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OLA
REPRESIVA
Miguel
fue un buen hombre
Entrevista a Bárbara Elisa Collazo,
viuda de Miguel Valdés Tamayo
Juan Carlos Linares Balmaseda
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) -
Bárbara Elisa Collazo Portillo es la viuda
de Miguel Valdés Tamayo, prestigiosa figura
de la oposición fallecida el pasado 10
de enero. La pareja tenía visas para viajar
a Holanda y Estados Unidos desde el año
2005. Pese a ello, el gobierno de Cuba les retenía
el permiso para salir del país.
"Un gobierno que haga lo que me está
haciendo a mí no puede ser bueno"
- expresó Bárbara Elisa a este reportero.
Salta a la vista la perturbación nerviosa
de esta mujer de 34 años.
Bárbara Elisa: Emigración es una
entidad del Ministerio del Interior, me dicen
que no tienen respuestas a mi caso. Les dije a
los funcionarios que me atendieron que yo pensaba
que el objetivo de esa política de retención
no era yo, sino mi difunto esposo, pero parece
que la represalia es también conmigo.
P: ¿Te consideras miembro del movimiento
disidente?
BE: En absoluto. Yo solo fui la esposa de un disidente
muy conocido y querido por sus compañeros.
Y no me arrepiento de haber conocido a Miguel.
Él fue un buen hombre, un buen esposo y
un buen amigo. Cuando fue condenado 15 años
de prisión me entregué a la causa
de atenderlo en todo cuanto podía. Lo apoyé
y me dediqué a él en cuerpo y alma.
Era un hombre enfermo.
P: ¿Cómo es tu vida sin Miguel?
BE: En casa no puedo hablar de política
porque la Seguridad del Estado tiene amedrentada
a mi familia. Vivo con mi mamá, dos hermanas
y tres sobrinos, en un apartamento de dos habitaciones.
No queda lugar donde poner las cosas. En casa
de mi padre, donde vivía antes de conocer
a Miguel, está mi otra hermana con su hijo.
En casa de Miguel, el único hermano que
le queda en Cuba es simpatizante del gobierno,
y me dijo que no me quería allí.
Esa casa es la herencia de los padres, y yo tenía
derechos legales a una parte del inmueble por
ser la viuda de Miguel, pero yo no quiero problemas.
Miguel y yo vivíamos en la parte más
pequeña. Por el expediente de refugiado
de Miguel salieron dos hermanas con sus respectivas
familias. La casa estaba vacía.
P: ¿Cómo fueron los últimos
días de Miguel?
BE: Ingresó el 31 de diciembre ya tarde
por una arritmia severa. Empezó a sudar.
Tenía fatiga. En el hospital Julio Trigo
vomitó y comenzó a recuperarse.
El médico que lo recibió me dijo
que estaba vivo de milagro.
Lo llevaron a terapia intensiva. Tenía
que estar estático y le pusieron una sonda.
Miguel me dijo que al principio los médicos
lo trataban bien. Y que había visto al
menos a un agente de la Seguridad del Estado en
el hospital. En terapia estuvo cuatro días.
Miguel me contó que estando en terapia,
en un momento que él estaba medio aletargado,
el medico le inyectó en vena, una dosis
que él pensó que era el medicamento
cotidiano. Al instante empezó a sentirse
mal. Cuando indagué, lo que le habían
inyectado era una metrocroplamida, sin haber tenido
ningún síntoma de mala digestión
ni haberlo solicitado Miguel.
P: ¿Para qué se la pusieron?
BE: Es una incógnita.
P: ¿Qué sucedió después?
BE: Tuvieron que ponerle una inyección
directa en la ingle de benadrilina para contrarrestar
los efectos de la metrocloplamida. Al cuarto o
quinto día lo trasladan a una sala de recuperación.
P: ¿Qué notaste de anormal en esta
sala de recuperación?
BE: Los baños estaban tupidos y muy sucios.
Los azulejos empercudidos. La peste era tan grande
que lo propios trabajadores del hospital evitaban
abrir la puerta del baño. Miguel rechazaba
entrar allí, al punto que yo tenía
que convencerlo, bañarlo y luego perfumarlo.
P: ¿Sobre el desenlace de Miguel?
BE: El día que falleció yo había
ido a la casa para bañarme y buscarle ropa
limpia para Miguel. Cuando llegué por la
noche un enfermero me interceptó para comunicarme
que Miguel estaba vomitando. Fui corriendo hacia
él. Vi que vomitaba espuma y luego sangre,
y así estaba desde las 4 de la tarde. El
hermano de Miguel se disgustó por la morosidad
de los médicos, y fue hasta el último
piso a buscar al médico de terapia, y a
quien encuentra es al mismo que le había
atendido en terapia e inyectado la metrocoplamida,
y fue el mismo que, a 9 y 45 PM, nos dio la mala
noticia de que Miguel no había superado
los dos infartos.
P: ¿Si tuvieras que describir tu situación
personal?
BE: Estoy marcada por el gobierno. No puedo trabajar
como otros cubanos No recibo ayuda económica
de nadie. Soy una carga para mi madre. Creo que
una cosa es la política y otra es la humanidad
y los sentimientos. Un gobierno que le haga esto
que me están haciendo a mí no puede
ser bueno.
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