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LABORALES
Una palabra terrible
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, agosto (www.cubanet.org) - La cajera
Paula Carmenate García ha contratado a
un abogado que la represente en un litigio laboral,
pues la gerencia de las casas de cambio (CADECA)
de Ciudad Habana le aplicó una resolución
declarándola no idónea para el puesto
que desempeña desde hace cinco años
en un establecimiento ubicado en la Carretera
Central, al sudeste de la capital.
Paula tiene 42 años y 23 de experiencia
laboral. Obtuvo el título de contadora
en una escuela de Economía y ejerció
su profesión en un banco, en una fábrica
textil y en la casa de cambio de la que ahora
es despedida con una palabra ambigua. "Nunca
he sido sancionada. Quizás haya cometido
una negligencia que merezca una amonestación
u otra medida, pero botarme por no idónea
de un empleo que conozco desde que era una chiquilla,
me parece absurdo".
Las casas de cambio (CADECA) son una entidad
del Banco central de Cuba, ubicado en la calle
Obispo 257, esquina a Aguiar, Habana Vieja. La
CADECA tiene una gerencia en cada provincia del
país, la cual norma la idoneidad de sus
empleados en base a una resolución ministerial,
aceptada por el Sindicato de la Administración
Pública, quien delega los conflictos de
base en el órgano de justicia laboral,
considerado por muchos trabajadores como "un
ala de la administración".
En el caso de Paula, el órgano de justicia
laboral ya falló en su contra al declarar
"sin lugar" la reclamación que
hizo a la gerencia. Le queda como alternativa
el juicio oral en la sala laboral del Tribunal
Municipal del Cotorro, por lo cual ha contratado
a un abogado y gestiona la obtención del
reglamento de idoneidad.
La perseverancia de la cajera llama la atención,
pues generalmente los empleados aceptan el despido
como algo inapelable. "No sé si hay
intereses creados. Yo vivo de mi trabajo, soy
viuda y mantengo a mi hija. Gano casi cuarenta
dólares al mes y eso me permite sobrevivir".
Aunque no es posible predecir los resultados
de un litigio tan singular, parece que las administraciones
no se andan por las ramas. La palabra idoneidad
suele ser ambigua y terrible, pero convertida
en reglamento adquiere rango de exclusión
y favorece a una de las partes en detrimento de
la más débil.
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