PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 6, 2007

OLA REPRESIVA
Miguel fue un buen hombre

Entrevista a Bárbara Elisa Collazo, viuda de Miguel Valdés Tamayo

Juan Carlos Linares Balmaseda

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Bárbara Elisa Collazo Portillo es la viuda de Miguel Valdés Tamayo, prestigiosa figura de la oposición fallecida el pasado 10 de enero. La pareja tenía visas para viajar a Holanda y Estados Unidos desde el año 2005. Pese a ello, el gobierno de Cuba les retenía el permiso para salir del país.

"Un gobierno que haga lo que me está haciendo a mí no puede ser bueno" - expresó Bárbara Elisa a este reportero.

Salta a la vista la perturbación nerviosa de esta mujer de 34 años.

Bárbara Elisa: Emigración es una entidad del Ministerio del Interior, me dicen que no tienen respuestas a mi caso. Les dije a los funcionarios que me atendieron que yo pensaba que el objetivo de esa política de retención no era yo, sino mi difunto esposo, pero parece que la represalia es también conmigo.

P: ¿Te consideras miembro del movimiento disidente?

BE: En absoluto. Yo solo fui la esposa de un disidente muy conocido y querido por sus compañeros. Y no me arrepiento de haber conocido a Miguel. Él fue un buen hombre, un buen esposo y un buen amigo. Cuando fue condenado 15 años de prisión me entregué a la causa de atenderlo en todo cuanto podía. Lo apoyé y me dediqué a él en cuerpo y alma. Era un hombre enfermo.

P: ¿Cómo es tu vida sin Miguel?

BE: En casa no puedo hablar de política porque la Seguridad del Estado tiene amedrentada a mi familia. Vivo con mi mamá, dos hermanas y tres sobrinos, en un apartamento de dos habitaciones. No queda lugar donde poner las cosas. En casa de mi padre, donde vivía antes de conocer a Miguel, está mi otra hermana con su hijo. En casa de Miguel, el único hermano que le queda en Cuba es simpatizante del gobierno, y me dijo que no me quería allí. Esa casa es la herencia de los padres, y yo tenía derechos legales a una parte del inmueble por ser la viuda de Miguel, pero yo no quiero problemas. Miguel y yo vivíamos en la parte más pequeña. Por el expediente de refugiado de Miguel salieron dos hermanas con sus respectivas familias. La casa estaba vacía.

P: ¿Cómo fueron los últimos días de Miguel?

BE: Ingresó el 31 de diciembre ya tarde por una arritmia severa. Empezó a sudar. Tenía fatiga. En el hospital Julio Trigo vomitó y comenzó a recuperarse. El médico que lo recibió me dijo que estaba vivo de milagro.
Lo llevaron a terapia intensiva. Tenía que estar estático y le pusieron una sonda. Miguel me dijo que al principio los médicos lo trataban bien. Y que había visto al menos a un agente de la Seguridad del Estado en el hospital. En terapia estuvo cuatro días. Miguel me contó que estando en terapia, en un momento que él estaba medio aletargado, el medico le inyectó en vena, una dosis que él pensó que era el medicamento cotidiano. Al instante empezó a sentirse mal. Cuando indagué, lo que le habían inyectado era una metrocroplamida, sin haber tenido ningún síntoma de mala digestión ni haberlo solicitado Miguel.

P: ¿Para qué se la pusieron?

BE: Es una incógnita.

P: ¿Qué sucedió después?

BE: Tuvieron que ponerle una inyección directa en la ingle de benadrilina para contrarrestar los efectos de la metrocloplamida. Al cuarto o quinto día lo trasladan a una sala de recuperación.

P: ¿Qué notaste de anormal en esta sala de recuperación?

BE: Los baños estaban tupidos y muy sucios. Los azulejos empercudidos. La peste era tan grande que lo propios trabajadores del hospital evitaban abrir la puerta del baño. Miguel rechazaba entrar allí, al punto que yo tenía que convencerlo, bañarlo y luego perfumarlo.

P: ¿Sobre el desenlace de Miguel?

BE: El día que falleció yo había ido a la casa para bañarme y buscarle ropa limpia para Miguel. Cuando llegué por la noche un enfermero me interceptó para comunicarme que Miguel estaba vomitando. Fui corriendo hacia él. Vi que vomitaba espuma y luego sangre, y así estaba desde las 4 de la tarde. El hermano de Miguel se disgustó por la morosidad de los médicos, y fue hasta el último piso a buscar al médico de terapia, y a quien encuentra es al mismo que le había atendido en terapia e inyectado la metrocoplamida, y fue el mismo que, a 9 y 45 PM, nos dio la mala noticia de que Miguel no había superado los dos infartos.

P: ¿Si tuvieras que describir tu situación personal?

BE: Estoy marcada por el gobierno. No puedo trabajar como otros cubanos No recibo ayuda económica de nadie. Soy una carga para mi madre. Creo que una cosa es la política y otra es la humanidad y los sentimientos. Un gobierno que le haga esto que me están haciendo a mí no puede ser bueno.


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