PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 27, 2007

PRISIONES
Sabor a infierno en el paraíso

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La descripción literaria de un mundo entre barrotes, donde la condición humana se convierte en cenizas de espejismos en las llamas de miedo de una celda, si bien cuenta con notables incursiones sobre el tema, ninguna profundiza en nuestra realidad como el cuaderno Huésped del infierno, de Jorge Olivera Castillo, Ed. Aduana Vieja, Valencia, 2007. Más allá del impacto causado en los lectores cubanos por libros como El sepulcro de los vivos, de Dostoyevski; El beso de la mujer araña, de Manuel Puig; Hombres sin mujer, de Carlos Montenegro.

El huésped del infierno en que fue convertido Jorge Olivera Castillo nos adentra en Cuba de hoy a través de un viaje alucinante donde el lector tiene pasaje de primera.

Los diez cuentos del libro, más allá de su interrelación temática, muestran una galería de personajes y hechos que, narrados al ritmo de las angustias provocadas por una pesadilla, colocan al lector frente a una versión actual de los círculos del infierno creados por Dante.

Narrado en primera persona, con economía de medios, ritmo trepidante, descripciones directas, y bajo el denominador común de una denuncia contra un bajo mundo visitado y vuelto a visitar literariamente por el escritor, el libro nos seduce más allá de su amarga incursión por la verdad y el dolor de mucha gente.

Desde el cuento inicial, Aquella primavera, en el que nos traslada, por medio de la introspección, de una tarde apacible a los fantasmagóricos y recurrentes sucesos y personajes de la cárcel, el juego con la realidad sufrida por el narrador apuesta a revelar sin distanciamientos éticos, fintas para evitar censuras, ni edulcoradas frases que arrullen al lector, todo el desgarramiento humano que permanece como una herida abierta en el centro de una prisión.

Mezclas de fantasía y testimonio hiperbolizados, sin alejarse de la realidad, los cuentos Epidemia, La Cena, Insomnio y Luna, sumergen al lector en el violento torbellino de unas pesadillas que giran rotas en el aislamiento de una celda, y llenan de terror y alucinaciones a esos huéspedes del infierno que retrata el autor.

Además, como un puente tendido entre la libertad y la cárcel, entre los sueños y la realidad, emergen los relatos Gretel, Jennifer y Misión incumplida, que a través de la retrospectiva armada por el recuerdo, revelan el antes y después de de la cárcel, la culpa o la inocencia que los tiene encerrados, y recorren insistentes el laberinto de frustraciones que arde como un cirio en esa tumba humana que se llama presidio.

Por último, este Huésped del infierno que fue Jorge Olivera Castillo ha puesto al desnudo, y en medio de la literatura cubana, este sabor a infierno que no podrá borrar ni el más fiel carcelero del paraíso inventado por los manipuladores de la verdad.


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