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POLITICA
Cuestión de intereses
Aleaga Pesant
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - La
reciente visita del canciller español dejó
ánimos crispados entre los grupos promotores
de la democracia y defensa de los derechos humanos
de la isla. Replanteó la soledad de su
embajador en la Habana. Mientras, nos recordó
que existe un criterio internacional interesado
en tratar con los usurpadores de la soberanía
popular.
Las razones están ahí. La omisión
del ministro español del tema de los presos
políticos en sus conversaciones con las
autoridades cubanas, y su negativa a recibir a
las Damas de Blanco, son costos muy altos que
tuvo que pagar su cancillería para restablecer
las relaciones con el gobierno cubano, sin saber
claramente si dicho gobierno, serio como lo demuestran
sus cuarenta y siete años de historia,
cumplirá lo previsto en las reuniones preliminares.
En opinión de algunos opositores como
Osvaldo Paya, Vladimiro Roca, Elizardo Sánchez,
Marta Beatriz Roque, Héctor Palacios, León
Padrón y Fernando Sánchez, la visita
de Miguel Ángel Moratinos estuvo validada
por la defensa de los intereses económicos
españoles; el rescate y discusión
de la abultada deuda comercial de Cuba, y la necesidad
de mantener un nivel de dialogo con las autoridades
de la isla.
La mayoría de estos opositores opina que
las concesiones que hizo el gobierno de España,
antes y durante la visita del ministro, no se
ajustan con el nivel de expectativas creadas.
La aquiescencia alcanzó su punto máximo
con el escandaloso silencio con que Miguel Ángel
respondió a las acusaciones de Felipe Pérez
Roque de que los presos políticos cubanos
son mercenarios al servicio de una potencia extranjera.
Las esperanzas españolas sobre el establecimiento
de consultas políticas, incluido un dialogo
en materia de derechos humanos; la creación
de una comisión mixta competente el presente
año; el reinicio de las relaciones culturales
y oportunamente, conversaciones sobre el Centro
Cultural de España en la Habana; la suscripción
de un nuevo acuerdo de protección y promoción
reciproca de inversiones, pueden caer en saco
roto ante el oportunismo y la poca seriedad demostrada
por el gobierno cubano durante muchos años.
El comunicado cubano - español enfatiza
el interés del gobierno europeo, por aceptar
las cláusulas internacionales que atacan
las medidas de presión sobre la dictadura
caribeña, y omite así mismo las
que la condenan como violadora de los derechos
humanos, civiles y políticos; y las que
le obligan a cumplir con el respeto a esos derechos,
como las resoluciones emitidas por la Comisión
de Ginebra, la Carta Universal de Derechos Humanos,
o los acuerdos de la Cumbre Iberoamericana de
Viña del Mar.
Sobre el tema del establecimiento de las consultas
políticas, incluido un dialogo en materia
de derechos humanos, el diario Juventud Rebelde
del 4 de abril dejó bien claro que la reunión
de mayo será "para examinar la agenda
internacional de cara a la próxima sesión
del Consejo de Derechos Humanos", y evitar
a todas luces un nuevo llamado de atención
de la comunidad internacional al gobierno de Cuba
sobre un tema donde tiene amplio historial de
violaciones.
Esto no es nuevo. A diferencia de otras misiones
europeas que se han dedicado en los últimos
años a construir consensos con los grupos
pro democráticos del interior y el exterior,
interesados en la transición gradual y
pacifica, a identificarlos y conocer sus programas
y proyectos; la embajada española, a través
de su máximo representante en La Habana,
se encargó de dinamitar las relaciones
que se construyeron con la mayoría de estos
grupos dentro de la isla, a lo largo de muchos
años. No contentos con ello, la cancillería
y su embajador en la Habana se encargaron de descalificarlos
públicamente.
A lo anterior se une la existencia de "agendas
ocultas" por parte de Madrid en referencia
al caso cubano y a la incapacidad de la cancillería
española, en los últimos tres años,
para exponer con claridad y sinceridad sus puntos
de vista ante los demócratas cubanos; así
como mejorar su sistema de interlocución
y relaciones publicas a nivel de comunicación.
De hecho, no se conoce un solo caso en que los
periodistas independientes fueran invitados por
el embajador u otro funcionario, a exponer sus
puntos de vista y las estrategias publicas sobre
los temas de interés para la nación
cubana.
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