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POLITICA
Escritores, artistas, pavones y sergueras
Guillermo Fariñas, Cubanacán
Press
SANTA CLARA, CUBA - Enero (www.cubanet.org)
- Dice un viejo proverbio chino: "Lo que
ya ocurrió, obligatoriamente volverá
a ocurrir". Esto es tomado a pies juntillas
por los funcionarios culturales de las instituciones
artísticas gubernamentales, a través
de las cuales se controlan a los artistas dentro
de la Isla.
Relatan los intelectuales y creadores más
viejos que en las décadas de los años
sesenta y setenta del pasado siglo, ellos contaron
con la ayuda de la heroína del asalto al
cuartel Moncada, Haydée Santamaría,
conocida cariñosamente como Yeyé.
Algunos artistas con "problemas políticos",
homosexuales, desviados ideológicamente
encontraron apoyo en esta mujer.
Otros, rebeldes en sus estilos a la hora de manifestar
su creatividad, como Silvio Rodríguez,
por citar un ejemplo, también contaron
con el apoyo de Yeyé. Silvio, Pablo Milanés,
Noel Nicola, Leo Brower fueron, junto a otros,
los fundadores de ese importante movimiento conocido
como Nueva Trova.
Haydée Santamaría forma parte de
la historia. Se suicidó el 26 de julio
de 1980, dicen que como protesta por los actos
de repudio que desató el gobierno contra
la población luego de los sucesos de la
embajada de Perú y Mariel.
Hoy, desde su cargo como directora del Centro
Nacional de Educación Sexual, Mariela Castro,
hija del general Raúl Castro, se presenta
para algunos como la Yeyé de estos tiempos.
Hace poco, la licenciada en Psicología
sostuvo un careo con Ernesto López, director
del Instituto Cubano de Radio y Televisión,
a raíz del intento de López de suspender
la telenovela cubana La cara oculta de la luna,
con el argumento de que era una profanación
de los principios presentar por televisión
la homosexualidad y la desintegración de
una familia por esa causa.
Por otra parte, muchos se sintieron ultrajados
por la aparición en televisión,
a finales de diciembre de 2006 y principios de
enero de este año, de Jorge Serguera, Luis
Tamayo y Armando Quesada, que jugaron un papel
relevante durante la represión cultural
de los años sesenta y setenta.
El conato fue de padre y muy señor mío,
desde el despacho del ministro de Cultura, Abel
Prieto, pasando por el intercambio epistolar de
algunos artistas privilegiados con acceso al correo
electrónico, quienes alertaron a sus colegas
en el exterior, hasta las páginas del periódico
Granma.
Entonces reapareció en la escena la señora
Mariela Castro, quien dio la razón a los
asustados artistas e intelectuales, e hizo pública
una carta donde afirmó que "las experiencias
negativas del pasado no han sido suficientemente
esclarecidas, ni oportunamente normadas, y eso
es lo que me preocupa."
Algunos piensan que Mariela está tratando
de resarcir con su conducta las culpas de su padre
y su tío, asumiendo la defensa de artistas,
escritores y homosexuales.
La falta de información de la realidad cubana
la hace tan compleja, que no nos queda otro remedio
que aceptar los buenos oficios de la señora Castro.
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