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SOCIEDAD
CIVIL
Inquisición sobre Vitral
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - El
cierre de una revista socio cultural siempre muestra
ante el criterio público la vergonzosa
imposición de la censura. La opinión
otra, el camino nuevo, deben ceder sus alas al
pájaro de mal agüero de un totalitarismo
de salón.
No importa que se esgrima la socorrida falta
de presupuesto, el ya gastado ardid de "ahora
no es el momento", ni la fiera sutileza de
que sirves de abono al enemigo, pues la cuestión
es sólo una: o te sumas, o te resto.
Y bajo este axioma macabro de la intolerancia,
ha rendido sus armas el humanismo amplio y plural
de la revista Vitral, editada por el Centro de
Formación Cívica y Religiosa de
la diócesis de Pinar del Río.
Concebida por su director, Dagoberto Valdés,
como un grano de sal, un fermento en la inmensidad
de la masa en el seno de la sociedad civil, la
revista Vitral, por única y diferente,
fue arrastrada por los inquisidores del verbo
de los brazos de la oposición política.
Nacida en 1994, en medio de las llamas políticas,
sociales y económicas dejadas por el derrumbe
del campo socialista, la revista Vitral, a través
de la religiosidad, el humanismo y la búsqueda
de una alternativa cívica en medio del
caos de la masificación y el atrincheramiento
de las ideas en el país, fue sumando lectores
deseosos de llegar al fin del viaje por los caminos
de la verdad.
Y este gesto ético nunca tendrá
cabida en las muecas fecundas de una censura que,
si bien a punto de morir, enfila sus últimos
zarpazos contra la libre expresión del
pensamiento que convirtió las páginas
de Vitral en un rayo de luz en medio de la oscuridad.
Se veía venir. Muchos se preguntaron cómo
duró tanto después de las diatribas
lanzadas por el régimen contra Dagoberto
Valdés y la publicación, y luego
del cierre de la revista Espacio (también
católica) por "falta de presupuesto".
Participantes de los diversos cursos que se impartían
en el Centro, así como colaboradores directos
en la confección de Vitral, auguraban el
cierre de la misma desde que monseñor Ciro
dejó el báculo al sucesor.
Cuestionamientos por parte de la más alta
jerarquía de la iglesia católica
en el país, sumados a las presiones del
gobierno a través del Departamento de Asuntos
Religiosos del Comité Central del Partido
Comunista de Cuba, fueron algunas de las razones
expuestas por el periodista independiente Carlos
Ríos, alumno del Centro, que llevaron al
cierre de la revista.
Los 10 mil suscritores de la publicación
en Cuba, otros en varias comunidades de cubanos
en el exilio y en universidades de Estados Unidos,
México y España, fueron también
motivos para coartar esta muestra de libertad
que escapaba al control oficial.
Encerrados a cal y canto entre las paredes de
un discurso unidireccional, sumidos en la retórica
de un espacio para todos, donde se singularizan
los conceptos, la clausura de Vitral es un golpe
demoledor de la inquisición contra el pensamiento
libre.
A la espera de que los matices de la libertad
que se filtraban a través de sus páginas
vuelvan a desterrar la penumbra, los lectores
no se resignan a decirle adiós a ese rayo
de luz que no cesa, aunque intenten apagarlo,
una y otra vez.
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