PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 27, 2007

SOCIEDAD
Crónica de sábado

Miguel Iturria Savón

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Para salir los sábados en La Habana, es preciso llenarse de paciencia, llevar un libro que alivie la espera, un desodorante para atenuar los olores y hacerse el sueco ante las barbaridades que dicen y hacen los jóvenes en cualquier medio de transporte publico. Lo digo por experiencia propia, pues tuve que visitar a un amigo de Parcelación Moderna, en el sudeste de la capital, y pagué con creces la osadía.

El colapso del transporte urbano nos deja en el limbo de la desesperación. Los ómnibus modernos apenas existen. Los autos viejos convertidos en taxis nos asfixian con el escape de gasolina y el ruido de sus motores infartados. A duras penas cubren el itinerario entre el casco histórico y El Vedado, y desde este barrio a Playa, Marianao, La Lisa o La Víbora.

Si se trata de ir a La Lisa, Boyeros, El Cotorro, El Calvario o La Güinera, es necesario el prólogo de las caminatas y habilidades adicionales para abordar una guagua, un "camello", una camioneta o un camión destartalado. En estos casos, se recomienda, además del dinero y la paciencia, un antídoto contra las ansiedades y un chaleco contra las búsquedas en los bolsillos, pues los carteristas aprovechan el tumulto y roban sin mascaras, pócimas ni cerbatanas.

Si abordas un camión de la década del cuarenta, como el que tomé en el puente de El Calvario hasta la entrada del Cotorro, hay que quitarse el reloj, esconder el miedo y hacerse invisible ante los aseres, ambias y moninas que improvisan un rap o un regetton al compás de palabrotas y empujones.

Para subir, basta aplicar las técnicas del abordaje, al estilo de los piratas y corsarios que asolaron las aguas del Caribe. En el vientre del "monstruo", se impone la lucha por el equilibrio y las argucias geométricas para evitar a los guapos de pasillo y a las damas que gritan con desmesura sin reparar en las disculpas de los "atrevidos".

Antes de bajar, es imprescindible tomar aire fresco por la ventanilla, evitar la ayuda inesperada de los carteristas y la imprudencia de maldecir al conductor o al pepillo que empujó al viejo desafinado, cantor de boleros en medio del tumulto y el choteo.

Viajar el sábado desde cualquier extremo de La Habana es un reto a la urgencia y una aventura peligrosa. Vencer las trampas del fin de semana sobrepasa las promesas de mejoría del transporte público. Si los funcionarios que culpan al "enemigo" por la falta de equipos y piezas de repuesto enfrentaran con responsabilidad la odisea de las multitudes, o montaran en "almendrones" y cacharros destartalados, tal vez las alternativas serian otras.

Por ahora, esperemos con paciencia.


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