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CULTURA
¿Por qué no tocar con Santana?
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Nadie
se asombró demasiado cuando, allá
por 1971, prohibieron la música de Santana
en Cuba. Luego de prohibir una década atrás
a Elvis y los Beatles, los dirigentes cubanos,
a raíz del Congreso de Educación
y Cultura, elaboraron un listado de artistas proscritos
que incluía a cantantes como José
Feliciano, Roberto Carlos y Julio Iglesias, entre
muchos otros.
Ya se había hecho habitual que los comunistas
prohibieran todo lo que gustaba: la Navidad, el
Día de Reyes, los pantalones estrechos,
las misas, la lotería, la langosta, las
melenas, el gogó, Micky Mouse y el Pato
Donald.
No obstante, recuerdo que sufrí con la
prohibición de Santana. Su guitarra de
hechizo, el contagioso ritmo afro latino de las
pailas de Chepito Arias y las congas de Mike Caribello
sumado al órgano Hammond de Gregg Rollie,
me volvían loco por aquellos días.
Santana, con Blood, Sweat and Tears y Chicago,
llegaron justo a tiempo para consolar a los que
pensábamos que el mundo se iba a derrumbar
cuando se separaron los Beatles.
Pero donde ordenan mandarines no hay rockeros
ni diversionismo ideológico que valgan.
Los cargos contra Santana eran graves. Además
de estar prohibidos por "decadentes y fumadores
de marihuana", los acusaban del saqueo indiscriminado
del patrimonio musical latinoamericano al servicio
de las grandes disqueras yanquis.
Por entonces, la prensa cubana refería
solidaria que el régimen militar del general
Velasco Alvarado (un amigo de la revolución)
había impedido que Santana realizara un
concierto en las ruinas de Macchu Pichu. Los expulsaron
del país porque los gorilas patones y zurdos
del general Velasco (que no querían capitalismo
ni comunismo y tampoco bailar al compás
de "Oye como va") pensaban que la presencia
de Santana en Perú era más nociva
que una invasión de los marines.
Más de 35 años después,
sorprende la tormenta de repulsa de exilados cubanos
contra Carlos Santana. La motivó la invitación
que le hizo la cantante cubano americana Gloria
Estefan al famoso guitarrista para que participe
en su disco 90 Millas.
Carlos Santana se lo buscó. El exilio
cubano se ofendió cuando, hace un par de
años, el músico apareció
en la premiación de los Oscar con una camiseta
de Ché Guevara, para tocar junto a Antonio
Banderas la canción Al otro lado del río,
tema de la película Diarios de motocicletas.
No quiero hacer de abogado del diablo, pero de
cierto modo me siento en deuda con Carlos Santana
por los buenos recuerdos de la juventud y por
la excelente música que todavía
hace (aunque Supernatural y Shaman ya no sean
la maravilla que fueron Abraxas o Caravanserai).
No hay que exagerar con lo de Carlos Santana
y su camiseta. Dicen que los cubanos o no llegamos,
nos pasamos. Por algo será. Sería
el colmo que nos dé la manía de
organizar mítines de repudio por el mundo
contra todos los musulungos atrapados por el mito
y la mercadería guevarista.
¿De veras alguien se cree que con tanta
marihuana y meditación trascendental y
metido en la música hasta el cuello, el
Devadip Carlos Santana sabe algo sobre Ché
Guevara?
Igual pudo usar una camiseta con el rostro de
Chano Pozo (lo he visto en TV) o del Zunzún
Kurda. Concedamos a Santana que se ponga la camiseta
que desee usar y a Gloria Estefan el derecho a
escoger los invitados para su disco. Por no tener
alma de inquisidora, la cantante no va a dejar
de ser una buena cubana. La Estefan siempre ha
demostrado serlo con creces. ¿Para qué
exigirle combatividad al estilo cederista, pero
al revés?
En caso contrario, los que repudian a todos los
que no piensan como ellos -o no saben elegir a
quién llevan en la camiseta-, acabarán
pareciéndose asombrosamente a los comisarios
políticos que una vez prohibieron a Santana
(qué casualidad), las Navidades, los Beatles
y al Pato Donald.
luicino2004@yahoo.com
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