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POLITICA
Seremos libres
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Los
cubanos arrastramos el enorme lastre de ser isleños,
lo cual significa que estamos enclaustrados por
las fuerzas del mar y las armas, y para escapar
del encierro tenemos que arriesgar nuestras vidas
en el Estrecho de Florida, procurar un pariente
que nos reclame desde algún país,
una ciudadanía por herencia o un matrimonio
con extranjero, o ir a la cárcel.
Se nos niega la libre información para
que continuemos creyendo que vivimos en el mejor
de los mundos posibles, aunque ya la mayoría
lo duda por la precariedad de la vida cotidiana.
Ni radios de onda corta, ni televisión
extranjera, ni teléfonos móviles,
ni equipos de fax, ni Internet, que representa
-según las autoridades-un peligro para
la humanidad. No amigos extranjeros y pocos turistas.
Caudillos hemos tenido a lo largo de la historia
como buenos latinoamericanos, dignos herederos
de los españoles. El pueblo fue alegre,
bullicioso y emprendedor, pero apacible y crédulo.
Tuvo grandes ilusiones con una revolución
que en 1959 le ofreció el Edén,
si se sacrificaba por corto tiempo y creía
ciegamente.
Cuba tuvo una metrópoli, España,
que gozó del privilegio de la insularidad,
el garrote y la reconcentración de Valeriano
Weyler para retener la "Joya de la Corona",
última colonia en sublevarse y finalmente
desgajarse a fines del Siglo XIX. Contó
con un vecino en el Norte, hacia el que miraron
con admiración los criollos ansiosos de
emanciparse, unas veces añorando la anexión
y finalmente la independencia. Fue el principal
socio comercial desde entonces. Pero las circunstancias
en Estados Unidos no permitían asimilar
un nuevo estado esclavista, e iniciadas las guerras
de independencia cubanas retrasó los esfuerzos,
unas veces con amenazas a la metrópoli,
otras colaborando, al decomisar barcos con armas
destinadas a la guerra de independencia. Pero
los cubanos tuvieron una república en 1902
que poco a poco se despojaba de la tutela. Por
desgracia, en 1952 llegó la tiranía
de Fulgencio Batista.
Los cubanos iniciamos el siglo XXI atenazados
por la confrontación entre los gobiernos
de Estados Unidos y Cuba, y la llegada de España
con sus empresarios apresurados para que los yanquis
no ocupen nuevamente su lugar.
Poco antes de que la Unión Europea analice
nuevamente su posición hacia Cuba, el 2
de abril arribó el Sr. Ministro de Relaciones
Exteriores de España, escoltado por su
embajador en La Habana. Aduce que debe haber un
diálogo crítico para que Cuba se
abra y que la política de la UE, después
de la represión a 75 opositores durante
la Primavera Negra de 2003, fue un error. Claro
que fue un error levantar las medidas de la UE
sin nada a cambio, sólo el canto de sirenas
del astuto presidente cubano.
Ahora el dislate puede ser mayor. No nos llamemos
a engaños, el gobierno español en
el que muchos pusimos serias esperanzas, apuesta
por el petróleo cubano, más hoteles
y otros negocios. Conoce el peligro. Ya en Washington
los legisladores se mueven para levantar las prohibiciones
a sus empresas y ciudadanos, mientras se enfrentan
a los obstinados en mantener un absurdo embargo
ya prácticamente inexistente, utilizado
como pretexto para reprimir a los cubanos.
Indudablemente, muchos españoles han aprendido
con creces. Ya no son los emigrantes de boina
y alpargatas que llegaban a Cuba sin un céntimo,
y eran acogidos por este noble pueblo. En los
últimos 32 años han alcanzado el
desarrollo. No recuerdan que ellos tuvieron la
dictadura del Franco. Otros españoles sufren
ante tanto egoísmo.
Los cubanos que se resignen. Seguiremos siendo
rehenes de los intereses de allende los mares
y de los omnipotentes del totalitarismo tropical.
Continúen, señores extranjeros,
riendo las gracias a los gobernantes de Cuba;
sigan llamándose grandes amigos, pero no
engañen a los cubanos con sus cuentos de
que también han hablado sobre respeto de
los derechos humanos y de los prisioneros políticos.
Pamplinas. No se han preguntado cuántos
cubanos entrarán aún en las cárceles
y cuántas mentiras urdirán las autoridades
para mantener al pueblo cubano oprimido e impotente
ante la represión. Así no se contribuye
a la democratización.
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