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CULTURA
En la esquina de la creación
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Para
los optimistas, la suerte está al doblar
de la esquina y sólo basta tropezar con
ella. En el ámbito musical cubano los ejemplos
son elocuentes, pues auténticos dinosaurios
del son fueron rescatados del olvido en el invierno
de sus vidas. Son los casos de los cantantes Ibrahim
Ferrer, Compay Segundo, Eliades Ochoa y hasta
Omara Portuondo, actual diva del Buena Vista Social
Club, quien ha sobrevivido a Ferrer y a Compay,
y aún derrocha maestría en las praderas
discográficas de un proyecto que traspasa
el ámbito comercial y demuestra el carácter
contagioso de la cultura.
En ese tono evocador transcurrió mi entrevista
con Justo Emilio Rueda, vocalista, compositor
y director de Palo Son, piquete de música
autóctona que ameniza los bailables del
cabaret Tropicana y se aferra al panorama sonoro
cubano, frente a la difusión desmedida
de lo foráneo, que deja a muchos artistas
del patio en la esquina del olvido y la penuria,
a pesar del talento y la ventaja de vivir en un
entorno cultural diverso y proteico.
Desde 1978 hasta 1996, Justo Emilio actuó
en los principales escenarios de Cuba y realizo
más de treinta giras internacionales. Fue
cantante de agrupaciones populares como Los Impactos,
Ireson, Neoson, Hermanos Izquierdo, Típica
Juventud, Los Chuquis y la orquesta Aragón.
En ese periodo grabo varios discos, popularizo
canciones de su autoría y alternó
con figuras como Israel Sardinas, Cándido
Fabrés y Pacho Alonso. En Venezuela, México,
Colombia e Islas Canarias intervino en espectáculos
junto a Oscar de León, Andy Montañés,
Johnny Ventura, Wilfredo Vargas y El Canario.
El cantante habanero recuerda con gratitud al
flautista Rene Lorente, a los vocalistas Pepe
Olmo y Bacallao y al violinista Dagoberto González,
arreglista de su antológica Muñeca
negra, incluida en el disco por el aniversario
50 de la orquesta Aragón. Evoca al orquestador
Orlando Cotilla y al estelar percusionista Tata
Guiñes, con quienes actuó en las
islas Martinica y Guadalupe. Recuerda también
su encuentro con Celia Cruz en Venezuela y valora
el papel de la gran artista en la difusión
de nuestros ritmos por el mundo.
Especial importancia le otorga a su permanencia
en Santiago de Cuba, tierra de soneros y trovadores
como Sindo Garay, Miguel Matamoros y Ñico
Saquito. "Allí baile y triunfe en
la casa del trompo, pues mi guaracha Se va bajando,
se va pegando fue escogida como tema del carnaval
santiaguero de 1984, en momentos en que los Karachi
y el maestro Adalberto Álvarez pautaban
el ritmo en la tierra caliente".
Al abandonar sorpresivamente la Aragón,
en 1996, Justo Emilio asumió el reto de
formar su propia orquesta (Palo Son), con la cual
grabó tres discos promocionales, difundió
nuestra música por varias islas del Caribe,
actuó en Radio Progreso, en los salones
de la Tropical y obtuvo un espacio permanente
en el capitalino hotel Riviera.
Pero las oscilaciones del turismo, el cierre
de numerosos centros bailables y el cambio de
los códigos en la difusión radial
y televisiva han dejado al artista en los bordes
del olvido. El autor de "Se soltó
el caimán", "Merengón
a Marianao" y otras composiciones que hicieron
época, no es un artista agotado, pero carece
de recursos propios para promover sus creaciones.
"Solo Eduardo Rocillo desde Radio Progreso
transmite a veces algunos de mis números.
Cuando aparezco en programas televisivos son grabaciones
viejas con la orquesta Aragón".
Con medio siglo de existencia y tres décadas
de labor profesional, Justo Emilio Rueda conserva
intacta sus posibilidades vocales e interpretativas.
Tal vez uno de esos turistas que disfruta de sus
actuaciones nocturnas en el famoso cabaret Tropicana
se convierta en el mensajero de la suerte. El
artista espera la señal de una disquera
en la esquina de la creación.
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