| La
confabulación antidemocrática en pleno funcionamiento
MIAMI, FL, diciembre, (Miguel Saludes / www.cubanet.org)
-El reproche lanzado por Hugo Chávez a sus seguidores, a
los que responsabiliza del resultado obtenido en el referendo constitucional,
puede esconder algo más que la frustración que domina
al gobernante ante la derrota sufrida. Tras calificar la victoria
de sus oponentes, y a estos mismos, de manera vulgar, la emprendió
con los que desde las filas bolivarianas le asestaron lo que define
como golpe traidor. Según sus propias palabras el pueblo
venezolano no está maduro para el socialismo. Lo dijo como
el que ofrece un regalo de lujo, del cual no se han hecho merecedores
los destinatarios. ¿Para qué gritan ahora? Fue la
pregunta, casi despectiva, lanzada a los miles de seguidores que
coreaban Chávez no se va. La pose histriónica del
“Comandante”, como le vitorean sus partidarios, logró
calar en el sentimiento de estos cuando manifestó que gracias
a la actuación de los que no votaron por el Sí, ahora
tendría que irse una vez concluido su mandato. Incluso dijo,
podría tomarse unas vacaciones adelantadas, para que tuvieran
una idea de lo mal que iba a estar Venezuela cuando él dejara
las riendas del gobierno. Tal vez así los ciudadanos ganaran
conciencia del desastre que significaba la no aprobación
de las reformas socialistas.
La escena anterior recuerda la despedida del Comandante
cubano en los albores de la Revolución. Aquel simulacro de
renuncia significó el inicio de una larga estancia en la
cima del poder. El gesto desató el fervor de las masas y
la instauración de una dictadura que todavía perdura
a casi medio siglo. Chávez acaba de reeditar el acto. La
reacción de la fanaticada roja fue inmediata. Junto a las
declaraciones de mea culpa, mezcladas con llanto, se escuchan llamados
desenfrenados a luchar por el presidente. Los pedidos para acabar
con la libertad de expresión se confunden con el vocerío
histérico dirigido contra los responsables de esta vergüenza
aprovechada por el imperialista Bush. Solo faltaba la solicitud
de paredón a los “traidores” y “escuálidos”.
El corro callejero repite frases preocupantes como aquella que proclama
el poder para el pueblo. Y no es que sea malo que el pueblo tenga
poder, sino que ese deseo expreso pueda ser la señal esperada
por quien se abroga los derechos que le corresponden al soberano.
Existen otros detalles en el panorama venezolano
que no pueden perderse de vista en estos momentos. Son las opiniones
vertidas por los incondicionales externos del chavismo. Los que
le apoyan desde Cuba, quienes evidentemente esperaban el éxito
del SI, confiesan que Hugo les tenía mal acostumbrados con
tantos triunfos electorales. Parece que esta vez hasta el Supremo
de La Habana cayó en la trampa de la confianza excesiva.
Una vez superado el estupor se impone la justificación ante
el fracaso de la implementación democrática del socialismo
estilo cubano. La causa no puede ser otra que los golpes bajos,
externos e internos, dirigidos desde Estados Unidos. Los estudiantes
que llevaron la voz cantante en la movida anti totalitaria son los
mercenarios de ocasión.
Por su parte los marxistas convencidos, no necesariamente autodefinidos
como castristas o estalinistas, señalan a otros enemigos,
causantes del descalabro. Los incriminados son los comunistas de
Venezuela, esos de línea dura que siguen a pie juntillas
el legado del Gran Timonel soviético. Los ataques más
fuertes van dirigidos contra la agrupación Bandera Roja,
acusada junto a su líder Gabriel Puerta de pro imperialista
y reaccionaria. Ahora resulta que los miembros de ese partido fueron
los protagonistas de los actos de violencia durante las pasadas
manifestaciones estudiantiles. Los supuestos izquierdistas moderados
enfatizan el papel jugado por el que definen como cabecilla principal
de los universitarios rebeldes, que para colmo se nombra Stalin.
Contradictoriamente señalan que el joven se destacó
desde edades muy tempranas en la lucha partidista y por su inclinación
pro castrista. Se respira aires de revanchismos. La lista negra
ha comenzado a cobrar forma sin importar las tendencias ideológicas.
No escapa nadie que haya aportado un grano en la derrota.
Otro comentario, hecho con aderezo troskista,
proclama que en la lucha contra el capitalismo no pueden existir
ambigüedades. Todo hay que hacerlo de manera bien radical,
elecciones incluidas. Según el criterio aparecido en Aporrea,
las urnas son un error clásico que ha costado el poder a
las revoluciones. Nada de teorías a lo Gandhi, procesos cívicos
o comisiones de la verdad. La incitación a la toma del mandato
a la brava resulta evidente en el análisis firmado por Franz
J. T. Lee de la referida página. La conclusión que
se desprende del escrito es que Venezuela debe descartar los métodos
democráticos, vicio capitalista, y emprender la construcción
del socialismo, sin importar los costos que ello signifique.
Por su parte las consideraciones aparecidas en un artículo
Rosa Miriam Elizalde, enviada especial de Juventud Rebelde al evento
del 2 de diciembre, ponen de relieve la amenaza que se levanta en
el horizonte venezolano. La periodista cubana señala que
de ahora en adelante no es posible para el proceso bolivariano mantener
el factor electoral como un peso principal en la adopción
de tácticas y estrategias que atañen directamente
a las necesidades y derechos de la población. Y añade:
“Un previsible objetivo para los tiempos que se avecinan será
incorporar otras vías movilizadoras que consoliden todavía
más la indudable vocación democrática de la
actual Venezuela.” Conociendo de donde viene el pronóstico
puede tenerse una idea sobre el contenido de la propuesta.
La postura de Chávez después de conocerse los resultados
del referendo, el ambiente creado entorno a la votación,
el enardecimiento de las pasiones entre sus partidarios, y una campaña
de criterios orquestada por diferentes tendencias de la izquierda
internacional, bajo la batuta inspiradora del castrismo, pueden
ser la punta del iceberg que aún no se ve en todas sus dimensiones.
Como bien nos recuerda la propia reportera del diario cubano, todavía
la nación venezolana debe navegar durante cinco años
en medio de peligrosas marejadas.
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