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SOCIEDAD
No somos dueños de nada (II)
Laritza Diversent Cámbara
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La propiedad
social surge en Cuba para satisfacer el interés
y bienestar general del pueblo. Con ella se solventaba
el fondo social de consumo (FSC), fuente principal
de satisfacción de las necesidades sociales,
y se brindaban gratuitamente a la población
los ineficientes y escasos servicios públicos.
Este fondo también pagaba el trabajo
remunerado de obreros y campesinos. No olvidemos
que estos últimos están obligados,
por ley, a trabajar la tierra y vender a precios
muy bajos el 80 por ciento de sus producciones
al estado. Incumplir significa ser despojados
arbitrariamente de sus propiedades.
El FSC también fue la justificación
que motivó la exclusión de los ciudadanos
del quehacer económico. El trabajo remunerado
se convirtió en la principal fuente de
satisfacción de las necesidades personales
y familiares. También fundamentó
la sub valoración de los intereses individuales
ante los generales o comunes de la sociedad cubana.
Comprendo la imposibilidad de que la población
de conjunto ejercite las facultades que confieren
el derecho de propiedad sobre los bienes colectivos.
Es esta la razón fundamental por la cual
el estado administra los mismos. Lo cierto es
que la administración del país nunca
ha satisfecho el interés común del
pueblo.
Realmente el interés colectivo nunca
ha existido ni existirá en Cuba. Es una
simple idea que justifica los amplios poderes
y atribuciones de la oligarquía burocrática;
el sometimiento del pueblo a su dirección
y dominación y la subordinación
de la sociedad a los intereses de la casta privilegiada.
Esta es la raíz de los antagonismos de
clase que el socialismo cubano no ha podido, ni
ha tenido la intención de eliminar. El
ciudadano aislado e insatisfecho tiende o se inclina
a obrar según sus intereses individuales,
en contraposición al ideal colectivo.
Esta contradicción es la que explica
las apropiaciones individuales de los bienes supuestamente
comunes, la ausencia del sentimiento de pertenencia
por los mismos de los ciudadanos cubanos. En realidad
nunca ha existido la propiedad socialista de todo
el pueblo.
En otra ocasión advertí que no
le robamos a nadie porque constitucionalmente
somos dueños colectivos de la propiedad
socialista (art 14). Pero este reconocimiento
jurídico de nuestra titularidad no nos
da ningún poder o señorío
sobre la propiedad estatal.
El titular exclusivo es el estado y la clase
política que lo representa. Ellos son los
que autorizan a usar y disfrutar limitadamente
del patrimonio estatal. Regulan por ley los casos
y condiciones de ejercicio de estas restringidas
facultades.
A pesar de ser aparentemente un patrimonio común,
la clase dirigente comunista dispone de los mismos
sin requerir del consentimiento del pueblo, dándole
el destino que mejor le parezca.
El hecho de que la opinión más
generalizada afirme que el ciudadano cubano tiene
que robar para vivir prueba que no somos dueños
de nada. El orden jurídico e institucional
de Cuba es el primero que reafirma este sentimiento.
La ley penal cubana cataloga como delito "las
sustracciones de ajena pertenencia con animo de
lucro" que se derivan del hurto, robo, malversaciones
y las apropiaciones indebidas. Tengamos presente
siempre que el código penal protege la
inexistente economía social.
Los medios de comunicación social también
nos recuerdan a diario que no somos propietarios.
Reflejan y catalogan el hurto como incidente que
afecta la propiedad estatal. Aún así,
le reafirman al ciudadano que con sus acciones
mantiene una conducta delictiva. La mejor muestra
de ello es "la lucha contra el robo y las
ilegalidades".
No existe propiedad social en Cuba. No somos
dueños de nada. Este es uno de los tantos
engaños que está sufriendo y pagando
bien caro el pueblo cubano. Desde que aceptó
la dirección y dominación castrista,
se ha determinado la esclavitud, sumisión
y miseria general de la población de la
isla.
No
somos dueños de nada (I)
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