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POLITICA
Despejando la nebulosa
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba / Abril (www.cubanet.org) -
Si tomamos como guía las declaraciones
del canciller cubano, se puede afirmar con total
seguridad que aún la apertura conserva
la textura de los sueños.
A Miguel Ángel Moratinos se le puede tildar
de audaz, hábil, profundamente intuitivo,
con un diseño de transición para
Cuba que evite el salto y favorezca un deslizamiento
a salvo de accidentes.
No obstante, el canciller ibérico también
enfrenta calificativos que demeritan su gestión
diplomática favorable, según el
discurso del PSOE, al desarrollo de una dinámica
de cambios en la isla.
Una parte significativa de la disidencia interna
saca a la palestra su disgusto por el hecho de
quedar marginada del convite. Moratinos se llevó
como despedida el abrazo de Raúl Castro
y la certeza de no haberse encontrado con ningún
líder del movimiento opositor ni de la
sociedad civil.
Cómplice, descortés, ingenuo. Tales
son partículas de la negativa repercusión
del viaje de dos días del responsable de
asuntos exteriores de España. Así
piensan no pocos disidentes que ven en este acercamiento
la acentuación de su vulnerabilidad ante
un régimen que no descansa en sus planes
por anularlos.
A los máximos responsables de la dictadura
no se les nota tristes. Por el contrario, muestran
satisfacción y hasta puede ser que obtengan
mayores saldos políticos a partir del espaldarazo
que viene a aligerar el peso de sus incertidumbres.
La posición común de la Unión
Europea respecto a Cuba, que condiciona la normalización
de las relaciones sólo si existen garantías
del respeto a los derechos humanos, podría
quebrarse definitivamente. De convertirse en realidad
tal hipótesis sin que ocurra una negociación
seria y transparente, donde queden establecidos
compromisos a prueba de revocaciones, estaríamos
asistiendo a una página de amarga recordación
por todo lo que supondría para las miles
de personas empeñadas en la refundación
de un país plural, tolerante y respetuoso
de las normas internacionales de respeto a la
dignidad del hombre.
¿Y del futuro de los casi 300 presos políticos
y de conciencia? ¿Se mirará hacia
el lado cuando las turbas vuelvan a agredir a
las Damas del Blanco o a algún periodista
independiente? ¿Se legitimará la
cantinela de que todo el que discrepa es terrorista
o mercenario?
Creo que Moratinos se arriesga, si es que procede
con sinceridad y espíritu que contribuya
a echar los cimientos de una democracia.
Por el momento no es posible hablar de éxitos
desde los resquicios de una libertad tan frágil
como ilusoria. En Cuba no hace falta estar en
la cárcel para sentir el rigor del encierro.
Desde la impunidad del poder absoluto llegan las
sombras de los balaustres. Por los flancos se
erigen leyes y decretos como murallas infranqueables.
Y en todas las orillas, el mar con sus olas aportándole
otros candados a una celda con fachada de isla.
No quisiera ser pesimista, pero la realidad es
una trampa perfecta para cazar ilusiones.
Felipe Pérez Roque ha dicho que está
dispuesto a tratar cualquier tema con España,
incluidos los relativos a los derechos humanos.
Sin embargo, ha sacado de la agenda a los presos
políticos y de conciencia. Afirma que no
serán liberados porque son émulos
de Osama Bin Laden, o en su defecto, peligrosos
agentes pagados para desestabilizar y confundir
a la opinión pública.
Ojalá que las expresiones hayan brotado
en consonancia con la retórica que suele
acompañar al lenguaje diplomático.
Voy a pensar que entre bambalinas se han barajado
opciones que alumbren el panorama nacional. Adosarle
más oscuridad al ambiente con actitudes
que se alejen de soluciones viables y sólo
se acerquen a las estructuras de una farsa, es
sencillamente un acto de deslealtad que aumenta
el peligro de quienes buscan una apertura, sin
los traumatismos de la violencia.
Los próximos meses arrojarán una
respuesta. Veremos si Moratinos se alza con una
victoria o tiene la desdicha de que le acompañen,
para siempre, calificativos que empañan
su reputación.
El pueblo cubano aguarda porque se despeje la
incógnita. En la primera fila están
los presos y sus familiares esperando por el primer
gesto de buena voluntad.
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