|
SOCIEDAD
CIVIL
A través del Vitral (I)
Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La
noticia del cierre de la revista Vitral ha causado
honda pena entre los católicos laicos y
la población cubana, tanto en la Isla como
en el exilio. La aflicción está
justificada. Vitral se ha ganado el respeto y
la admiración de los cubanos. Un adecuado
balance informativo que da cabida a los más
diversos temas y opiniones, son los motivos de
las preferencias entre el público lector.
Publicación bimestral de la diócesis
de Pinar del Río, debía cumplir
su décimo tercer aniversario este año.
Los diez mil ejemplares destinados a los suscriptores
pasaban de mano en mano, multiplicándose
de manera incalculable entre una población
ávida de conocer puntos de vista diferentes
a los que ofrece la prensa oficialista, que por
su machacona insistencia y alejamiento de la realidad,
provocan el hastío y la indiferencia del
público lector.
Recuerdo que los presos comunes con los cuales
compartía prisión me asediaban para
leer la revista. Una delación me hizo objeto
de requisa, y me incautaron dos ejemplares, bajo
pretexto de poseer propaganda enemiga. Conversando
recientemente con Juan Carlos González
Leyva, ex preso de conciencia y opositor pacífico,
me refería que en las prisiones del interior
del país las autoridades carcelarias perseguían
con saña a la revista. Parece como si la
luz de la verdad a través del vitral de
la revista suscitara el espanto de los carceleros.
La publicación, dirigida por el laico
Dagoberto Valdés, era vitrina expositiva
de lo que debiera ser la futura prensa en una
Cuba democrática, comprometida únicamente
con la verdad y la objetividad.
Las razones que se ofrecen para el cierre de
la publicación, implícitas en una
breve nota del número 78, correspondiente
a marzo-abril, no son convincentes; semejan pueriles
argumentos.
Es absurdo pensar en la falta de recursos como
motivo. De seguro sobran en el mundo comunidades
católicas conscientes de la importancia
de Vitral, dispuestas a correr con los gastos
de su edición. Tal es la opinión
del laicado y de los cubanos en general.
Lo cierto es que en los últimos años
se observa una actitud demasiado contemplativa
por parte de la Conferencia Episcopal. Ello, con
razón o sin ella, suele asociarse a la
persona del cardenal Jaime Ortega y a otros obispos
de tendencia exageradamente prudencial. Lo más
delicado del asunto es que la excesiva prudencia
tiende a interpretarse, en las actuales circunstancias,
como complicidad, porque en la situación
del país la distancia entre ambas es muy
tenue.
No se trata de ver convertida la Iglesia en una
tribuna política, porque ello, además,
es inútil. Además de inútil,
es locura, ya que estaría fuera de su razón
de ser, delineada por su misión pastoral
y evangelizadora, que anuncia, llama y congrega
en pos de la edificación del reino de Dios.
Ahora bien, nada de lo que atañe al hombre
puede ser ajeno a la Iglesia Católica.
Esta es una de las hermosas características
que la distingue de otras confesiones cristiano-protestantes.
Es la única poseedora de una doctrina social
que la aleja del totalitarismo e inclina su voluntad
a favor de la democracia, asignándole a
cada miembro un deber y un papel en la vida social
y política de la nación o comunidad.
Los ecos de la carta episcopal "El amor
todo lo espera", de 1992, por su importancia
cívica y teológica, aún resuena
en los oídos de los hijos de Cuba. Esto,
unido a la prédica de Juan Pablo II en
su visita de enero de 1998, son motivos que mueven
al amor y al compromiso. Los grandes retos y dificultades
que afectan al cubano, de aquí y de allá,
están reflejados en las homilías
que pronunció ese santo peregrino de la
esperanza. También las quejas, privaciones,
anhelos; todo ello expresado en un lenguaje amoroso,
que sin faltar a la verdad, señala y reprocha
sin intención de anular o estigmatizar,
sino de lograr la necesaria enmienda o rectificación.
A través del Vitral (II
y final)
|