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POLITICA
Llover sobre mojado
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Las
evidencias de que la política española
hacia Cuba ha tenido un cambio radical en los
últimos tiempos son aplastantes. Los hechos
demuestran que se ha dejado de priorizar la preocupación
por la constante violación de los derechos
humanos, sustituyéndola por una atención
especial a los intereses económicos, financieros
y comerciales hispanos en la isla.
Con respecto a las administraciones de Felipe
González y José María Aznar,
la interlocución entre la embajada española
en La Habana y los demócratas que se esfuerzan
por lograr el respeto a los derechos humanos es
casi inexistente. España ha pasado a ser
uno de los países de la Unión Europea
que brinda menos apoyo moral y solidaridad a la
disidencia pacífica. A esto se añade
el pobre papel de la actual administración
española en las cumbres iberoamericanas.
En las realizadas en Salamanca y Montevideo, España
propició documentos con evaluaciones parcializadas
acerca de la situación cubana, soslayándose
los sufrimientos del pueblo cubano causados por
casi 50 años de totalitarismo.
El colofón de este proceso se ha producido
recientemente con la visita de la delegación
encabezada por el canciller Miguel Ángel
Moratinos, quien ignoró a la oposición,
mientras se refería a Felipe Pérez
Roque, ministro del totalitarismo, como su gran
amigo. Como si fuera poco, después de su
salida se trató de manipular a la disidencia
mediante la convocatoria a una reunión
con un funcionario de Relaciones Exteriores en
la sede diplomática de España, con
el evidente objetivo de tratar de limpiarse la
cara ante la opinión pública española
e internacional, como si los cubanos fuéramos
tontos y no tuviéramos dignidad. Maniobra
burda que recibió el rechazo de las organizaciones
disidentes y los presos políticos.
Durante la visita del Sr. Moratinos, los asuntos
económicos, comerciales y financieros recibieron
la máxima prioridad, lo cual se aprecia
en el comunicado conjunto suscrito el 3 de abril.
La hoja de parra que trataron de colocar con el
establecimiento de un supuesto mecanismo de consultas
políticas, incluido un diálogo sobre
derechos humanos, cayó antes (www.cubanet.org)de
que se secara la tinta de la firma del acuerdo,
pues el Sr. Pérez Roque declaró
que en ese documento no se contemplan a los presos
políticos, y repitió sus calumnias
sobre quienes hoy sostienen las banderas de la
libertad y la democracia en Cuba.
Todo hace indicar, si no se demuestra lo contrario,
que esta visita refleja el agradecimiento al totalitarismo
caribeño por constituir el tercer mercado
en América Latina para las exportaciones
españolas, las cuales crecieron en un 30,0%
en 2006 en relación con el año anterior.
Asimismo, podría ser el apoyo a empresas
españolas establecidas en Cuba y a sus
lucrativos negocios, efectuados en un perfecto
clima de ¨tranquilidad laboral, sin que los
trabajadores tengan derecho a la huelga, libre
sindicalización, y sobre todo, a que pueden
ser cesanteados al menor reclamo. Todo esto sin
mencionar el maridaje de las empresas hoteleras
españolas con el totalitarismo en la implantación
de un severo apartheid turístico contra
los cubanos; una cadena de violaciones de acuerdos
internacionales suscritos por España dentro
del marco de la Organización Internacional
del Trabajo, y de derechos humanos en la Organización
de Naciones Unidas. Sería oportuno conocer
los criterios de la Unión General de Trabajadores
(UGT) y comisiones obreras al respecto.
A pesar del grado de sordera política
oficial, la disidencia pacífica cubana,
en su inmensa mayoría, desde una posición
moderada y razonable, no se ha opuesto a los contactos
oficiales ni a los intercambios económicos,
comerciales, culturales y de otra índole.
La historia enseña que los vínculos
directos entre los pueblos y naciones son instrumentos
efectivos en la lucha por la democratización
de las sociedades, porque promueven el intercambio
de conocimientos e información. No son
casuales los esfuerzos del régimen cubano
para impedir a los ciudadanos el acceso a Internet,
la televisión y la prensa extranjera. Sin
embargo, establecer vínculos con un régimen
totalitario en los que prime la complacencia e
intereses mezquinos, soslayando el sufrimiento
del pueblo, es algo muy distinto.
El irrespeto a los luchadores por la democracia
y los derechos humanos en Cuba es también
una paletada de lodo al digno pueblo español
que tanto sufrió en épocas no muy
distantes a causa del totalitarismo y, muy en
especial, a la militancia socialista del partido
fundado por Pablo Iglesias en el siglo XIX, que
tanto ha luchado en España junto a otras
fuerzas políticas en defensa de los intereses
de los trabajadores, la libertad y la democracia
para todos los ciudadanos.
Hoy, el gobierno español en modo alguno
puede ser un referente en la Unión Europea
sobre asuntos cubanos. En todo caso, podrá
representar los intereses del totalitarismo porque
no tiene otro punto de vista que el del régimen.
El único saldo positivo ha sido que el
desconsiderado gesto contribuyó a unir
a la disidencia y que de todas las cárceles
cubanas surgiera al unísono un clamor de
reprobación y condena.
Sería injusto olvidar la solidaridad recibida
de muchos españoles por encima de ideologías
en estos tiempos difíciles para los cubanos,
incluida la ofrecida por muchos turistas que,
por iniciativa personal, han visitado nuestras
casas para alentarnos en la lucha. Tampoco puede
dejar de mencionarse que la propuesta del Premio
Sajarov a la Libertad de Conciencia de la Unión
Europea para nuestras Damas de Blanco, surgió
precisamente de eurodiputados españoles.
Esperamos que las actuales autoridades de España
recapaciten y, al menos, hagan una declaración
pública de reconocimiento del grave error
cometido. Esperamos que la embajada española
deje de ser una de las últimas en el apoyo
y la solidaridad a quienes se esfuerzan por lograr
el respeto de los derechos humanos y la democracia
en Cuba, así como que España se
sitúe entre los países que, por
encima de los intereses económicos, honren
sus compromisos internacionales en materia laboral
y de derechos humanos.
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