PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 27, 2007

SOCIEDAD CIVIL
Una ventana a la libertad

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La buena literatura nada tiene que agradecer a las ideologías, ni a otras condicionantes creadas por regímenes de fuerza. Surge de manera natural, viene del fondo del alma para autentificarse sobre las cuartillas. El lirismo de un poema, la genialidad de una novela o un cuento. Todo el proceso viene dado por la espontaneidad y el talento.

Escribir con los fantasmas del miedo es una de las maneras de matar la autenticidad. Crear a expensas de regulaciones que marquen el tono de la obra, es acercase a una especie de capitulación donde el autor proyecta las sombras de su infidelidad. En tales procedimientos el talento se supedita a los compromisos, y el escritor se funde con las estructuras del poder en busca de protección y ciertos acomodos que le proporcionen espacios para la divulgación de sus libros.

Este es el panorama que se percibe en Cuba. Los escritores deben pactar o sucumbir ante los comisarios, de lo contrario les espera el olvido o simplemente irse al exilio. Hay excepciones que ilustran las reservas de dignidad, y además rompen con el mito de una aceptación unánime de las reglas impuestas por el gobierno, que controla todas las instituciones.

Es oportuno aclarar que ha existido algún relajamiento en los últimos años, pero no se puede perder de vista la naturaleza de un gobierno que continúa apostando a conservar su estatus. ¿Qué se podría pensar de un régimen que mantiene en la cárcel a más de 70 prisioneros de conciencia? ¿Sería posible mirar con buenos ojos a unos políticos que se atreven a calificar a un poeta como terrorista?

No es al azar que en Cuba se trabaja por consolidar el recientemente creado PEN Club. Es una necesidad que marcha al compás de los vientos de libertad que soplan a pesar de las barreras de contención.

Cuba debe tomar el cauce de la distensión, la tolerancia, el respeto a la libertad de expresión y la voluntad de permitir el pluralismo como vías para transformar un estado ineficiente e involutivo en una república sin ánimos de perfección, pero donde el castigo por hablar con voz propia quede proscrito para siempre.

El PEN Club de Cuba seguirá las pautas de sus antecesores, su fin no es otro que promover la amistad y el intercambio entre escritores, fomentar el entendimiento a través de la literatura y disipar odios nacionales, de raza o clasistas. Éste proyecto ha sido posible por la determinación y la confianza de un grupo de hombres en el poder de la palabra escrita. Se nutre de profesionales condenados al ostracismo por el perfil de su obra no acorde con las directrices del poder, por escritores dados a conocer en el concurso El Heraldo auspiciado por el Proyecto de Bibliotecas Independientes.

No existen objetivos más allá de los que podrían formularse basados en la lógica y en él. La retórica del poder no debe continuar marchitando la semilla de la libertad.


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