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La
guerra secreta del castrismo contra la clase media
Soren Triff, El
Nuevo Herald, 30 de agosto de 2007.
El Decreto-Ley 251/07 que entra en vigor en unos
días en Cuba castiga la conducta corrupta
de ''cuadros, dirigentes y funcionarios'' del
régimen. Sin embargo, el decreto prueba
que la ''familia'' castrista utiliza a profesionales,
técnicos, militares, científicos,
artistas e intelectuales pero al mismo tiempo
les teme y los percibe como enemigos de clase.
El decreto además protege a los altos
jefes de las redes delictivas. Según el
texto, está sujeto a castigo el ''superior
jerárquico inmediato'' de los violadores
e infractores de la ley, es decir, la cadena de
responsabilidad por el delito terminaría
con el supervisor, no con el alto jefe para quien
trabaja el supervisor. Las recientes resoluciones
laborales 187 y 188 del Ministerio del Trabajo
atacan a la clase trabajadora, mientras que este
nuevo decreto extiende la agresión contra
la clase media. La ''familia'' de Castro sigue
viviendo por encima de la ley.
''Desde que la dirigencia revolucionaria llegó
al poder en 1959, manejó los recursos del
Estado en forma patrimonial'', afirma Ricardo
A. Puerta en un libro ya clásico sobre
la corrupción titulado Corrupción
en Cuba y cómo combatirla. El régimen
mantuvo el monopolio sobre los recursos del pueblo
y la ilusión de igualdad social mediante
el terror sobre toda la población, la movilización
masiva permanente, la eliminación de la
clase media que la estabilidad del régimen
creaba y el sometimiento del país a una
rígida economía de subsistencia
(mal llamada centralización).
En 1989 este sistema se fracturó y la
consecuencia más grave fue que la población
recuperó la aspiración a mejorar
su vida personal, y comenzó a imitar a
los miembros de la clase dirigente, en especial
desde que el régimen se vio forzado a ser
flexible con la economía de subsistencia
entre 1993 y 1996 y cobró fuerza la economía
de resistencia o sociolismo, como la llama Puerta.
Es por estas fechas que Carlos Lage presentó
tímidamente la corrupción como peligro
político.
El régimen considera la corrupción
como prácticas ''capitalistas'' y ''actos
aislados'', pero esto contradice la creación
del Ministerio de Auditoría y Control,
en el 2001. Desde ese año se publican regularmente
casos de corrupción. En el 2005, Fidel
Castro vinculó abiertamente la corrupción
con la política e incluso con la seguridad
nacional. Castro mismo abrió la puerta
a que se consideren enemigos políticos
quienes compiten por el mercado interno incipiente,
principalmente en la figura del funcionario que
por la mañana apuntala la economía
estatal y luego usa su influencia para impulsar
una economía paralela de resistencia (corrupción
menor, que crea y distribuye la riqueza) que compite
exitosamente con las empresas del estado que la
familia utiliza como propiedad privada (corrupción
mayor, que sólo sostiene a la familia y
no distribuye la riqueza).
El régimen puede agudizar el conflicto
civil y crear una crisis artificial para llevar
a Cuba a una economía de subsistencia (como
hace Zimbabwe) y/o acusar de corrupción
a sus nuevos enemigos políticos. Por eso
la comunidad internacional debe rechazar cualquier
medida que limite la libertad económica
de los cubanos y considerar a las personas condenadas
por las resoluciones y el decreto como individuos
castigados por delitos políticos y proteger
su derecho a disentir de la política económica
del régimen, en especial mientras el régimen
carezca de transparencia y frene el desarrollo
de las fuerzas productivas del país.
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