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CULTURA
Suite Habana: realidad en colores
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - De
las treinta películas cubanas que el gobierno
prohibió proyectar en la televisión
durante largos años, para sorpresa de muchos,
dos se han podido ver en días pasados:
Diario de Mauricio, de Manuel Pérez,
y Suite Habana, de Fernando Pérez.
Faltan veintiocho.
A decir verdad, muy claros han estado los censores
del régimen al prohibirlas. Diario de
Mauricio es una prueba contundente del fracaso
del socialismo cubano. Suite Habana le
pone la tapa al pomo. A esta última voy
a referirme.
La clave del filme Suite Habana radica
precisamente en su nombre. Está compuesta
de una selección de fragmentos de nuestra
realidad social, extraídos de una obra
-la llamada Revolución Cubana- de larga
duración, las que servirán de ejemplo
para el futuro.
Aquellas excelentes fotos de escenas rurales
realizadas por Raúl Corrales y Alberto
Korda en los años cincuenta del siglo pasado,
donde se ve una linda niña campesina abrazada
a un pequeño tronco de madera que le servía
de muñeca, niños descalzos, campesinos
con las ropas raídas, bohíos destartalados;
en fin, la miseria del campo cubano, son un pálido
reflejo ante lo que nos muestra Suite Habana:
todo lo que vivimos cada día en nuestra
capital, plasmado en una fotografía magistral
y que supera con creces la pobreza y el dolor
de aquellas otras del lejano pasado, las que no
se reproducen en los medios de prensa porque podrían
parecer fotos actuales.
Fernando Pérez, también guionista
del filme, posee un gran talento. Se propuso hacer
buen arte y lo logró con su Habana.
No necesitó montar escenarios ni agregar
diálogos. Una cámara solamente le
hizo falta, y que los capitalinos le abrieran
de par en par sus puertas para que la calidad
de vida del cubano pudiera sobrecoger al más
duro de corazón.
Suite Habana servirá para que las
generaciones de un futuro libre no olviden el
desgarrante pasado de nuestra capital: el médico
que trabaja de payaso para ganar algo más
que un salario humillante, el profesor de marxismo
mostrando su miseria y su tedio después
de más de medio siglo de revolución
socialista, la tristeza del zapatero, del travestí,
de la anciana, que como miles en La Habana vende
cucuruchos de maní por las calles.
Todo llora en Suite Habana: las calles
por rotas, los edificios a punto de caerse, la
mortecina luz del Morro, la abulia del cubano
de a pie.
Pero algo le faltó a Fernando Pérez
para que completara nuestra realidad social: las
residencias de la antigua aristocracia en manos
de la nueva clase del país. Sólo
así hubiéramos podido ver en colores
y de forma brutal la desigualdad que se oculta
a todos.
Pensé, por la nostalgia que sufren millones
de cubanos separados de la Isla, que a ellos está
dedicado este filme. Así termina, con las
estrofas finales de la melodía Quiéreme
mucho, del maestro Gonzalo Roig, cantadas
con la cámara desde el Norte: Es imposible,
mi cielo, tan separados vivir
tan separados,
vivir.
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