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SOCIEDAD
Conversaciones de barrio
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - De lo divino
a lo humano y viceversa tratan los temas de las
conversaciones en mi barrio. Si pretendemos establecer
un orden en los temas, debemos comenzar por los
productos comestibles que venden en la bodega,
y esos generalmente, son escasos.
Así que todo se resume en una sola frase:
-Caballeros ¿cuándo pensarán
dar el picadillo de soya?
Evidentemente, el segundo tema en boca de casi
todos en el barrio es el de la falta de dinero:
"Compadre, el negocio está caído,
no hay un varo (peso), y ¡todo está
tan caro!"
Sonia, una vecina, guarda reposo por enfermedad
y espera que aumente la producción para
ahorrarse los cincuenta pesos que le cuesta cada
bolsa de leche en polvo que compra mensualmente
en el mercado negro -que es lo mismo que la casa
de Victoria, la que vende de todo- para el desayuno
de su hijo de nueve años. La distribución
de leche en Cuba está racionada y corresponde
una cuota hasta los siete años; al cumplir
esa edad el niño no recibe leche de vaca.
Pero Octavio, el vecino de al lado, se burla de
sus esperanzas diciéndole que eran verdes
y se la comió una chiva. Él afirma
que es hijo de Santo Tomás. Ver para creer.
Entonces Marilú acota que se preparen
porque este año subieron de precio las
mochilas y, ya está aquí septiembre.
Es el reinicio del curso escolar y hay que comprar
zapatos nuevos, mochila, el uniforme, etc.
En todas las casas del barrio se habla de lo
mismo, de la comida, del dinero que no alcanza
para sufragar los gastos crecientes, del calor,
de lo que vende el otro de más allá,
del pariente de Cachita que vino de "allá"
y ¿qué fue lo que trajo? Estos son
los temas principales de las conversaciones matinales.
En horas vespertinas, el momento en que el calor
intenso del mediodía cedió un poco
el paso a la brisa que dejó el chubasco
de las cinco y media, también las conversaciones
bajan la temperatura. Esta es la hora de tocar
en casa de Teresa, la que alquila revistas Hola,
TV y Novelas, Semana, Vanidades, escoger una,
sentarse en el portal y meterse en el vestido
de Pronovias que anuncian en Vanidades o leer
el reportaje de la boda del último príncipe
soltero que Sonia hubiera deseado para ella, como
si su madre le volviera a contar la historia de
Cenicienta, mientras el hijo de nueve años
juega a la pelota con los muchachos de la cuadra.
Justo es la hora en que Pablo se sienta en el
quicio de su portal y mira a Sonia leer la revista
y llama a sus dos socios y los convida al trago
vespertino antes del baño. Sus temas son
diferentes: la pelota, el campeonato mundial de
atletismo, lo duro que está el trabajo
porque ya allí no se puede resolver casi
nada, cuáles películas de video
nuevas tiene el de la otra cuadra y
-¡Compadre, qué otra cosa voy a
hacer a esta hora si no es darme un trago, no
hay más ná!
De esta forma pasan las horas que preceden a
la entrada de la noche, marcada por los gritos:
-¡Pedrito, ven a comer que ya te serví
la comida!
Para luego sentarse frente al televisor y esperar
la novela brasileña o la emisión
del humorístico donde aludirán a
lo mismo que estoy viviendo.
La vida sigue igual en el Caimán herido.
Van y vienen las promesas:
-¡Ahora sí, compañeros, vamos
a resolverlo todo!
Pero nada cambia y la vidita se estira como los
chicles que vende Juana, la viejita de la esquina
con su cajita de zapatos llena de caramelos y
chicles a peso. Esta es la realidad. Quizás
sea lo que algunos llaman inmovilismo del país.
Mientras, la gente sigue hablando y hablando,
y el tiempo pasa.
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