PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 29, 2007

REPRESION
Incertidumbres del paraíso

Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - Siempre hay quienes se dejan arrastrar por titubeos. Despliegan un convencimiento inaudito ante cualquier anuncio. Disfrutan de un caudal inagotable de buena fe. A esos están dirigidos los anuncios repetidos de liberación de presos en Cuba.

Algo que no deja de ser cierto, porque desde el otoño de 2006 excarcelan a presos políticos a cuentagotas. No obstante, los grilletes de las trampas de la fe están listos para que los ciegos voluntarios aplaudan sin cesar y clamen a voz en cuello que una nueva postura refleja una voluntad de cambio en el régimen cubano.

En efecto, todos los encarcelados en julio de 2005 ya regresaron a sus hogares. La mayoría sin que se les haya celebrado juicio, aunque estuvieron más de 12 meses encerrados. Algunos pocos sufrieron el mal rato de ser juzgados, sentenciados y luego excarcelados pues ya habían extinguido sus condenas en la práctica. Sucede en otros casos que el término de la larga condena produjo la excarcelación.

Sin embargo, los titulares de la prensa no cesan de ofrecer una imagen inexacta, con algunos reparos.

El primero y más importante es que aún en las cárceles cubanas purgan condenas más de dos centenares de presos políticos y casi un centenar de presos de conciencia. Tras las rejas padecen en celdas angostas, en muchos casos en calabozos tapiados, Oscar Elías Biscet, Adolfo Fernández Sainz, Arnoldo Ramos Lauzurique, Omar Rodríguez Saludes, Pedro Arguelles, Héctor Maseda, Juan Carlos Herrera Acosta, Normando Hernández, Arturo Suárez Ramos, Ángel Moya y un largo etc.

Nombres que identifican a médicos, economistas, contadores, empleados, ingenieros, a profesionales que decidieron ponerse al servicio de la promoción de la democracia.

En segundo lugar, ninguno de ellos fue condenado por atentar contra la vida de sus conciudadanos, ni por explotar artefactos explosivos, ni por poseer armas, ni por sabotaje o por un acto de terrorismo evidente. No. Son hombres de paz. Ajenos a sentimientos de revancha.

Fueron condenados por expresar el reclamo de sus derechos, por declararse libres de pensamiento, por ser personas progresistas. Si examinamos las pretensiones de muchos de ellos, usted podrá afirmar que perseguían verdaderas y profundas reformas sociales. Más igualdad, respeto al trabajador, a la privacidad y al otro.

Por la importancia que reviste cerrar las heridas de la familia cubana para producir el cambio anhelado y la reconciliación necesaria, es imprescindible que la liberación de los presos políticos inicie un proceso tan esperado como inevitable.


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