PRENSA INDEPENDIENTE
Febrero 16, 2007

CULTURA
Feriando entre imponentes murallas

José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad

LA HABANA, Cuba - Febrero (www.cubanet.org) - En la sede de la XVI Feria del Libro de La Habana, la fortaleza de la Cabaña, no se siente el ruido de los disparos, ni las palabras ¡preparen, apunten, fuego!, pronunciadas por el jefe del pelotón de fusilamiento. Tampoco se escucha el eco del grito de los condenados a muerte: ¡Viva Cristo rey!

Pero hay vestigios medievales allí, porque los libros están encerrados en cubículos de piedras donde es desagradable estar, porque hay mucho calor; pero sobre todo, por los precios de los libros que tienden a anular la imagen del Renacentismo en Florencia.

Los medios de la Isla, siempre prestos a las loas sobre cualquier actividad que organice o realicen sus dueños, hablan a diario de lo maravilloso de esa feria, pero ni una sola alusión a los precios de los libros.

Dentro de ese recinto ferial escuché a un niño comentar: "Para nosotros (se refería a su familia), sólo están los libros callejeros". Ese calificativo se refería a los libros que se pueden comprar en pesos, y diseñados pobremente.

Las editoras argentinas, españolas, mexicanas, y también algunas cubanas, están comercializando sus libros en pesos convertibles, lo que representa el salario mensual de un médico especialista. Y a veces más.

Algo también lamentable para los cubanos es que en el cubículo atendido por el Centro de Estudios Martianos, que dirige Armando Hart, La edad de Oro se venda a cinco pesos convertibles.

Se escucha decir que los libros en Cuba son baratos. Esa valoración es propia de los extranjeros, quienes, desde luego, sacan la cuenta teniendo como referente los salarios que devengan en sus países. Pero en Cuba, el salario promedio mensual es de 250 pesos, unos diez pesos convertibles, es decir, ocho dólares.

Si ciertamente la Feria resulta un éxito comercial para sus participantes, el gobierno de La Habana debe sentir eso como una prueba más de que la corrupción galopa desenfrenadamente, porque es imposible que los cubanos puedan gastar en libros mucho más de lo que obtienen honradamente con su trabajo.

A menos que detrás de esas compras algún departamento que se dedica a cosas secretas, y reparta el dinero entre sus fieles para que las editoriales extranjeras presentes en la Feria se lleven la errónea impresión de que en Cuba hay un alto nivel de vida que da la posibilidad de comprar muchos libros a los niños.

De todas formas, una Feria del Libro entre imponentes murallas es algo kafkiano. En lo que han denominado áreas exteriores de esa fortaleza colonial, está situado el gran Cristo de La Habana, donde hay un amplio espacio abierto al aire libre. Ahí pudiera situarse la Feria del Libro. ¿O es que se teme que esa escultura de mármol blanco, veinte metros de altura y 320 toneladas de peso que mira hacia la ciudad desde el 25 de diciembre de 1958 sea el símbolo más atractivo?

Por otra parte, los libros, aunque fueran baratos, rodeados de antiguos cañones -posiblemente muy a gusto con los militares en el poder- no logran terminar con el lamento, no borran el recuerdo de los muchos que sufrieron dentro de los muros de la Cabaña.


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