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SOCIEDAD
Agosto: mes de la libertad
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
A consecuencia de aquel memorable hecho ocurrido
el 5 de agosto de 1994, conocido como "el
maleconazo", cuando miles de cubanos se lanzaron
a las calles de Centro Habana con palos y piedras
y rompieron vidrieras y puertas de establecimientos
comerciales en plena rebeldía, la población
habanera goza de un poco más de libertad
en agosto que el resto del año.
Aquella traumática experiencia para el
régimen jamás será olvidada,
aunque el gobierno repita que se trató
de antisociales y delincuentes, en vez de gente
humilde de pueblo agobiada por el calor, el hambre
y la falta de libertad.
En agosto se toman medidas para que aquel estallido
social no se repita. Se planifican actividades
culturales en la misma zona en que ocurrieron
los hechos para entretener a la población
habanera, porque después de trece años
del maleconazo se sigue sufriendo el mismo calor,
viviendo en los mismos solares sin ventilación
y trabajando en fábricas y locales cerrados
sin aire acondicionado. Se sufre por la falta
de alimentos y la falta de libertad. Es como si
el régimen supiera que otro maleconazo
está por ocurrir.
Durante el mes de agosto apenas se ven inspectores
estatales en la vía pública. Los
habaneros pueden vender de forma ilegal hasta
una caja de muerto en los portales de Galiano,
Belascoaín, Zanja o Monte, sin que nadie
les imponga una multa. Los baracoenses nos visitan
con sus cucuruchos de dulce de coco, buena miel
de abeja y otros productos y los venden a pleno
sol en el Parque de la Fraternidad, o en el Paseo
del Prado, sin que ningún policía
los eche a puntapié hacia su lugar de origen.
En el Malecón, donde está prohibido
bañarse en el mar, no sólo por la
contaminación, sino por los peligros que
esta zona rocosa conlleva, se ve de día
y de tarde a niños y jóvenes divirtiéndose
de lo lindo, usando el muro como trampolín,
porque recursos para bañarse en una playa
o en piscinas no tienen. Se puede ver a los chicos
enganchándose de los ómnibus en
movimiento , una diversión en la que arriesgan
sus vidas, sin que nadie les llame la atención,.
En agosto el transporte mejora y también
los servicios en los comercios estatales que venden
en moneda nacional, aunque por supuesto, estos
servicios nunca son como los que brinda el régimen
a los extranjeros.
A las chicas estudiantes ningún periodista
las critica en los medios oficialistas por subirse
los uniformes escolares a la altura de una mini-falda
y usar las camisas abiertas para enseñar
el ombligo, ni a los chicos por remangarse los
pantalones hasta las rodillas para estar a la
moda.
Los policías, sudando la gota gorda, permanecen
de pie en las aceras, bajo el sol, tranquilos,
observando y sonriendo a todo el que pasa. Aparentemente,
tienen la orden de mantener al mínimo las
detenciones de jóvenes de la raza negra,
y mujeres con apariencia de jineteras (prostitutas),
cosa que el resto del año hacen continuamente
con el objetivo de hostigarlos.
En agosto hasta los travestis respiran con más
tranquilidad, y vuelan casi como mariposas por
avenidas y plazas públicas, porque el régimen
trata por todos los medios de no irritar a la
población para evitar que se repita la
historia aquella cuando el gobernante cubano en
persona, custodiado por policías y decenas
de judokas y karatecas del Ministerio del Interior
vestidos de civil, tuvo que salir a la calle para
controlar aquella multitud enfurecida que pedía
a gritos libertad.
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