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CÁRCELES
DE MUJERES
Entrevista realizada en Miami por Jacobo Machover
en agosto de 2006
PARIS, Francia (Jacobo Manchover) - Son cuatro mujeres,
que cumplieron penas de cárcel que iban desde cuatro años
a nueve años. Tres de ellas fueron detenidas en los primeros
años de la revolución, en 1960 y 1961, la otra en
1992. A la mayoría les robaron su juventud. Todas se expresan
sin odio, en presencia de Blanca González, madre de Normando
Hernández, uno de los setenta y cinco presos de la «
primavera negra » de 2003. Desde principios de la revolución,
la represión fue la misma. Nunca ha habido ninguna pausa..
A través de las generaciones, todas comparten la misma experiencia,
el mismo dolor. El reclamo de justicia es una constante en ellas.
Lidia Pérez: En diferentes tiempos coincidimos
tres de nosotras en las mismas cárceles, y otras veces no.
Cuando una llega va al G2, a Villa Marista, la sede de la Seguridad
del Estado, que es el lugar de los interrogatorios, el lugar de
las torturas, donde te sacan por la noche, no te dejan dormir y
te presionan.
Yo caí con varios miembros de un grupo de
oposición al régimen. Nos cogieron y nos pusieron
toda la noche en interrogatorios. Nos ponían en un cuarto
muy frío o nos ponían una luz arriba, y nos hacían
preguntas para desquiciarnos, con una pistola en la mesa. Así
eran sus métodos de amedrantamiento, la noche entera. Casi
todos fuimos condenados. Después fuimos trasladados hacia
el vivac de Guanabacoa. Era lo que existía en 1961.
Manuela Calvo: Aunque no hubo mujeres fusiladas,
tuvimos compañeras que recibieron torturas fisicas. A veces
las torturas morales son más fuertes que los golpes: las
requicias que nos hacían, las separaciones. A cualquier hora
del día se llenaban los pasillos de militares, y entonces
nos quitaban las poquitas cosas que teníamos, por ejemplo
para cocinar. Nosotras teníamos un ladrillo, le poniamos
una resistencia y lo conectábamos para así poder comer
algo caliente. Y esas cositas, todas, así como los libros,
se las llevaban. Y después volvían a hacer lo mismo.
Pero ésas no son las cosas peores. Las almohadillas sanitarias
no nos las daban. La atencion médica no nos la daban. Cuando
yo tenía ataques de asma mis compañeras comenzaban
a gritar para que vinieran a atenderme. Igual era cuando pasaba
con otra presas: todos los pabellones, a gritos.
Las enfermeras que teníamos eran jóvenes.
Las habían graduado en pocos meses, sin práctica alguna.
Cuando venían a inyectarnos no sabian ni coger una vena.
A una compañera se le infectó una inyección
y se le pudrió una nalga, del hielo que se puso intentando
remediar la infección. Le cabía una mano ahí,
del hueco que se le hizo. Se salvó de milagro, porque no
le daban asistencia médica. Después de nosotras protestar
por dias, vinieron a atenderla. Hoy se ha quedado con un hueco.
La Internacional y Siberia
María Cristina Oliva:-Una de las amenazas
más grandes era ponernos con las presas comunes. A un grupo
de nuestras compañeras las pusieron de castigo en el mismo
pabellón con las comunes. Lo que nos decían era que
nos iban a poner con las presas comunes para que nos violaran. También
nos obligaban a salir a trabajar. Pero, gracias a Dios, las presas
comunes nos respetaban como políticas.
Manuela Calvo: Otra de las torturas era ponernos
La Internacional, mañana, tarde y noche. Nos la ponían
a todo volumen, tanto que a algunas de nuestras compañeras
se les reventaban los oídos.
Un día, cuando estábamos en la prisión
de Guanajay, nos castigaron porque se fugaron seis personas. De
milagro, porque de allí no había quien pudiera fugarse.
Cogieron a sesenta y cinco de nosotras y nos mandaron de castigo
para las montañas de Baracoa, en el Oriente de Cuba, en el
otro extremo de la isla. Nos monteron en un avión diciéndonos
que íbamos para Siberia. Después, cuando nos bajaron
en el areopuerto de Santiago de Cuba, nos esperaban militares con
las bayonetas caladas.
De la prisión de Guanajay nos habían
sacado a golpes. No estábamos en el mismo pabellón,
nos encontramos en el avión. Nos sacaron a golpes porque
como nos dijeron que íbamos para Siberia no queríamos
salir. Nos metieron en camiones blindados del Ejército y
nos llevaron a un aereopuerto militar. No podíamos ver nada
desde dentro de los camiones. Cuando llegamos pusieron frente a
nosotras a estudiantes de secundaria básica para que nos
gritaran “¡Paredón!” y nos insultaran y
nos tiraran papeles.
Lidia Pérez: Allí nos tuvieron en pleno
sol durante varias horas al mediodía. Nos dieron golpes también
y montaron a algunas en los aviones. Otras tuvimos que esperar hasta
el otro dia.
Con nosotras iba una presa que había parido
hacía sólo quince días. La bebita recién
nacida iba con nosotras porque la madre no tuvo tiempo de avisar
a la familia para entregársela.
Manuela Calvo: Cuando llegamos a Baracoa nos encontramos
con una prisión muy antigua, construida en la época
colonial. Y nos metieron en cinco galeras. Como estábamos
tan lejos, la familia venía muy poco.
Ésa fue la época de la crisis
de los misiles, en 1962, cuando dinamitaron las circulares en la
prisión de Isla de Pinos. A nosotras, las sesenta y cinco,
nos llevaron para Baracoa. Si pasaba algo nosotras éramos
las escogidas para ser sacrificadas.
Después, luego de muchas protestas nuestras,
nos trasladaron para la prisión de Guanajay otra vez. Nos
llevaron de regreso en camiones y de pie durante veinticuatro horas.
Nos aguantábamos y auxiliábamos unas a las otras.
Cuando llegamos a la prisión, nos estaban esperando dos hileras
de guardias, entre milicianos y reclutas del Ejército. Cuando
bajamos comenzaron a darnos golpes, y nos desnudaron para revisarnos.
Nos tuvieron de castigo un año, sin visitas y sin nada.
Carmen Arias: Yo estuve en una prisión de
mujeres llamada “Manto negro”. Su verdadero nombre es
“Prisión de mujeres de Occidente”. Fue construida
por las mismas presas comunes y por presos también. Son muchos
edificios que están conectados entre sí, todos se
comunican. Son muy oscuros y en la distancia se ve como un manto,
es como un manto negro que lo cubre todo, por eso es el sobrenombre.
Así que uno se puede imaginar cómo es la cosa. Está
en el Wajay, cerca del Cacahual. Era una prisión de comunes
antes. Los guardias alentaban a las comunes para que agredieran
a las políticas. Tambien existió una prisión
de mujeres en una finca que había sido originalmente de una
presa y que se llamaba “América libre”.
Lidia Pérez: En el Hospital psiquiátrico
de Mazorra, había una sala para torturar a los presos con
electroshocks y descontrolarnos a todos. En nuestro tiempo había
casas en el Laguito donde torturaban a los prisioneros políticos
antes de los juicios.
Luego, en la prisión, te enviaban a celdas
pequeñitas con cuatro personas más, donde tenías
que hacer tus necesidades delante de los otros, y sin agua, porque
venía el agua una vez al día. Comíamos comidas
podridas. Y el agua de beber teníamos que esperar una hora
a que se asentara en las vasijas de tomar los líquidos porque
salía tan negra que parecía Coca Cola. Y cuando teníamos
castigos pasábamos hasta veinte horas sin comer.
Regalos de presos a mandatarios extranjeros
Manuela Calvo: A las presas politicas nos unieron
con las comunes para quitarnos el estatuto de politicas, para poder
decir que en Cuba no había presos politicos.
Todos los períodos fueron malos en Cuba,
hasta en la calle. Pero, cuando ellos le dicen al pueblo que se
prepara una invasión, entonces en todas las cárceles,
en cualquier período cierran las visitas, no dejan pasar
nada. En todas las etapas ha habido un momento en que se ha recrudecido
la vigilancia y la represión.
En otras épocas le regalan algún preso
a algún mandatario que viene, para hacer ver que todo está
bien.
Carmen Arias: Yo fui uno de esos regalos a Bill Richardson,
un congresista del Partido Demócrata de Estados Unidos. Richardson
pidió una lista de quince presos y le dieron tres. Y en esos
tres estaba yo. Me sacaron de la prisión directo para el
avión tres oficiales de la Seguridad del Estado.Yo no sé
por donde salí. Era una pista, sé que había
una barrera donde había un miliciano que la levantaba y bajaba.
Anteriormente, varias comisiones de derechos humanos
se habían interesado por mí. Una comisión integrada
por varias organizaciones, France Libertés, la Federación
Internacional de Derechos Humanos, Human Rights Watch entre otras,
me vino a visitar. Yo era la única mujer a quien pudieron
ver. Pero sus gestiones no dieron resultado conmigo.
Lidia Pérez: Yo me iba a casar cuando fui
encarcelada. Así que la vida me cambió totalmente.
Yo tenía dieciocho años. Ésa es la edad en
que todo el mundo quiere estar con los amigos, en fiestas y esas
cosas normales de la vida. A mí no me pudieron probar nada.
Yo fui presa por anticomunista, por convicción.
Hay personas que tenían niños chiquitos
cuando fueron a la cárcel. Otras que tenían hijos
que no los conocieron durante años. Los hijos después
más nunca les perdonaron porque consideraban que eso era
un abandono. Hay muchas situaciones de mujeres en que los maridos
las dejaron.
“Se repite la misma historia”
Blanca González:-Es triste escuchar a estas
mujeres tan valerosas que en los años 1960 hayan tenido que
pasar estas prisiones, pero la ha continuado Carmen en los años
1990. A lo largo de estos años se repite la misma historia.
Ayer fueron ellas, hoy es mi hijo. Se sigue repitiendo lo de los
años 1960, 1990, 2000.
Lo que pedimos nosotras es la liberación
total de Cuba, que haya justicia, porque todo el que tenga las manos
manchadas de sangre tiene que ir ante un tribunal y tiene que ser
castigado como la ley lo permita. Nosotras no queremos venganza,
pero sí una justicia legal ante un tribunal, que todos tengan
que responder ante la ley de todos los crímenes y de todas
las atrocidades que ellos han cometido. En el pasado como ahora
es el mismo tratamiento y son las mismas condiciones inhumanas.
Resentimiento contra los países de América
latina
Manuela Calvo: Hay distintas generaciones de presas
pero todas tenemos un mismo ideal y todas luchamos por lo mismo:
la libertad de Cuba, una patria igual a la que teníamos antes.
Con todo lo que un pais debe tener, con elecciones. Venganza no
queremos, pero justicia sí. Hay que llevar a los culpables
a los tribunales, juzgarlos y condenarlos como corresponde. Se les
podria perdonar el dia en que haya arrepentimiento, pero si no hay
arrepentimiento no se les puede perdonar.
Lidia Pérez: No queremos pena de muerte. Lo
que le corresponda a cada cual. De acuerdo con la ley, que se castigue
al que cometió un crimen.
Cuando esto caiga, estoy segura de que algunos de
los que están allá van a coger la justicia por sus
manos.
María Cristina Oliva: El resentimiento contra
quienes lo sentimos es contra los países de América
latina, que siendo nuestros hermanos, viniendo más o menos
de la misma cultura, se desentendieron de los problemas que teníamos
en Cuba, de la falta de libertad. Debieron apoyar más al
pueblo cubano en sus ansias de democracia.
Pero con el pueblo cubano no tenemos resentimiento,
porque ha sido la víctima. Los únicos culpables son
Fidel Castro y su camarilla.
Carmen Arias: Los victimarios se han convertido en
víctimas. Porque los hemos visto aquí, en Miami, los
mismos generales y oficiales de ellos que han tenido que salir huyendo
antes de terminar en el paredón de fusilamiento.
Cuando llegue el momento nadie sabe lo que va a
pasar, porque cada persona es un mundo y no se sabe cómo
va a reaccionar la gente.
Ahora, el que tenga las manos manchadas de sangre
tiene que pagarlo ante la justicia. Pero el que no las tenga tiene
derecho a participar en la reconstrucción del país.
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