PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 18, 2007

CULTURA
El rey del llanto

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - En 1976 falleció en su casa de Guanabo el Rey del llanto, también calificado por algunos como el Midas de la lágrima. Pero Félix B. Caignet fue mucho más que eso. Representó una época en que la radio alcanzó en Cuba un desarrollo increíble como medio de comunicación.

Y como servicio principal de este medio, brindó el entretenimiento en bandeja de plata a una radio audiencia que se entregó en cuerpo y alma a disfrutar de la novela radial. Un fenómeno que comenzó y sentó bases duraderas en la isla antes que en ninguna otra parte.

El padre del folletín radial es sin dudas Félix B. Caignet. Un mérito poco recordado en Cuba socialista, donde los estragos de los políticos han borrado buena parte de la memoria histórica cultural del país.

Caignet fue autodidacto; compositor musical, escritor radial, productor de películas por cuenta propia.

A Félix B. Caignet la historia cultural cubana le debe canciones como Te odio, y la inmortal Frutas del Caney. Además, produjo el primer largometraje cubano sonoro de ficción en 1937, titulado La serpiente roja (aventura fílmica del personaje Chan Li Po, el detective chino), y una otros argumentos cinematográficos que lo llevaron a convertirse en el cubano que más guiones llevó a la pantalla grande.

Pero la fama se la dio la novela radial, sobre todo El Derecho de nacer, próxima a cumplir 60 años de en 2008, traducida al inglés, francés, portugués y hasta el chino. También gozaron de popularidad sus novelas Ángeles de la Calle, Los que no deben nacer, La mujer que se vendió, Morir para vivir, El monstruo en la sombra, La Fuerza de los humildes, entre otras producciones. Con ellas, el escritor cubano impuso una nueva dramaturgia.

Habrá quien diga que sus obras eran ramplonas, pero sus trabajos hay que analizarlos dentro del contexto en que los produjo. No obstante, todas gozaron de una formidable comunicación con el público. En este sentido, las obras de Caignet se adelantaron a lo que hoy se produce. De hecho, Félix B. Caignet fue un verdadero experto en la comunicación de masas, teoría estructurada muchos años después de su retiro artístico.

Evidentemente, Félix B. Caignet no cabía en un país donde el arte tuvo, por obligación, que servir a la política, y padeció por eso el más vergonzoso ostracismo.


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