PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 6, 2007

CULTURA
Vientos huracanados

Aleaga Pesant

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - En medio de las turbulencias de la sucesión y de la transición a la democracia, la mirada reflexiva que la sociedad lanza sobre los soportes de la dictadura del proletariado, y precedido por la revuelta de los emails, se presenta en el teatro Hubert de Blanck, Vientos huracanados, de Julio Cid.

Como referencia, el propio Julio Cid nos dice en las notas al programa: "De ciclones está llena la historia de esta isla, su literatura, su teatro, su cultura. Los vientos huracanados nos azotan desde tiempos inmemoriales. Estos que azotan en mi obra son esos, los que derrumban árboles y hacen volar ventanas y los otros, los que ponen en crisis a la familia, los que laceran la sociedad, los que condenan o mutilan".

Al mejor estilo de Brecht, la tragicomedia con tintes costumbristas y referencias de la cotidianeidad, logra mantener sin estridencias el equilibrio y la línea dramática. Recrea símbolos y contextos para mostrarnos, quizás a la ligera unas veces, o con profundidad extremas en otras, el escenario en que nos movemos.

La intolerancia racial, la homofobia, el machismo, el hambre y la decrepitud, son pinceladas de nuestra tragedia, que desfilan por el escenario de Calzada entre A y B, en el Vedado, sin lograr desmerecernos. Aun así, consiguen tejer una historia de amor íntimo y creíble, de una martirizada familia cubana, llena de encuentro y desencuentros diarios, de pasados y futuros.

Vientos huracanados es un fresco valiente, sobre nuestras vidas y sus tormentas. Es un poco ese estado casi natural del cubano, con el choteo a cuesta, para poder salvarse de los huracanes y las tragedias. Maruja, sus hijos Aníbal y Gerardo, si nuera Zulema y su nieta Salomé, se ven atrapados en la centrífuga de una tormenta que pone en peligro a cada momento los cimientos de su peculiar familia, y los remueve, en ese momento crucial, tal vez para poner en orden ciertas cosas.

Hay en la obra, como dice el escritor, referencias más o menos claras a obras y dramaturgos cubanos muy conocidos. No será difícil encontrar en situaciones, personajes y atmósferas alusiones a los grandes del teatro cubano Virgilio Piñera, Héctor Quintero, Abelardo Estorino, Nicolás Dorr o Alberto Pedro.

Vientos es, además, una vuelta al costumbrismo, la historia y a la familia. Para ello el escritor nos trae de regreso fenómenos que son pasado y presente, que dejaron y dejan huellas muy dolorosas en la vida de nuestros contemporáneos. Como las "cartas amarillas" para los militares que combatían en África o para los artistas que fueron "parametrados" por la homofobia y la intolerancia. Es necesario entonces recordar. Sobre todo porque no podemos permitir que sigan sucediendo, porque alguna deuda hay con los afectados por esos ciclones, porque recordar y reconocer será el primer paso de la nación para perdonar.


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