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Lo
sagrado es el hambre
Por matar una vaca, El Lágrimas lleva
nueve años encarcelado y en peligro cada día por conseguir
un poco más de pan, unos cigarros…
Raúl Rivero, Madrid
Dice El Lágrimas que lo único malo
de soñar con mujeres es el ruido del candado que lo despierta.
Nunca le da tiempo de besar en la boca a ninguna. Rosa María
es la peor, porque cuando ya está arriba de ella, la tipa
llama al padre y grita que hay un hombre en el cuarto. Entonces,
el que viene es Mariano, el guardia, y da con el palo en la reja
y allí está otra vez Eladio Mestril Soto, alias El
Lágrimas, solo en el quinto piso de una litera, casi pegado
al techo de una galera con 39 presos.
Son ya nueve años en esa mahomía. Casi
sin comida, medio desnudo, en peligro, en la lucha por conseguir
un poco más de pan, unos cigarros, un cuchillo, aunque sea
de cartón, refresco en polvo, azúcar, cualquier cosa
que le dé fuerzas para pasar el día con la espalda
contra la pared o contra la reja, porque en esa jaula gigante hay
de todo y hay que estar gato.
Dice que él se entretiene, por el día,
con los tatuajes. Por las noches, trata de soñar con las
muchachas que conoció cuando estaba en la calle. Como La
Gaviota le dibujó seis lagrimones debajo de cada ojo, se
ganó ese nombrete trágico. La fama de bronquero y
conflictivo se la han dado los pleitos que le agregaron 14 años
a su condena original y el letrero que se tatuó en la frente
con tinta azul: "Eladio: por si me pierdo".
Dice El Lágrimas que quería casarse
y salió a matar una vaquita para completar. La mató
en una sola noche, en el potrero de una granja del Estado. Un trabajo
serio, un cuchillazo hondo y la vaca se quedó enseguida con
los ojos en la luna y la boca abierta.
Las descuartizó y la metió en unos
sacos, pero fue mucho el reguero de sangre. Al otro día la
policía le tocó en la puerta. Y dice El Lágrimas
que él pensó que no habría boda en largo tiempo
y que Rosa María no lo iba a esperar, porque ya nadie espera
a los presos. Cuando le echaron 12, le pidió a su hermano
que vendiera la ropa de salir, el sombrero y la cadena con la Virgen
del Cobre.
Soñar es lo que me queda, dice El Lágrimas,
soñar y meter miedo para que no me maten aquí. Yo
era un tipo normal, pero por esa vaca mira donde estoy. Ni que esto
fuera ese país de allá afuera, en el que dicen que
las vacas son sagradas. Aquí lo sagrado es el hambre de la
gente y cualquiera se desgracia.
Voy arriba a dormir a ver si sueño con
Rosa María. A lo mejor esta noche no le da tiempo a llamar
al padre, dice El Lágrimas, y después grita desde
su quinto piso: "Aunque la muy cabrona se casó y tiene
tres hijos y a mi se me olvidó su cara".
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