros". Ese calificativo
se refería a los libros que se pueden comprar
en pesos, y diseñados pobremente.
Las editoras argentinas, españolas, mexicanas,
y también algunas cubanas, están
comercializando sus libros en pesos convertibles,
lo que representa el salario mensual de un médico
especialista. Y a veces más.
Algo también lamentable para los cubanos
es que en el cubículo atendido por el Centro
de Estudios Martianos, que dirige Armando Hart,
La edad de Oro se venda a cinco pesos convertibles.
Se escucha decir que los libros en Cuba son baratos.
Esa valoración es propia de los extranjeros,
quienes, desde luego, sacan la cuenta teniendo
como referente los salarios que devengan en sus
países. Pero en Cuba, el salario promedio
mensual es de 250 pesos, unos diez pesos convertibles,
es decir, ocho dólares.
Si ciertamente la Feria resulta un éxito
comercial para sus participantes, el gobierno
de La Habana debe sentir eso como una prueba más
de que la corrupción galopa desenfrenadamente,
porque es imposible que los cubanos puedan gastar
en libros mucho más de lo que obtienen
honradamente con su trabajo.
A menos que detrás de esas compras algún
departamento que se dedica a cosas secretas, y
reparta el dinero entre sus fieles para que las
editoriales extranjeras presentes en la Feria
se lleven la errónea impresión de
que en Cuba hay un alto nivel de vida que da la
posibilidad de comprar muchos libros a los niños.
De todas formas, una Feria del Libro entre imponentes
murallas es algo kafkiano. En lo que han denominado
áreas exteriores de esa fortaleza colonial,
está situado el gran Cristo de La Habana,
donde hay un amplio espacio abierto al aire libre.
Ahí pudiera situarse la Feria del Libro.
¿O es que se teme que esa escultura de
mármol blanco, veinte metros de altura
y 320 toneladas de peso que mira hacia la ciudad
desde el 25 de diciembre de 1958 sea el símbolo
más atractivo?
Por otra parte, los libros, aunque fueran baratos,
rodeados de antiguos cañones -posiblemente
muy a gusto con los militares en el poder- no
logran terminar con el lamento, no borran el recuerdo
de los muchos que sufrieron dentro de los muros
de la Cabaña.
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