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REPRESION
Incertidumbres del paraíso
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Siempre
hay quienes se dejan arrastrar por titubeos. Despliegan
un convencimiento inaudito ante cualquier anuncio.
Disfrutan de un caudal inagotable de buena fe.
A esos están dirigidos los anuncios repetidos
de liberación de presos en Cuba.
Algo que no deja de ser cierto, porque desde
el otoño de 2006 excarcelan a presos políticos
a cuentagotas. No obstante, los grilletes de las
trampas de la fe están listos para que
los ciegos voluntarios aplaudan sin cesar y clamen
a voz en cuello que una nueva postura refleja
una voluntad de cambio en el régimen cubano.
En efecto, todos los encarcelados en julio de
2005 ya regresaron a sus hogares. La mayoría
sin que se les haya celebrado juicio, aunque estuvieron
más de 12 meses encerrados. Algunos pocos
sufrieron el mal rato de ser juzgados, sentenciados
y luego excarcelados pues ya habían extinguido
sus condenas en la práctica. Sucede en
otros casos que el término de la larga
condena produjo la excarcelación.
Sin embargo, los titulares de la prensa no cesan
de ofrecer una imagen inexacta, con algunos reparos.
El primero y más importante es que aún
en las cárceles cubanas purgan condenas
más de dos centenares de presos políticos
y casi un centenar de presos de conciencia. Tras
las rejas padecen en celdas angostas, en muchos
casos en calabozos tapiados, Oscar Elías
Biscet, Adolfo Fernández Sainz, Arnoldo
Ramos Lauzurique, Omar Rodríguez Saludes,
Pedro Arguelles, Héctor Maseda, Juan Carlos
Herrera Acosta, Normando Hernández, Arturo
Suárez Ramos, Ángel Moya y un largo
etc.
Nombres que identifican a médicos, economistas,
contadores, empleados, ingenieros, a profesionales
que decidieron ponerse al servicio de la promoción
de la democracia.
En segundo lugar, ninguno de ellos fue condenado
por atentar contra la vida de sus conciudadanos,
ni por explotar artefactos explosivos, ni por
poseer armas, ni por sabotaje o por un acto de
terrorismo evidente. No. Son hombres de paz. Ajenos
a sentimientos de revancha.
Fueron condenados por expresar el reclamo de
sus derechos, por declararse libres de pensamiento,
por ser personas progresistas. Si examinamos las
pretensiones de muchos de ellos, usted podrá
afirmar que perseguían verdaderas y profundas
reformas sociales. Más igualdad, respeto
al trabajador, a la privacidad y al otro.
Por la importancia que reviste cerrar las heridas
de la familia cubana para producir el cambio anhelado
y la reconciliación necesaria, es imprescindible
que la liberación de los presos políticos
inicie un proceso tan esperado como inevitable.
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