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SOCIEDAD
CIVIL
Una ventana a la libertad
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La buena
literatura nada tiene que agradecer a las ideologías,
ni a otras condicionantes creadas por regímenes
de fuerza. Surge de manera natural, viene del
fondo del alma para autentificarse sobre las cuartillas.
El lirismo de un poema, la genialidad de una novela
o un cuento. Todo el proceso viene dado por la
espontaneidad y el talento.
Escribir con los fantasmas del miedo es una de
las maneras de matar la autenticidad. Crear a
expensas de regulaciones que marquen el tono de
la obra, es acercase a una especie de capitulación
donde el autor proyecta las sombras de su infidelidad.
En tales procedimientos el talento se supedita
a los compromisos, y el escritor se funde con
las estructuras del poder en busca de protección
y ciertos acomodos que le proporcionen espacios
para la divulgación de sus libros.
Este es el panorama que se percibe en Cuba.
Los escritores deben pactar o sucumbir ante los
comisarios, de lo contrario les espera el olvido
o simplemente irse al exilio. Hay excepciones
que ilustran las reservas de dignidad, y además
rompen con el mito de una aceptación unánime
de las reglas impuestas por el gobierno, que controla
todas las instituciones.
Es oportuno aclarar que ha existido algún
relajamiento en los últimos años,
pero no se puede perder de vista la naturaleza
de un gobierno que continúa apostando a
conservar su estatus. ¿Qué se podría
pensar de un régimen que mantiene en la
cárcel a más de 70 prisioneros de
conciencia? ¿Sería posible mirar
con buenos ojos a unos políticos que se
atreven a calificar a un poeta como terrorista?
No es al azar que en Cuba se trabaja por consolidar
el recientemente creado PEN Club. Es una necesidad
que marcha al compás de los vientos de
libertad que soplan a pesar de las barreras de
contención.
Cuba debe tomar el cauce de la distensión,
la tolerancia, el respeto a la libertad de expresión
y la voluntad de permitir el pluralismo como vías
para transformar un estado ineficiente e involutivo
en una república sin ánimos de perfección,
pero donde el castigo por hablar con voz propia
quede proscrito para siempre.
El PEN Club de Cuba seguirá las pautas
de sus antecesores, su fin no es otro que promover
la amistad y el intercambio entre escritores,
fomentar el entendimiento a través de la
literatura y disipar odios nacionales, de raza
o clasistas. Éste proyecto ha sido posible
por la determinación y la confianza de
un grupo de hombres en el poder de la palabra
escrita. Se nutre de profesionales condenados
al ostracismo por el perfil de su obra no acorde
con las directrices del poder, por escritores
dados a conocer en el concurso El Heraldo auspiciado
por el Proyecto de Bibliotecas Independientes.
No existen objetivos más allá
de los que podrían formularse basados en
la lógica y en él. La retórica
del poder no debe continuar marchitando la semilla
de la libertad.
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