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HUMOR
Nefasto, los intermediarios y la producción
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Si bien
no logramos convertir en leche las aguas de la
bahía de La Habana, y en aromático
café las de Nipe para que la población
cubana se bañara o bebiera cualquier cantidad
de café con leche en los ríos Toa,
Tínima, Zaza, San Juan, Quibú, Almendares
y Guamá, lanzamos la señal de que
sí se puede tener guayabitos en la azotea
y gorriones en el patio.
Sólo era necesario tener la mente positiva,
el féfere en el pico del aura y todo el
tiempo del mundi para prender de sueños
las mañas de los intermediarios.
Estos especimenes, colocados entre la ubre de
la vaca y las manos del ordeñador, los
tarros de la chiva y el peine del merolico, el
platanal de Bartolo y las mariquitas que vende
Alipio, eran el principal obstáculo para
que los productos pasaran de quienes lo producen
al consumidor.
Pero luego del fracaso de la puesta en funcionamiento
del Parquisonil y el Vacaplum (o máquinas
desvastadoras de puercos y reses en serie), decidimos
poner freno a las acciones de estos malhechores.
Todavía recuerdo con nostalgia y enojo
aquellas promesas de que usted metería
un cochino y una novilla en la punta del Parquisonil
y el Vacaplum, respectivamente, y saldrían
por el otro paquetes de morcillas, cartuchos de
chicharrones, platos de lomo ahumado, cubos de
picadillo, latas de carne prensada y hasta litros
de leche pasteurizados al gusto del consumidor.
Y aunque no hay dudas de que el proyecto falló
porque las máquinas eran rusas y nuestros
animales abandonaron el país, la culpa
siempre ha de tener un dueño, y quién
mejor que los americanos tan duchos y tan bichos
para estar en todas.
Pero como los tiempos cambian y las ideas también,
ahora descubrimos que para tener hay que producir,
y en esa batalla estamos enfrascados.
Para borrar al intermediario y que los productores
surtan directamente al consumidor, trazamos una
estrategia que renovará el concepto de
la oferta y la demanda en todo el mundo.
En primer lugar, y como nada es más importante
en la vida de un niño que un vaso de leche,
formaremos escuadras de chivas y pelotones de
reses que personalicen la entrega a domicilio
del insustituible alimento.
Para lograr este propósito único
en el mundo, los trabajadores sociales, imbuidos
de esa multiplicidad de oficios en su integral
combate contra lo contrahecho, recibirán
una chiva o una vaca per cápita que tendrán
que bañar, dar de comer, sacar a pasear
y conducir a cada vivienda de un privilegiado
ciudadano a quien le daban agua por leche.
Además, con el objetivo de preservar el
petróleo sólo para algunas movilizaciones
y maniobras militares que nos dé la gana,
de ahora en adelante el que quiera comer pescado
tendrá que mojarse el cuello.
Y ni hablar de quienes comen mangos, tamales,
naranjas y aguacates, pues serán trasladados
en una larga caminata hacia los campos, donde
podrán comerse los cientos de toneladas
dejadas de recoger cada año por falta de
petróleo y piezas para el transporte.
En vez del campismo popular: ¡Mangales
públicos! ¡Tomateras por región!
¡Naranjas para los diabéticos! ¡Aguacates
para los destacados!
En lugar de consumir petróleo: caminatas
patrióticas, marchas ecologistas, recorridos
en puyas, maratones descalzos, y cuanta modalidad
de andar a pie y en grupos se nos ocurra para
llegar directamente al producto sin necesidad
de un intermediario.
Ante el llamado de ahorro de la patria, ¿algo
mejor que toda una ciudad comiendo mangos tirados
por el suelo, subidos en las ramas, trepando por
los troncos o sacudiendo un gajo por centro laboral,
equipo deportivo, grupo musical, escuela o comité,
después de caminar 20 kilómetros?
Seguro que no.
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El intermediario".
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