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HUMOR
Nefasto y El Carnicero de la Salsa
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Nunca
la música popular cubana estuvo a tan alto
nivel como en las últimas décadas.
A pesar de que compositores e intérpretes
de la talla de El Médico del Sofrito, El
Tomeguín de las Viandas, y hasta El Chévere
de la Salsa se han quedado a condimentar la música
de otras naciones, aún contamos con excelentes
compositores que ponen a soñar a los bailadores.
Un ejemplo elocuente es el desempeño como
compositor de uno de los fenómenos que
más aportes ha dado a la culinaria musical
cubana, con base en las profundas reflexiones
sobre la economía, la sociedad y, sobre
todo, en el rol sexual que deben ocupar las parejas
en este remeneo político-musical que enardece
a las multitudes.
Sin dudas de ninguna clase, nuestros lectores
se habrán dado cuenta de que estamos hablando
de ese meteoro del buen gusto cuyo nombre artístico,
El Carnicero de la Salsa, hace relamer y convulsionar
de esperanzas y satisfacciones a Cuba entera.
Superior en todos los aspectos a un compositor
goloso como Félix B. Caignet con sus Frutas
del Caney, sin los complejos de inferioridad
de un Osvaldo Farrés, que se pasó
la vida en un Quizás, quizás,
quizás, este mamut de la música
y camello de la inspiración, de un solo
cuchillazo de su ingenio hace lonjas una canción,
y no Longina, como el conservador Manuel
Corona.
Para comprobar el hecho bastará con analizar
uno de los textos musicales que más seguidores
tiene en la actualidad, y que por la sutileza
del lenguaje y la visión lírica
del tema, supera con creces el Piensa en mí,
de Agustín Lara.
Como enseguida verán, la canción
Yo fui el que te boté plantea desde
su metafórico título quién
toma la iniciativa de romper la relación,
y para que no queden dudas lo repite 160 veces
en un estribillo donde se pone de manifiesto la
supremacía del macho sobre la hembra en
una sociedad donde ambos tienen las mismas posibilidades.
Arrullémonos si no con la sutileza del
texto.
Ay, mamá, acuérdate / yo fui
el que te boté / yo fui el que te boté.
/ Ay, mamá, acuérdate / yo fui el
que te boté / yo fui el que te boté
Esta cortadura inicial con la punta del cuchillo
de la melodía, se convierte de pronto en
un profundo tajo textual que va poniendo al descubierto
las miles de razones para la ruptura.
La primera de ellas, más que suficiente
para dar por terminada la relación de pareja:
el engaño. Acto que define el autor en
dos versos cargados de ternura:
Te di la pira por tus mentiras, /Te di el
bate por tus petates.
Pero donde la inspiración de El Carnicero
de la Salsa toma mayores vuelos, y se lanza en
picada contra la carne del texto, haciéndola
picadillo, es en la estremecedora estrofa donde
expone otra de las razones para botar a su pareja:
Te di el bote por tu despelote.
¡Ahí sí llegó y paró
la sutileza, el buen verso, la razonable dosificación
de amor-odio en el texto!
¿Ustedes creen posible que cualquier compositor
cubano o extranjero pudiera labrar una joya de
la canción como Yo fui el que te boté
si no es tocado por el hado de los dioses de la
inspiración?
¿Quién en sus cabales rítmicos
se atrevería a comparar esta suprema obra
de El carnicero de la salsa con los sensibleros
y mediocres textos de Aquellos ojos verdes,
Júrame, Mujer perjura, Nosotros
o Lágrimas negras, entre otros que
aún de vez en cuando se cuelan por los
intersticios que deja un reguetón, y la
música salsa que nos hacen dar brincos
y cocinan los tímpanos las 24 horas del
día?
No hay dudas de que esta canción quedará
entre las mejores de la historia de la música
popular a nivel mundial, junto a Hotel California,
Yesterday y otros textos que, si bien menores
en letra y música, se han ganado un espacio
en el Olimpo de la composición.
Si mis lectores no están de acuerdo en
que El Carnicero de la Salsa es el mejor compositor
e intérprete del país, que sus textos
deben ser encuadrados en letras de oro en las
academias de música del universo, ahora
mismo rompemos relaciones, aunque jamás
olviden que Yo fui el que los boté /
yo fui el que los boté
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El compositor".
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