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CULTURA
Las lecturas del deseo
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - A
seis años de la primera edición,
llega una segunda presentación de una antología
de poesía erótica cubana desde el
siglo 18 hasta el presente, seleccionada y presentada
por Víctor Fowler, poeta y ensayista cubano.
Más que una colección de piezas,
el autor nos muestra el discurso de una erótica
nacional a través del tiempo.
Es lógico que el ordenamiento de todo
un discurso poético basado en el erotismo
implique el establecimiento de un cierto canon.
Y para ello, el antólogo Fowler nos prepara
desde la nota para la segunda edición al
afirmar que: "Una antología es tanto
un ejercicio de poder como un acto de fe en la
capacidad de la escritura para convertirse en
una suerte de mapa del tiempo, también
es una punta de iceberg, pues lo presente oculta
centenares de páginas en ocasiones ingratas."
Por lo contrario, nada de ingrato regalan las
388 páginas de textos de los 152 poetas
que figuran en el libro. Además, como colofón,
recoge 13 cuartetas y 9 décimas que anteceden
22 textos de canciones muy conocidas de todos
en las que el erotismo rampante de sus textos
ilumina como fuegos artificiales los rincones
más oscuros de la imaginación.
Valor añadido posee asimismo por la extensa
muestra de poetas. La inclusión de autores
desde Rubalcava, Tanco, Zenea, Aniceto Valdivia,
pasando por Regino Boti, Sánchez Galárraga,
Juan Marinello, Virgilio Piñera, Samuel
Feijóo, José Lezama, Hilarión
Cabrisas, José Ángel Buesa; hasta
Luis Marré, los hermanos de Oráa,
Raúl Luis, Antón Arrufat, Baragaño,
Luis Rogelio Nogueras, Víctor Casaus, Efraín
Nadereau, Miguel Barnet, Delfín Prats,
Morán Llul, Jorge L. Arcos, Abilio Estévez,
y poetas más jóvenes, como José
Félix León, confieren al volumen
un carácter abarcador.
Atinadamente, Fowler recopila los textos de poesía
erótica de 35 autoras cubanas. Así,
no deja de lado la visión femenina de un
sentimiento que, del lado masculino, es reveladora,
en muchas ocasiones, como un terreno en propiedad,
como espacio en derecho del macho lujurioso. El
lector coincidirá conmigo cuando descubra
el aporte femenino a la mirada poética
cubana de lo erótico, como ocurre en Soneto
imitando una oda de Safo, de la Avellaneda, hasta
la complacencia de Mi sexo, de María Liliana
Celorrio.
Otro aspecto no menos importante de esta selección
de textos que le confiere una dimensión
abarcadora, es la inclusión de una poética
erótica de diferentes orientaciones sexuales.
En las páginas de La eterna danza,
título del volumen, hallamos un texto de
Buesa: Tendido sobre el lecho, donde se
muestra la autocomplacencia con el cuerpo masculino;
encontramos el atrevimiento del texto El hermafrodita
de Velletri, de Aniceto Valdivia; tropezamos con
el desenfado de Palabras de joven, de Virgilio
Piñera y el reconocimiento de la visión
incandescente de la adolescencia en Un muchacho,
de Francisco Morán Jul. La fiereza manifiesta
en Los Alfileres, de Mercedes Matamoros,
no deja de sorprendernos, o la mirada lasciva
del voyeur en Tautología y performance,
de Gerardo Fernández Fe.
Finalmente, basta anotar otro tanto al valor
intrínseco de la selección de Fowler,
al darle su beneplácito a nombres como
Francisco Morán Llul, Daína Chaviano,
Abilio Estévez, Jorge Luis Arcos, y otros
en el exilio, así como a Tania Díaz
Castro, que ejerce el periodismo independiente.
Algunos podrán argüir que faltan
textos; otros, que no están de acuerdo
con la apreciación del poeta y ensayista
Fowler, pero estimo que nadie podrá discutir
el calificativo de clásico dentro de la
literatura cubana al volumen en cuestión.
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