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HISTORIA
Un cornetín para la radio
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Un cornetín
de juguete anunció el nacimiento de la
radio en Cuba hace 85 años. Zoila Casas,
hija de Luis Casas, fundador de la radio cubana,
sonó el cornetín el 22 de agosto
de 1922, poco antes de que sonara el cañonazo
de las nueve de la noche, dejando inaugurada la
emisora 2LC, la primera de la Isla.
La emisora, emplazada en la vivienda de los Casas,
en la calle Ánimas, en La Habana, comenzaba
sus transmisiones inmediatamente después
que sonaba el cañonazo, momento en que
los habaneros ajustaban sus relojes.
La tradición se remonta a los tiempos
de la colonia. Un disparo de cañón
desde la fortaleza de La Cabaña, junto
a la bahía, anunciaba el cierre de las
puertas de las murallas de la ciudad. Nadie podía
entrar ni salir después que sonaba el cañonazo.
Hoy, como en los viejos tiempos, jóvenes
artilleros vistiendo el uniforme del ejército
español, encienden cada noche la mecha
del antiguo cañón, y disparan para
anunciar las 9 de la noche.
El nombre de la estación es una curiosidad
más: 2LC corresponde a Dos Luis Casas,
ambos fundadores, tenían igual nombre.
También es curioso el uso del cornetín
infantil para identificar la emisora, lo que puede
considerarse como el primer uso de efectos sonoros
en la radio, que después sería imprescindible,
especialmente en los programas dramatizados.
2LC fue pionera en ofrecer el parte del tiempo
por radio. Inmediatamente después de la
identificación se informaba de las condiciones
ambientales para el día siguiente. El observatorio
meteorológico del colegio de Belén,
famoso desde el siglo XIX, proporcionaba el pronóstico
a los hermanos Casas.
Como no existían emisoras de radio, tampoco
había en Cuba radio receptores, que llegarían
poco después procedentes de Estados Unidos
y Holanda, buenos y baratos, por lo que en casi
todos los hogares cubanos ocuparon un espacio.
Antes de la avalancha de equipos radiales pululaban
por la Isla los más primitivos y económicos
"radios", llamados de galera, tan eficientes,
que si el tiempo estaba despejado podían
captar emisoras extranjeras.
Este especie de radio receptor consistía
en un corto cable eléctrico enrollado conectado
a un audífono en uno de sus extremos, mientras
el otro terminaba en punta con la que pacientemente
se rastreaba sobre un trocito de piedra natural
metálica, casi siempre de cobre, hasta
captar la señal.
La radio cubana alcanzó un rápido
desarrollo, ejemplo de progreso y calidad artística,
que sirvió de modelo a otras naciones de
Latinoamérica. La década de 1950
se considera la época de oro de la radio
y la televisión cubanas, hasta que pocos
años después de 1959, las notas
del cornetín de juguete, errantes en el
espacio, se apagaron para siempre.
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